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El absentismo es más que una crisis de la cultura del esfuerzo

España registra cifras históricas de ocupación, pero las horas efectivamente trabajadas disminuyen. El envejecimiento, la salud mental y los cambios culturales ayudan a explicar un fenómeno que ya cuesta más de 33.000 millones de euros al año

El coste laboral del absentismo laboral supera los 45.000 millones de euros al año.

El coste laboral del absentismo laboral supera los 45.000 millones de euros al año.Getty Images

España bate a menudo su récord de empleo. Nunca ha habido tantos ocupados y nunca se habían alcanzado cifras tan elevadas de afiliación a la Seguridad Social. Y, sin embargo, no todo va bien: las empresas afirman que cada vez hay más absentismo laboral, los servicios públicos acumulan bajas laborales durante meses y el absentismo se ha convertido en una de las principales preocupaciones de empresarios y Administraciones Públicas.

La jornada organizada esta semana por la CEOE ha vuelto a situar el problema en el centro del debate. Porque mientras discutimos si debemos trabajar menos horas por ley, apenas hablamos de que cada vez se trabajan menos horas efectivas de las que figuran en los contratos.

Durante las últimas décadas, la economía española ha crecido incorporando más personas al mercado laboral. Primero, fueron las mujeres. Después, los inmigrantes. Más tarde, los trabajadores de mayor edad. El resultado ha sido extraordinario: España cuenta hoy con más trabajadores que nunca, pero una economía no vive del número de ocupados, sino de las horas trabajadas.

Y aquí aparece la gran paradoja española. Aunque el empleo se encuentra en máximos históricos, el volumen de horas efectivamente trabajadas por ocupado ha disminuido respecto a décadas anteriores. Las bajas laborales son más frecuentes, las ausencias más prolongadas y determinadas formas de inactividad temporal han aumentado de forma significativa.

Según un Informe Adecco cada día, en torno a 1,6 millones de personas no acuden a su puesto de trabajo. Las ausencias representan el 7,7 % de las horas pactadas. En 2013, este dato se situaba en el 4,1 %. Estamos hablando de una magnitud económica enorme. 33.280 millones de euros en 2025. De ellos 17.164 millones correspondieron a las prestaciones de la Seguridad Social y 16.115 millones los asumieron las empresas.

El cambio cultural del trabajo

Sería un error atribuir todo el fenómeno a la picaresca, pero también sería ingenuo ignorar que la relación de la sociedad con el trabajo está cambiando. Durante generaciones, trabajar era mucho más que obtener un salario. Era una forma de ascenso social: se trabajaba para ahorrar, comprar una vivienda, formar una familia y construir un patrimonio.

A veces ese trabajo sacrificaba demasiado tiempo personal. Pero también generaba una fuerte cultura del esfuerzo y de aportación a la sociedad.

Las nuevas generaciones observan la vida de otra manera. Muchos jóvenes trabajan para vivir, no viven para trabajar. Aspiran a disfrutar del presente, viajar, acumular experiencias y preservar su tiempo libre. El problema aparece cuando una generación comienza a valorar cada vez más el ocio, y cada vez menos el esfuerzo productivo que permite financiar ese ocio.

La enfermedad silenciosa

Existe además otro fenómeno menos visible. Cada vez más trabajadores cumplen estrictamente con lo que exige su contrato, pero se implican menos en su trabajo. Llegan a la hora y se marchan a la hora, pero desaparece esa disposición a asumir responsabilidades adicionales.

No abandonan el empleo, pero sí el entusiasmo. Acuden al trabajo, cumplen el expediente y regresan a casa. Es lo que en Estados Unidos se ha bautizado como quiet quitting. No es absentismo físico. Es absentismo emocional.

Las bajas laborales importan

El absentismo tiene una dimensión sanitaria que no puede ignorarse. La población trabajadora está más envejecida que hace veinte años y los problemas de salud mental han aumentado.

Pero a muchos empresarios les da la impresión de que obtener una baja laboral resulta hoy más sencillo que en el pasado. Los médicos trabajan bajo una enorme presión asistencial. Las listas de espera se alargan. Y, en ocasiones, la incapacidad temporal termina convirtiéndose en la salida más fácil para situaciones que no siempre son estrictamente médicas.

Decir esto no implica cuestionar la legitimidad de la mayoría de las bajas. Significa reconocer que el sistema actual genera incentivos que favorecen ausencias más largas y más frecuentes.

El debate que se debe tener

Durante años, España ha compensado su escasa productividad incorporando trabajadores al mercado laboral. Pero ese modelo empieza a mostrar signos de agotamiento.

Si una economía necesita contratar cada vez a más personas para producir lo mismo, algo falla. La productividad determina los salarios y el nivel de vida de la población. Por eso el absentismo es un problema para todo el país.

España ha demostrado que puede crear empleo. Ahora debe demostrar que puede recuperar una cultura del trabajo compatible con la prosperidad.

Decía el consultor americano Stephen Covey que «primero intenta comprender al otro. Y, luego, intenta que el otro te comprenda a ti». Posiblemente, las empresas y las Administraciones españolas deban intentar cambiar la situación actual. Es decir, comprender, motivar y formar más a los trabajadores. Y, a cambio, pedir una mejora de su productividad.

  • Rafael Pampillón es profesor de la Universidad CEU-San Pablo y del IE Business School.
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