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Fachada del Banco de España.Getty Images / Fabiano Mesquita

España pierde atractivo y abandona el top 10 de países favoritos para la inversión

El país abandona el ‘top 10’ mundial de destinos preferidos para la inversión extranjera mientras las entradas de capital caen un 22 %

España continúa creciendo por encima de las grandes economías de la eurozona, pero ese dinamismo no se está traduciendo en una mayor confianza de los inversores internacionales. Al contrario. El país ha salido del grupo de las diez economías que inspiran más confianza para la inversión extranjera y, al mismo tiempo, las entradas de capital productivo sufrieron un fuerte retroceso durante 2025. La paradoja invita a mirar más allá del crecimiento económico y a preguntarse si el modelo español está generando las condiciones necesarias para seguir atrayendo proyectos empresariales de largo plazo.

El síntoma más visible de ese cambio es el retroceso de España en el FDI Confidence Index, elaborado por la consultora internacional Kearney a partir de una encuesta entre directivos responsables de las decisiones de inversión en las principales compañías multinacionales. En su edición de 2025, España descendió dos posiciones, hasta el puesto 11 de las 25 economías analizadas, y abandonó por primera vez en varios años el grupo de los diez destinos que generan mayor confianza para el capital internacional. Mientras Alemania, Francia e Italia conservaron su presencia entre las diez primeras economías del ranking, España quedó relegada a la undécima posición.

El índice no mide el volumen de dinero que ya ha entrado en un país, sino las expectativas de los ejecutivos sobre los mercados en los que sus empresas tienen más probabilidades de invertir durante los próximos años. Más que una fotografía del presente, constituye un indicador adelantado de hacia dónde podrían dirigirse futuras fábricas, centros tecnológicos, adquisiciones o ampliaciones empresariales.

La pérdida de posiciones coincide además con un descenso efectivo de la inversión recibida. Tras alcanzar los 39.352 millones de euros en 2024, la inversión extranjera bruta en capital y patrimonio cayó un 22 % el pasado año, hasta situarse en 30.764 millones.

Conviene, no obstante, poner esa cifra en contexto. La inversión extranjera directa atraviesa una fase de menor dinamismo en todo el mundo. En 2024, los flujos globales descendieron un 11 %, mientras que en las economías desarrolladas la caída alcanzó también el 22 %, afectadas por el endurecimiento de las condiciones financieras, la incertidumbre geopolítica y la desaceleración económica.

Sin embargo, el hecho de que España haya abandonado el grupo de los diez países que generan mayor confianza sugiere que el contexto internacional no explica por sí solo la pérdida de atractivo. Mientras otros competidores directos de la eurozona han logrado mantener su posición en el índice, España ha cedido terreno en la carrera por captar los grandes proyectos internacionales.

El contraste resulta especialmente llamativo porque llega en un momento en el que la economía española sigue creciendo por encima de la media europea. El último Observatorio Financiero y Claves Económicas del Consejo General de Economistas reconoce esa fortaleza, pero también advierte de que bajo los buenos datos agregados aparecen elementos que pueden limitar el crecimiento a medio plazo, entre ellos la pérdida de dinamismo de las exportaciones, el aumento de los costes laborales y las dificultades para mejorar la productividad.

El informe no atribuye la caída en el índice de Kearney a una causa concreta, pero insiste entre sus recomendaciones en reforzar la estabilidad regulatoria y la seguridad jurídica, así como en impulsar políticas capaces de mejorar la competitividad y atraer inversiones de mayor valor añadido.

EE.UU. sigue en cabeza

Pese al retroceso global, Estados Unidos volvió a situarse como el principal origen de la inversión extranjera en España durante 2025, con 9.295 millones de euros. Tras el gigante norteamericano aparecieron Francia, Reino Unido y Alemania, seguidos por Canadá, Bélgica y México.

La distribución sectorial también ofrece algunas pistas sobre el tipo de proyectos que está captando la economía española. Las actividades de información encabezaron la clasificación con 3.437 millones de euros, seguidas muy de cerca por publicidad y estudios de mercado, con 3.074 millones, y las actividades inmobiliarias, con 2.272 millones.

Por detrás se situaron la logística y el almacenamiento, el suministro de energía, las telecomunicaciones y los servicios financieros. Entre las ramas manufactureras, la industria de la alimentación recibió 1.176 millones de euros, una cifra muy inferior a la registrada por los principales sectores de servicios.

Palanca para la productividad

La inversión extranjera permite financiar proyectos que el ahorro interno no siempre puede asumir, facilita la llegada de tecnología y conecta a las empresas nacionales con las cadenas internacionales de producción. Su importancia no reside únicamente en el dinero que entra, sino en su capacidad para transformar la estructura productiva.

Precisamente por ello, el Consejo General de Economistas considera prioritario orientar la captación de capital hacia actividades intensivas en conocimiento y con un elevado contenido tecnológico. El objetivo no debería ser atraer inversión a cualquier precio, sino favorecer aquellos proyectos capaces de aumentar la productividad, impulsar la innovación y reforzar la competitividad de la economía española.

Los economistas también recuerdan que una dependencia excesiva del capital exterior puede generar vulnerabilidades si determinadas decisiones estratégicas quedan en manos de empresas radicadas fuera del país o afectan a sectores considerados críticos. De ahí que defiendan mantener una economía abierta, pero acompañada de mecanismos de supervisión en ámbitos sensibles.

Seguridad jurídica y estabilidad regulatoria

Entre las principales recomendaciones del informe figura el refuerzo de la seguridad jurídica y la estabilidad regulatoria. Ambos factores resultan especialmente relevantes para las inversiones que requieren grandes desembolsos iniciales y tardan años en ofrecer rentabilidad, como una planta industrial, una infraestructura energética o un centro de investigación.

El Consejo también plantea incorporar la atracción de inversión extranjera como un objetivo permanente de la política económica y exterior, reforzando la relación con los países que tradicionalmente aportan más capital a España.

España parte de una posición sólida. Durante las dos últimas décadas, los flujos de inversión extranjera directa representaron de media alrededor del 2,3 % del PIB y el capital acumulado equivale a cerca del 60 % de la producción anual del país. Sin embargo, los últimos indicadores invitan a no dar esa ventaja por descontada.