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La semana económicaJordi Benítez

Expulsar a los inmigrantes ilegales y fortalecer la frontera: no hay otra solución para la economía de Ceuta

Economistas como Daniel Lacalle, Santiago Carbó o José María Rotellar lo ven clave, además de otras medidas que deben tomarse de manera urgente

Una joven sale del supermercado mientras varios jóvenes la miran.AFP

La situación en Ceuta ha llegado a una tensión máxima, y economistas como Daniel Lacalle ven muy clara cuál debe ser la primera medida: «Expulsión inmediata de los inmigrantes ilegales y control férreo de la frontera».

El economista estima que el Gobierno debe lanzar un mensaje claro, porque de momento está proyectando la idea de que «la inmigración ilegal merece la pena: solo es cuestión de esperar, porque se les acabará entregando a otras comunidades autónomas o se les regularizará».

En la misma línea se mueve José María Rotellar. Expulsar a los inmigrantes ilegales «es lo que puede salvar una economía que puede venirse abajo por la falta de seguridad. Nadie va a querer comprar, y si persiste ese número de inmigrantes, muchos de los que viven en Ceuta terminarán yéndose, y se perderá una ciudad española. La seguridad económica se garantiza a partir de la seguridad física. hay que salvaguardar la seguridad de los ceutíes, que son tan españoles como los de la península y los de las islas. Y restablecer la normalidad, que lleva tantos días sin lograrse».

Es lo que puede salvar una economía con muchas posibilidades de venirse abajo por la falta de seguridad

El catedrático Santiago Carbó sostiene que la inmigración ilegal que ha llegado a Ceuta «no es una inmigración que vaya a quedarse, pero ya está presionando los servicios públicos y haciendo crecer las dificultades».

Las cifras oficiales hablan de una caída del 30 % de la actividad económica en la ciudad, y de unas pérdidas de unos 30 millones de euros. Hay problemas de abastecimiento, con transportistas que no quieren ir a la ciudad; un 90 % de cancelaciones turísticas que se produjeron en la Feria, que se celebró en la primera semana de agosto; daño reputacional... «El daño no viene tanto por el canal migratorio como por el de la confianza. Parte de los inmigrantes se fue, y parte se quedó. Se ha quedado mucho miedo, y eso es muy negativo», afirma Carbó.

Por eso el catedrático remarca que es prioritario restablecer la seguridad: «Sin seguridad no hay consumo». Y, además, proporcionar liquidez a las empresas con la menor burocracia posible: a tanto alzado por establecimiento; aplazar el pago de las cuotas de la Seguridad Social 6 ó 12 meses, no indefinidamente; poner en marcha los ERTES previstos en casos de fuerza mayor como este. «Es un caso de manual en el que la intervención pública está justificada. Ha habido un shock exógeno, imprevisible y localizado -la avalancha de inmigrantes-, que ninguna empresa podía cubrir», añade Carbó.

Lacalle va más allá y reclama para la ciudad un paquete integral de medidas que incluya la reducción de impuestos y de costes laborales y el apoyo financiero a las empresas y a la inversión: «La economía de Ceuta está completamente devastada. El sector hostelero, el turismo, las tiendas... Ellos mismos reconocen estar peor que en el covid. La falta de seguridad, los problemas sociales que está generando la inmensa cantidad de inmigrantes ilegales que aún está allí, no solo ha hundido la hostelería, sino también los sectores adyacentes».

La economía de Ceuta está totalmente devastada, lamenta Lacalle

Mucha ayuda va a necesitar la economía de Ceuta. Como recuerda Carbó, ya tenía importantes problemas estructurales antes de que se produjera la invasión del 30 de julio, un hecho que ha empeorado aún más su situación.

Antiguamente vivía del modelo económico de frontera, de los buenos precios que podía ofrecer, pero ese modelo no va a volver, y ahora lleva años sin un modelo económico claro. Su economía es de servicios para la ciudad, con muchas micropymes y con un peso importante de la Administración Pública, con la defensa y la seguridad como principales empleadores.

Aunque tienen un régimen fiscal privilegiado (no pagan IVA y cuentan con bonificaciones del 50 % en el IRPF y el Impuesto de Sociedades, entre otras cosas), poseen la tasa de paro más alta de España (un 22,4 %, casi trece puntos más que la media española), y una economía que se mueve en apenas 20 kilómetros cuadrados y con un mercado pequeño, de 85.000 personas.

El riesgo geopolítico siempre está presente, pero no lo pueden controlar. Quien ha de vigilarlo es el Estado español, y ya se ha visto en esta crisis qué poco esfuerzo está poniendo. De modo que el panorama está difícil para Ceuta. Le quedan pocas opciones más allá de defenderse a sí misma y esperar a que llegue un Gobierno que se interese por ella y la proteja.

Está por ver qué puede aportarle el juego online, que representa ya el 12 % del PIB local y factura en la ciudad 6.340 millones de euros, aunque no se sabe realmente cuánto dinero aporta a la localidad. Atraídas por el 12,5 % que pagan de Impuesto de Sociedades (la mitad que en el resto de España), Ceuta acapara el 44 % de las empresas de juego online que hay en España, más del 60 % de su facturación, y genera 1.228 empleos directos.

Nadie conoce si estas empresas aguantarán en la ciudad, y si le saldrá rentable a Ceuta, pero lo que está claro es que la localidad necesita encontrar un modelo económico propio que le dé estabilidad. Como apunta Carbó, podría estar basado en servicios exportables y digitalizables, en su atractivo régimen fiscal; en la economía portuaria (servicios a buques, logística especializada, investigación marina, etc.), ya que el Estrecho de Gibraltar es uno de los corredores marítimos más transitados del mundo, y en turismo de nicho (patrimonio, buceo, gastronomía...). Son algunas ideas muy buenas, pero antes de que puedan realizarse, lo que sobre todo necesita Ceuta es que se restablezca la normalidad y haya seguridad.