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De los movimientos de Pallete al caos en las empresas públicas

Al expresidente de Telefónica solo le quedaría la baza de Naturgy, pero para ese movimiento necesitaría no solo las bendiciones de Fainé, sino también del futuro Gobierno

Pedro Sánchez y PalleteEFE

El ministro Carlos Cuerpo, cada vez más desdibujado desde que es vicepresidente del Gobierno, ha dicho que las familias españolas viven hoy «significativamente mejor que en 2018». Y se ha quedado en su paz. La realidad, sin embargo, es muy distinta. Como dice Daniel Lacalle, «las familias españolas son hoy más pobres, pagan más impuestos, tienen más dificultades para acceder a una vivienda, y también para comprar bienes básicos». Y concreta que la renta per capita de los españoles ha crecido cero mientras la vivienda ha subido un 50%, los alimentos más del 40%, y los salarios reales netos han caído desde 2018 un 3,4%. Por eso concluye el economista: «La situación de las familias es desesperada y los cálculos de Cuerpo no son verdad». Pero, como les he dicho tantas veces, si nos mienten en otros asuntos de manera tan descarada, es lógico que busquen datos, algoritmos o comparaciones para disfrazar lo evidente en la economía nacional.

Las empresas también van acumulando pruebas de esa evidencia. Los consejos de administración de nuestras compañías se han vuelto más complicados que nunca. No solo por los cargos que el Gobierno más intervencionista de nuestra historia ha colocado: profesores de tesis doctorales, amigos de la infancia, chorizos del partido sin escrúpulos, señoritas de compañía, supervivientes del naufragio de Izquierda Unida, Leyres expertas en filatelia, políticos en definitiva a los que se les acaba el chollo, y necesitan reubicarse en empresas públicas o semipúblicas o irse a organismos internacionales antes de que se acabe la fiesta.

Pero lo malo de este ambiente, es que ha preñado a las empresas privadas. Los comisionistas y expertos en joyería se han multiplicado en ellas a sabiendas de que la cercanía al poder de sus amigos del lobby les permitiría acceder al botín que reparte el Gobierno. Muchas han sido las constructoras, líneas aéreas, tecnológicas, empresas de defensa, medios de comunicación, y tantas otras, que han tenido patente de corso para multiplicar sus fechorías. Lo bueno de la empresa privada es que todo se sabe y, aunque la competencia calle para evitar males mayores, ya todos saben quiénes son, dónde viven, y dónde estudian sus hijos. Ambiente enrarecido.

La semana pasada apuntaba a la reciente historia de Telefónica, aquella empresa que quizá por ser de muchos, resultó que se la han quedado unos pocos. Lo curioso es que cada uno tiene su versión de lo sucedido. Lo digo porque esta semana he tenido más de cien correos y watchaps explicándome lo sucedido este verano con la afloración –bella palabra– de 420 millones de pérdidas en Telefónica Tech, la filial de negocios digitales e innovación de Telefónica, al cierre de 2025.

Pero tampoco crean que solo es cosa de las filiales. La propia Telefónica registró en 2025 unas pérdidas de 4.318 millones de euros «debido al efecto combinado de las minusvalías afloradas por las ventas aceleradas de los negocios en Hispanoamérica realizados durante el pasado año y los costes de reestructuración que incluyen los siete ERE aprobados en otras tantas filiales del grupo». El entrecomillado es de la nota de prensa de la tecnológica.

La semana pasada me acordaba también de José María Álvarez Pallete, aquel presidente de Telefónica que el Gobierno se cargó un viernes de febrero del año pasado, con permiso de los árabes y de Isidro Fainé. Y lo recordaba porque lo echaron –eso dijeron en Moncloa– porque la cosa iba mal, muy mal. Un año después, las cosas no pueden ir peor.

Pallete, que aguantó la ficticia llegada del PP al Gobierno, ha montado ahora un despacho de asesoría estratégica con su amigo Luis Prendes. Dicen que se dedicará sobre todo, a la inteligencia artificial. Muy interesante estrategia, pero para eso hay que cultivar la inteligencia y, por mucho que cite en su Linkedin, a Kant, Séneca o San Agustín –ahora tan de moda con este Papa–, me temo que su intento de «poner su experiencia en Telefónica a disposición del mundo», tampoco va a contar con muchos fans. Sí tiene más lógica que conserve sus puestos en los consejos de Bupa, dueña de Sanitas; Seat, y alguna otra. Porque, aunque Fainé le ha renovado en enero en el patronato de la Fundación La Caixa, lo de sucederle en la presidencia, me dicen que es arena de otro costal. El hombre está haciendo sus contactos con el PP, pero aunque la derecha suele tener mala memoria, no parece que esta vez –según me dicen, y me lo dice la gente que conoce sus maniobras– vaya a tropezar en esta piedra. Además Fainé (84 años) acaba de renovar hasta 2030, y yo creo que va a tener trabajo hasta entonces y más allá.

Así las cosas, a Pallete solo le quedaría la baza de Naturgy, controlada por La Caixa, pero para ese movimiento necesitaría no solo las bendiciones de Fainé, que conoce muy bien los desaguisados del expresidente de Telefónica, sino también del futuro Gobierno. Es lo que tiene gestionar mal aunque, como les decía, los números rojos de Telefónica tampoco son los únicos del mercado público y semipúblico.

Si repasamos algunas de estas empresas, comprobamos que la tecnológica está en línea con sus compañeras. Agencia EFE: 15,3 millones de euros de pérdidas en su último ejercicio; Hunosa sigue con sus balances negativos; Navantia, idem de lienzo; Ensa (Equipos Nucleares): 7,4 millones en su último ejercicio. Hasta Cofivacasa, la sociedad dedicada a la liquidación de empresas públicas cerró su último ejercicio con 338.000 euros de pérdidas. En resumen, más de la mitad de las compañías bajo control de la SEPI tienen pérdidas. ¡Qué gestión la de la SEPI!

Pero hay más: 8 de las 14 participadas con mayoría del Estado también están en números rojos. Y encima cinco de las seis que tienen beneficios –de momento–, aparecen citadas en los autos de la trama Leire. Toda una fiesta. Pero ¡ojo!, una fiesta pagada con nuestro dinero, con nuestros impuestos… con ese dinero público que decía Carmen Calvo que no era de nadie pero que resulta que lo pone el Gobierno en empresas ruinosas.

Pero no hay que preocuparse con tanto gasto. Como dice Cuerpo, y por si no se había enterado, usted vive «significativamente mejor que en 2018». Pues eso.