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O, si lo prefieren, a cierre de julio hay 93.000 parados menos que en julio del año pasado, pero el gasto en prestaciones ha aumentado en 111 millones de euros respecto al mismo mes. También podríamos titular este artículo con algo así como: «El paro baja un 3,9 %, pero resulta que nos cuesta un 3,8 % más».

A ver si conseguimos que no haya parados y que entonces nos cueste el PIB entero en términos corrientes.

No me canso de repetir que las cifras de paro están totalmente tezanizadas, y la demostración palpable es que el coste de las prestaciones por desempleo no para de subir. Cuanto más nos engañan con el paro oficial, resulta que lo que el Estado desembolsa por desempleo continúa aumentando.

En 2022, saliendo de la pandemia, las prestaciones por desempleo sumaron 20.786 millones de euros. En 2023, según Nadia Calviño y su INE, nos mostraron que el PIB no solo se había recuperado, sino que ya estábamos mejor que en 2019. A pesar de esa «hermosa recuperación», facilitada por el INE de Elena Manzanera, el desembolso por desempleo alcanzó los 22.131 millones, un 6,5 % más que en 2022 y una cifra que debería llamar la atención de cualquiera: un 26,7 % más que en 2019.

Parece que los ministros de Economía que hacen crecer el PIB a gusto de La Moncloa no hablan demasiado con los ministros de Trabajo para conseguir que no haya que pagar tantas prestaciones por desempleo.

Pero la cosa no termina ahí. En 2024, cuando ya empezábamos a ser el faro que ilumina a la Unión Europea y crecíamos mucho más que la media europea, resulta que tuvimos que pagar 23.161 millones de euros por desempleo. Esto supone un 4,7 % más que en 2023 y acumula ya un incremento del 32,6 % desde la llegada de este Gobierno.

Pero la tomadura de pelo continúa, porque nuestro PIB sigue creciendo más que el de nadie, al igual que el gasto en prestaciones por desempleo. En 2025, la cifra alcanzó los 24.421 millones de euros, otro 5,4 % más que el año anterior y un 39,8 % por encima de 2018.

Tenemos ya los datos de julio y resulta que, a pesar de que nos dicen que el PIB real crece un 2,7 %, una cifra escandalosamente alta para la situación mundial, el paro registrado ha bajado hasta los 2,31 millones de personas. Esto supone una reducción del 3,9 % respecto a julio de 2025 y, evidentemente, el Gobierno se siente feliz y contento porque todo en economía va muy bien.

Pero llega el SEPE, el mismo organismo que nos informa de que el paro ha descendido un 3,9 %, y publica ahora, en septiembre, el dato de lo pagado en julio: 2.116 millones de euros. Con ello, ya llevamos cinco de los siete primeros meses del año superando la cifra mágica de los 2.000 millones. El acumulado de 2026 alcanza los 14.699 millones de euros, un 3,8 % más que en el mismo periodo de 2025.

Aquí tienen los datos para que aquellos a quienes les guste analizarlos puedan sacar sus propias conclusiones.

Las cifras son, por sí solas, la demostración palpable de que las estadísticas en España han dejado de tener credibilidad. No puede ser que, habiendo reducido el paro un 3,9 %, estemos pagando un 3,8 % más en prestaciones.

Así, el gasto mensual en prestaciones por cada parado registrado era de unos 834 euros en julio de 2025, mientras que solo doce meses después esa cifra ha aumentado hasta los 915 euros, un 9,8 % más.

También tenemos que, con 93.107 parados menos que hace un año, necesitamos gastar 110,9 millones de euros más en prestaciones.

Como ven, las cifras no se sostienen por ninguna parte.

Pero, para que se hagan una idea, en diciembre de 2018 el mismo SEPE nos decía que teníamos 3,20 millones de parados y, en diciembre de 2025, el mismo organismo situaba la cifra en 2,41 millones. Esto supone una reducción del paro del 24,7 %. Sin embargo, mientras disminuye el número de parados, el gasto anual en prestaciones por desempleo ha aumentado casi un 40 %.

Esto significa que el gasto en prestaciones por cada parado registrado ha aumentado alrededor de un 86 % desde 2018. La inflación explica una parte de esta subida, pero lo que no parece razonable es que el gasto se haya acercado a duplicarse por cada desempleado oficial sin que exista algún factor adicional que lo justifique.

Espero que algún día alguien, con seriedad y profesionalidad, ponga fin a esta tortura estadística y tenga que buscarme otras cosas sobre las que escribir.