El abrupto final de la legislatura: ya solo queda una huelga general contra la oposición
¿Y ahora que? ¿Va a presentar el Gobierno los Presupuestos de 2028? Parece una broma solo pensarlo cuando ni siquiera es capaz de sacar un decreto-ley adelante
Las manifestaciones de este sábado por la vivienda exigían la convocatoria de una huelga general
Nos podemos hacer muchas preguntas. ¿Por qué después de ocho años el Gobierno lleva al Congreso una ley de vivienda forzados por un desahucio? ¿A qué se debe esta negociación contrarreloj con una ministra que ni siquiera sabe lo que dice la ley? ¿Por qué si la economía va tan bien como dice el Gobierno no se construyen viviendas de protección oficial? ¿Es posible sacar adelante una ley tan compleja sin pretender siquiera hablar con la oposición? ¿Es tan difícil consensuar una norma que resuelva el principal problema que tienen hoy los españoles? ¿Por qué cuando llegó al poder Pedro Sánchez en 2018 la vivienda era según el CIS el problema número 18 para los españoles y hoy es el primero? ¿Era necesario incluir en las dos leyes sobre vivienda la llamada «ley de nietos» y otras normas sobre Ceuta?
Escuchando el viernes a sus señorías en el Congreso tenía la sensación de que todo aquello ya no daba para más. Que el espejismo de un gobierno bonito y de consenso ya había roto sus mimbres, si es que alguna vez tuvo algo más que intereses particulares. Y que la escenografía se había caído en mil pedazos desde que 80 ó 100.000 personas asaltaron la frontera de Melilla.
Pero luego pensé que, lo que a nosotros nos parece imposible de sostener, lleva meses y años en la hoja de ruta de un Gobierno que nunca debió existir. Por eso lo único que nos queda por saber es cuándo convocará elecciones Sánchez. Los datos del paro del viernes, la caída de los dos decretos del mismo día, o la crisis de Ceuta que sigue sin resolverse, parece que no le sirven como argumento. Y que sólo convocará cuando crea que más le conviene a él. Ni siquiera a su partido. Y esa es la única clave que debemos esperar si queremos acertar con el futuro.
Pero el mal ya está hecho. El caos jurídico que pretendían las leyes tumbadas por el Congreso, y el acoso al propietario, se han metido en la mentalidad de muchos ciudadanos. La justicia también ha quedado señalada –especialmente por el Gobierno, claro– en la medida que ha osado posarse en la familia de Sánchez y en la financiación del PSOE. Nos quedan muchos meses de investigación, aunque lo que sabemos sobre cloacas del PSOE, dineros, maletines, aviones y mordidas ya va a ser muy difícil de olvidar.
¿Y ahora que? ¿Va a presentar el Gobierno los Presupuestos de 2028? Parece una broma solo pensarlo cuando ni siquiera es capaz de sacar una ley adelante. Y es que las contrapartidas a cambio de apoyos parecen esfumarse ante la llegada de las elecciones. Ya no puedes regalar a EH Bildu la alcaldía de Pamplona a cambio del apoyo parlamentario cuando la mayoría ya se ha esfumado. Solo Puigdemont desde las brumas de Waterloo ha entendido los tiempos. Quizá porque vive en una casa de dos plantas y seis habitaciones. Y ha necesitado reaparecer en escena para que Silvia Orriols y su Aliança Catalana no le borren definitivamente del mapa. Por eso han aguantado sus diputados y diputadas la presión y los insultos de un Rufián que también sabe que hay elecciones y quiere seguir como sea.
La manifestación por la vivienda en Valencia derivó en incidentes
Las encuestas dicen que ni siquiera las acampadas movilizan el voto de izquierdas
Nos espera un final de legislatura abrupto con la inflación y la deuda de España por las nubes. No me gustaría hacer aún un balance económico aunque la legislatura esté casi acabada. Me quedaré solo con dos cosas.
La primera es el cansancio de la gente, de los españoles. Las encuestas dicen que ni siquiera las acampadas movilizan el voto de izquierdas. Y la segunda es la tragedia diaria de cada día. La gente que va al mercado, y cada vez puede comprar menos y peores cosas. Los salarios apenas se han movido en toda la legislatura y claro, escuchar una y otra vez que la economía va como un tiro, mientras la factura del súper se dispara, resulta una metáfora macabra.
Solo nos queda por ver una huelga general. La que convoque el Gobierno contra sí mismo se supone. Pero tranquilos. Ya encontrarán acólitos que prediquen que la culpa de todo es de la derecha y de la oposición. Nada nuevo.