La paradoja de las pensiones que debería preocuparnos
Con una revalorización del 3,6 %, que será la subida para 2027, la factura aumentaría unos 7.300 millones de euros. Y eso, solamente, para actualizar las prestaciones existentes
Manifestación a favor de la sostenibilidad de las pensiones
Cada vez que sube la inflación, millones de españoles miran con preocupación los precios del supermercado, el recibo de la luz o el coste de la gasolina. Los pensionistas tienen, al menos, una certeza: sus prestaciones se actualizarán conforme a la inflación prevista por la ley.
Los trabajadores, especialmente los jóvenes, carecen de esa garantía. Sus salarios dependen de la marcha de las empresas, de los convenios colectivos y de su capacidad para conseguir una subida.
La inflación vuelve a colocar las pensiones en el centro del debate. Con una revalorización del 3,6 %, que será la subida para 2027, la factura aumentaría unos 7.300 millones de euros. Y eso, solamente, para actualizar las prestaciones existentes. A ese incremento habrá que añadir las pensiones de los nuevos jubilados. Teniendo en cuenta que quienes se incorporan al sistema suelen cobrar prestaciones superiores a las de quienes fallecen.
Las estimaciones apuntan a un gasto anual en pensiones, para 2027, de unos 219.000 millones de euros. Una cantidad formidable.
Los jubilados no son culpables
Conviene aclarar algo. Los pensionistas no son los culpables de esta situación. Han trabajado, cotizado y organizado su vida, contando con unas reglas que han establecido los sucesivos Gobiernos. Muchos mantienen económicamente a hijos y nietos, pero otros no llegan a fin de mes. Sería profundamente injusto convertirlos ahora en responsables de los desequilibrios de la Seguridad Social.
Unos desequilibrios que se deben a que España tiene una de las esperanzas de vida más elevadas del mundo: una magnífica noticia. Pero también una de las tasas de natalidad más bajas de Europa: un suicidio demográfico. Cada vez vivimos más años y nacen menos niños. La consecuencia es fácil de comprender: aumenta el número de personas que cobran una pensión y disminuye la población que tendrá que financiarlas.
Nuestro sistema es de reparto. Las cotizaciones que pagan hoy los trabajadores y empresas sirven para pagar, también hoy, las pensiones. El dinero que cotizó un jubilado hace treinta años se utilizó entonces para pagar a los pensionistas de aquella época.
¿Qué sucede con los jóvenes?
Mientras tanto, un trabajador de treinta años puede encontrarse con que su salario apenas le permite pagar el alquiler, cubrir los gastos corrientes y ahorrar algo a fin de mes. Si quiere comprar una vivienda, necesitará reunir una entrada que, en muchas ciudades, representa varios años de ahorro. Si piensa en formar una familia, las dificultades aumentan.
Hay una paradoja que debería preocuparnos. Estamos protegiendo, por ley, el poder adquisitivo de los jubilados mientras muchos jóvenes no saben si podrán comprar una casa, tener hijos o disfrutar, algún día, de una pensión comparable a la de sus padres.
Hasta ahora, los Gobiernos han optado por ir aumentando las cotizaciones sociales. Pero esta medida encarece la contratación de trabajadores, y deja a las empresas menos recursos para subir los salarios o crear empleo. En un país con un desempleo juvenil muy elevado, seguir por ese camino puede agravar el problema.
Tampoco basta con confiar en que el crecimiento económico resolverá el problema. Más empleo y mejores salarios ayudan, naturalmente a pagar las cotizaciones. Pero las jubilaciones de la generación del baby boom, seguirán elevando el gasto durante años.
Cómo actuar
Suecia comprendió hace décadas que aplazar las decisiones podía salir muy caro. Reformó su sistema mediante un amplio acuerdo político, y combinó las pensiones públicas de reparto con cuentas individuales de capitalización. Introdujo, además, un mecanismo que relaciona la pensión futura con las cotizaciones realizadas, la edad de jubilación del trabajador y la esperanza de vida de la población. El trabajador recibe información periódica sobre las cotizaciones realizadas y la pensión que podrá cobrar cuando se jubile.
España debería estudiar seriamente esa experiencia. No para copiarla sin más, ni para reducir las pensiones de quienes ya están jubilados. Sino para construir gradualmente un sistema más transparente y sostenible (algo en lo que todos podemos estar de acuerdo). Habría que estimular más el ahorro para la jubilación, favorecer más la prolongación voluntaria de la vida laboral, mejorar la productividad y facilitar que los jóvenes encuentren empleos mejor remunerados.
España necesita estudiar la experiencia sueca, y también más nacimientos
También necesitamos más nacimientos. Y difícilmente aumentarán mientras acceder a una vivienda y mantener una familia siga siendo tan complicado. La política de pensiones y la política de vivienda están mucho más relacionadas de lo que parece.
La verdadera responsabilidad política consiste en respetar los compromisos adquiridos con los mayores y ofrecer a los jóvenes mejores oportunidades.
Nuestros hijos no deberían tener que elegir entre pagar las pensiones de sus padres y construir su propia vida.
Y, sobre todo, no nos limitemos a gestionar el presente. Como diría Woody Allen, me interesa el futuro porque es el sitio donde voy a pasar el resto de mi vida
- Rafael Pampillón es profesor de la Universidad CEU-San Pablo y del IE Business School