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Una bandera francesa, en una imagen de archivo.

Una bandera francesa, en una imagen de archivo.Unsplash

La deuda francesa ya supera el 5 % de interés y su prima de riesgo alcanza máximos desde 2011

La rentabilidad del bono a diez años llega al 5,064 %, su nivel más alto desde 2002, mientras crecen las dudas sobre las finanzas públicas francesas

La presión sobre la deuda pública francesa continúa aumentando. La rentabilidad del bono soberano a diez años ha superado este jueves el 5 % por primera vez desde 2002, mientras que la prima de riesgo frente a Alemania ha alcanzado los 166 puntos básicos, su nivel más alto desde noviembre de 2011. El encarecimiento de la financiación llega en un momento especialmente delicado para Francia, con sus cuentas públicas bajo la vigilancia de los inversores y nuevas dificultades políticas para sacar adelante las medidas de ajuste fiscal.

En concreto, el interés exigido por los inversores a los bonos franceses a diez años ha llegado a alcanzar el 5,064 % en el mercado secundario, lo que supone un diferencial de 166 puntos básicos respecto al bono alemán equivalente, considerado la principal referencia de seguridad en la eurozona.

Se trata de dos niveles que Francia no alcanzaba desde hace más de una década. La rentabilidad de su deuda se sitúa en máximos de 24 años, mientras que la prima de riesgo ha regresado a cotas que no se registraban desde la crisis de deuda soberana europea.

El deterioro se ha intensificado durante las últimas semanas, coincidiendo con el encarecimiento del petróleo y el endurecimiento de la política monetaria del Banco Central Europeo (BCE) en septiembre. A ello se suma la incertidumbre política francesa, agravada por los disturbios registrados durante el pasado fin de semana y las dificultades para avanzar en la consolidación de las cuentas públicas.

Los inversores también permanecen pendientes de la próxima decisión de Moody's sobre la calificación crediticia de Francia, que podría añadir presión sobre el coste de financiación del país.

El bono francés a diez años llevaba varias sesiones acercándose al umbral del 5 %, una referencia que inicialmente había ofrecido cierta resistencia. Sin embargo, finalmente lo ha superado mientras los mercados evalúan el deterioro de las perspectivas fiscales y políticas del país.

Michiel Tukker, estratega sénior de tipos de interés para Reino Unido y la eurozona de ING Research, explica que el comportamiento de la deuda francesa se está separando del observado en otros mercados europeos.

Esta divergencia indica, según el analista, que «los riesgos de contagio aún se consideran mínimos», pese a la creciente presión sobre los bonos franceses.

De hecho, el tramo corto de la curva de swaps del euro ha mostrado una resistencia considerable ante las últimas caídas de la deuda gala, lo que apunta a que las expectativas de inflación siguen siendo una preocupación importante para los inversores.

El encarecimiento del petróleo ha complicado el escenario monetario europeo y llevó al BCE a adoptar un tono más restrictivo en septiembre. Sin embargo, la crisis francesa podría alterar ahora los cálculos de la institución presidida por Christine Lagarde.

La próxima reunión del Banco Central Europeo estará marcada por la situación de Francia, aunque no figure expresamente entre los asuntos incluidos en sus comunicaciones oficiales.

Carsten Brzeski, director global de Macroeconomía de ING, considera que la institución difícilmente repetirá el mensaje restrictivo que sorprendió a los mercados en septiembre, precisamente por el deterioro de la situación fiscal y política francesa.

«Es muy probable que el BCE mantenga los tipos sin cambios la próxima semana y que posponga cualquier decisión sobre una nueva subida de tipos hasta diciembre», señala el economista.

Más allá de la evolución de los tipos de interés, una de las grandes incógnitas es si el BCE estaría dispuesto a intervenir para contener el aumento de la prima de riesgo francesa.

La institución dispone del denominado Instrumento de Protección de la Transmisión (TPI), diseñado para hacer frente a movimientos desordenados de los mercados de deuda que puedan dificultar la aplicación de la política monetaria en la eurozona.

Sin embargo, su utilización no es automática. Antes de activar este mecanismo, el Consejo de Gobierno debe evaluar, entre otros criterios, si el país afectado mantiene unas políticas fiscales y macroeconómicas sólidas y sostenibles.

Según Brzeski, en el caso francés esto exigiría, como mínimo, la aprobación íntegra del presupuesto propuesto para avanzar en la consolidación fiscal.

La situación coloca al BCE en una posición complicada. Una intervención demasiado rápida podría generar rechazo entre otros Estados miembros y ser interpretada como una forma de financiar indirectamente la deuda de un país que no cumple las reglas fiscales europeas.

Por el contrario, una prolongación de las tensiones en el mercado de bonos franceses podría mantener elevado el coste de financiación de una de las principales economías de la eurozona.

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