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24 de julio de 2024

LOS RIDÍCULOS DE LA EDUCACIÓNJosé Víctor Orón Semper

¿Por dónde empieza el bienestar?

La posibilidad de hacernos daño supera nuestra capacidad de ser conscientes del daño que hacemos y recibimos

Actualizada 04:30

Ante las distintas tensiones que un docente o que cualquier persona vive, es fácil escuchar el consejo de: «Primero cuídate tú, sánate tú, y luego ya veremos cómo arreglar qué pasa con los demás». Y como ejemplo divulgativo, se suele poner el caso de las mascarillas de los aviones: «Póngase primero su mascarilla antes de ayudar a otros». Sin faltarle buena intención, eso no sirve cuando hablamos de la salud personal.

Las relaciones interpersonales que desarrollamos no son una opción. No existe una persona que se relaciona, sino que solo existe la persona en relación. Considerar a la persona aislada de su plexo de relaciones no es más que un invento de nuestra mente, un pensamiento absurdo, pues un pensamiento que se muestra inútil para conocer la realidad es un absurdo. La realidad de la persona no es la individualidad, sino la singularidad de sus relaciones. Sabemos quiénes somos por el tipo de relación que podemos desarrollar con las otras personas. Mi autocomprensión es un reflejo de la comprensión del tipo de relación que desarrollo.

Cuando la persona se ve rota en sus relaciones, tiende como sistema autoprotectivo a cerrarse sobre sí misma, y así el miedo es el prisma desde el que se contempla la realidad. Se puede comprender ese repliegue, y ciertamente no se trata de acusar a nadie de ello, pues de alguna forma lo hace por sobrevivir. Pero que se comprenda no quiere decir ni que se justifique ni que haga bien como estado de vida.

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Puede entenderse que ante un dolor vivido la persona se repliegue sobre sí misma. Ciertamente no es que nos tratemos muy bien entre nosotros en este mundo. Por ello, no es extraño encontrar esa necesidad del repliegue. Pero, con todo el cariño y delicadeza posible, hay que afirmar que es un autoengaño que trae más dolor a la larga. Si de forma puntual surge la necesidad de replegarse un poco para serenarse, está muy bien, pero de ahí no se deduce que «primero cuídate tú y luego a los demás». La única forma de cuidarse a uno mismo respetando que somos personas es cuidando nuestras relaciones. Tampoco se trata de ser amigos de todos. La amistad es un regalo. Cuidar la relación es no dejar de tratar al otro como persona. Alguno pensará que esto es fácil, pero la verdad es que no, porque no hay forma de hacerlo sin, de alguna forma, confiar en esa persona.

La persona es siempre más que las características que le pertenecen. Las cosas son solo sus características. Cuando trato a una persona en función de una característica, le trato y me trato como cosa. Una característica puede ser sus comportamientos, sus rasgos de personalidad, etcétera. Nadie propone ignorar las características de los demás y las propias, sino, en último término, que no sean estas el motivo por el que se decide desarrollar un tipo de relación u otra. Siempre hay formas de mantener la apertura hacia los demás y en ello está en juego nuestra vida personal. Igual con alguien se han tenido muchas malas experiencias y no es posible ni dialogar con ella. Ante esa situación alguien puede caer en la tentación del autorrepliegue, centrándose en su propio cuidado, cuando lo que necesita es cuidar la apertura a esa persona. Igual la única forma de cuidarla es afirmar que no tengo por qué entender a esa persona y dejar un espacio de respeto con ella sin trasladar a ella el dolor que siento. Ese mínimo nivel lo necesitamos para que ciertamente haya salud personal. A partir de ahí se puede crecer.

En la escuela nos juntamos muchas personas, cada uno de su padre y su madre, cada uno con sus historias y todos con nuestras heridas, tal vez unas curadas y otras no. La posibilidad de hacernos daño supera nuestra capacidad de ser conscientes del daño que hacemos y recibimos. Se puede entender que ante eso entramos en el repliegue sobre uno mismo, pero entender no es justificar. De hecho, no lo justifica.

No es posible decir con detalle qué quiere decir cuidar la relación. Cada uno debe darle forma a esa necesidad real e insoslayable. Desde aquí solo cabe decir que el nivel mínimo es dejar un espacio interior que evita la condena del otro, afirmando que el otro es más que lo que pasó y que no podemos agotar a nadie en lo que hizo, piensa, quiere, siente, etcétera. Desde esa relación mínima se puede crecer y ahí se juega nuestra salud personal.

Lo de la mascarilla del avión es un buen consejo porque habla de la supervivencia biológica. Pero adoptar eso como propuesta del cuidado personal es un suicidio de nuestra realidad personal.

Vamos juntos en la experiencia de la vida. Conservar la vida biológica sin conservar la vida personal es una puerta para la depresión, pues es un absurdo considerar a la persona en su individualidad. El otro es nuestro futuro.

Si esto sirve para la vida en general, también para la escuela. Las relaciones que somos capaces de desarrollar hablan de la salud de nuestras personas. Por ello, el agradecimiento y el servicio son la evidencia de una persona sana.

Cuídate cuidando tus relaciones, cuida que siempre haya un mínimo espacio para que la relación respire, y luego piensa en cómo hacerla crecer. Es verdad que que la relación crezca es una cosa de los dos, pero en dejar la puerta abierta está nuestro futuro en cuanto persona.

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