Imagen de archivo de un profesor impartiendo clase en un colegio de la Comunidad Valenciana
Expertos publican una guía para la salud mental de los alumnos: «Sustituir la parte humana con máquinas no funciona»
Esta es una de las principales conclusiones del Vademécum salud mental y bienestar emocional en la escuela elaborado por un equipo de psicólogos y especialistas
Una veintena de profesionales con experiencias en centros educativos han publicado el Vademécum salud mental y bienestar emocional en la escuela, en el que ofrecen estrategias y herramientas útiles en el día a día escolar.
«Cuando nuestra sociedad no era tan tecnológica había un círculo de apoyo que acompañaba a los niños y a los jóvenes. Ahora estamos tratando de suplir esa parte humana con unas máquinas, con TikTok, con Instagram, pero no funciona igual», ha advertido la presidenta de ADIMAD, Rosa Rocha, una de las autoras del documento elaborado por la Fundación Mapfre, Siena Educación y Grupo Anaya.
El vademécum, elaborado a partir de la experiencia real en centros educativos, responde a 115 preguntas reales y recurrentes de docentes y equipos de orientación, ofreciendo herramientas y estrategias prácticas para acompañar el bienestar emocional del alumnado y facilitar su labor diaria.
Con la colaboración de Siena Educación, Fundación Mapfre y Grupo Anaya esta guía de consulta publicada este miércoles orienta al docente sobre cómo afrontar trastornos que pueden surgir en el alumnado, situaciones de acoso escolar, de autolesiones o incluso de ideas suicidas.
Con este 'Vademécum', el profesorado tiene herramientas para actuar y sobre todo para detectar problemas a tiempo.
Urra incide en que el rol del docente es fundamental para detectar señales que pueden estar detrás de casos de ansiedad, trastornos de pánico, depresión, trastornos del comportamiento, de malestar psicosomático, de problemas de conducta alimentaria o incluso de autolesiones o ideas suicidas.
Estos son los problemas de salud mental más recurrentes en los estudiantes, señala en este libro en el que muestra preocupación por el trastorno de la Conducta Alimentaria (TCA), que ha aumentado significativamente y está relacionado con la presión social y la estética en redes que ha generado una peor autoestima y un exceso de exigencia.
Asimismo, avisa de que existe una elevada ansiedad en el alumnado, por presión académica o miedo a no encajar en el grupo, mientras que la depresión alcanza cifras que son «cada vez más alarmantes» y «a menudo se enmascara en cambios de conducta, irritabilidad, aislamiento y conductas explosivas sin causa aparente».
Recuerda que el suicidio es la segunda causa de muerte no natural entre jóvenes de 15 a 25 años.
Explica que los problemas emocionales no se manifiestan igual en la niñez que en la adolescencia, ya que entre los 6 y los 12 años salen los sentimientos a través de rabietas, llanto frecuente, agresividad, dificultades para hacer amigos o quejas físicas como dolor de estómago.
Entre los 12 y los 18 años predominan otras señales, como la tristeza persistente, la apatía, la desesperanza o también se exterioriza de forma extrema con agresividad o con una rebeldía constante.
¿Cómo detectar el malestar?
El bajo rendimiento escolar puede ser un indicador de problemas emocionales subyacentes, ya que estos afectan a la concentración, a la motivación y a la asistencia a clases, así como cambios en el estado de ánimo (tristeza persistente, expresiones como «no valgo para nada», miedos injustificados o cambios bruscos de humor).
Dificultades académicas repentinas, conductas solitarias, cambios físicos (en el sueño o en el peso) o quejas de dolor de cabeza y estómago sin causas médicas, son otros indicadores.
Urra destaca que el profesorado como observador diario puede dar estas señales de alerta, aunque deja claro que su función es derivar al alumno hacia profesionales especializadas avisando a las familias, pero no intervenir.
«El rol del profesor es ofrecer contención, acompañamiento y un espacio de escucha segura, pero debe reconocer los límites de su papel», señala esta guía.
Observar patrones, acercarse con empatía al alumno, preguntando sobre cómo se sienten de manera privada y sin presión, fomentar la confianza y trabajar con el equipo educativo y las familias para dar una respuesta integral es clave, señala.