El primer periodista que publicó el mail del novio de Ayuso declara ante el Supremo
Día 4 del juicio al fiscal general
El periodista de la exclusiva del mail del novio de Ayuso llamó a García Ortiz la noche de la filtración tras dos años sin contacto
Miguel Ángel Campos acudía como testigo a la llamada del Supremo donde aseguró que su «fuente» le había dejado ver y copiar a mano el correo de la polémica, el mediodía del 13 de marzo de 2024. Según su declaración, horas antes de que lo tuviera el fiscal general
el periodista Miguel Ángel Campos, de la Cadena Ser, responsable de la exclusiva de su medio, sobre el mail del abogado del novio de Isabel Díaz Ayuso, en el que se recogían datos personales del empresario Alberto González Amador, declaraba en el Supremo que su fuente inicial para acceder a dicho correo, fue un hombre y que le recibió en su despacho., ubicado en una «tercera planta» de algún edificio oficial. Una información de la que tuvo conocimiento visual y que le permitieron copiar, «literal», de puño y letra, abierto el contenido del mismo en una pantalla de ordenador que, sin embargo, no pudo fotografiar, ni le reenviaron para «no dejar rastro» alguno de aquella visita.
Fue en aquel momento de primera hora de la tarde, sobre las 15.:30 horas, del 13 de marzo de 2024, horas antes de que se desatase la vorágine de llamadas en el seno de la Fiscalía, en el que Campos, uno de los testimonios más esperados en el juicio que se celebra en el Alto Tribunal contra el fiscal general del Estado, vio por primera vez, siempre según su declaración, el mail de 2 de febrero en el que el abogado Carlos Neira se dirigía al Ministerio Público, representado por el fiscal Julián Salto, en busca de un pacto de conformidad.
El periodista asegura que durante el camino de vuelta, minutos después de la visita, esa misma fuente le pediría minutos que no publicase nada de lo comentado, a riesgo de que se le pudiese identificar como el único origen de la filtración. Una petición que, «por supuesto», Miguel Ángel Campos respetó.
Ante la imposibilidad de utilizar el contenido de aquella comunicación que, hasta entonces, no se había contado en ningún medio de comunicación, Campos arrancó una odisea contrarreloj, en busca de otras fuentes en la propia Fiscalía, la Abogacía del Estado, la Agencia Tributaria (AET) y, por «todos lados», que le pudiesen ayudar a confirmar los datos que ya conocía pero que por la vía inicial de llegada tenía parados, aunque en su poder.
El periodista descolgó el teléfono, envió mensajes, preguntó y esperó, entre las 16:00 a las 20:00 horas, luz verde a la posibilidad de publicar aquella jugosa información. Y, para ello, también se dirigió a la responsable de comunicación de la Fiscalía, Mar Hedo -y otros contactos «fiscales» que no ha querido revelar, acogiéndose a «su derecho de secreto profesional»- quien se encontraba, en aquellos momentos, redactando la nota de prensa que, en su programa de la Cadena Ser, Hora 25, Campos contó que estaba en preparación.
Un comunicado en el que, cabe recordar, la propia Hedo reconoció que los datos confidenciales incorporados los fueron «al dictado» del fiscal general que era, de los dos, en aquel momento, «el único» que portaba la información que no se encontraba en la Secretaría Técnica, ya que el máximo titular de la Carrera lo pidió «frenéticamente» hasta que lo consiguió.
Precisamente, a última hora de aquel «aciago» día de autos, cerca ya de las 23.00 horas, Campos intentó, sin éxito, localizar a García Ortiz, en los dos números móviles (el personal y el profesional) que disponía de él. No le cogió, aunque sí quedó registrada una de sus llamadas entrantes, de cerca de 4 segundos, en el listado recopilado por los agentes de la Unidad Central Operativa (UCO) de la Guardia Civil de una de las líneas del fiscal general del Estado. Unas llamadas que el propio testigo reconoció, también, que efectuó a García Ortiz, aún a sabiendas de que desde que García Ortiz accedió al cargo que todavía sigue ocupando, como máximo responsable del Ministerio Público, ya nunca contestaba a las llamadas, ni a los mensajes. Un detalle que el propio Campos refería a preguntas del abogado Juan Antonio Frago, de la acusación popular ejercida por la APIF (Asociación Profesional e Independiente de Fiscales).
Una hora antes de la media noche, el periodista conseguía obtener, finalmente, el visto bueno de su fuente para revelar «la verdad», frente a la rueda de prensa de la presidenta de la Comunidad de Madrid que afirmó que era Hacienda la que debía dinero a su pareja, en lugar de a la inversa; y, rebatir la noticia incompleta que, unos minutos antes, el diario El Mundo contaba que había sido la Fiscalía quien había propuesto el acuerdo al abogado del empresario Alberto González Amador.
Lo cierto es que, para aquel entonces, el correo del 2 de febrero que está en el origen tanto de la polémica, como de la causa penal que ha llevado hasta el banquillo al fiscal general del Estado, ya estaba en manos de este último. Nadie antes de este momento publicó nada en ningún medio de comunicación, ni de forma parcial, ni de forma total.
Es más, el magistrado Andrés Palomo, en el voto particular emitido a la sentencia por la que la Sala de Apelaciones avaló la decisión del instructor Ángel Hurtado de procesar a García Ortiz, admitió que el periodista Miguel Ángel Campos, antes del momento de la publicación, a las 23.35 horas no disponía del mail 'prohibido' porque en su información no pudo concretar la fecha del mismo. Palomo cree que Campos pudo tomar notas del mismo, pero no obra en su poder.
Algo que es importante, no sólo a efectos de estrechar el cerco temporal de la filtración, sino de atribuirla, es el hecho de distinguir el momento en el que los periodistas, o una parte de ellos, tuvieron acceso a la información sobre el novio de Ayuso; y, otro, diferente, y presuntamente delictivo, el momento en el que el encargado de su custodia y obligado a no revelarlo, proporcionó el contenido concreto del mail que contenía dicha información de la pareja de la presidenta madrileña.