La explosión de Vox amarga la victoria a Azcón con otro batacazo del PSOE
Aunque Sánchez sea un gato de siete vidas, no parece que pueda repetir la misma jugada del verano de 2023 tras caminar sobre las cabezas segadas de sus candidatos autonómicos y municipales
El candidato del PP a la Presidencia de Aragón, Jorge Azcón, durante la rueda de prensa en la sede regional del partido en Zaragoza, en la noche electoral de las elecciones autonómicas de Aragón
En su «Juan de Mairena», donde se vale de su heterónimo para reflexionar sobre todos los aspectos de la vida incluida la política, Antonio Machado, el gran poeta sevillano -que no soriano como afirmó Pedro Sánchez, quien se reía a quijada batiente de un lapsus de Feijóo- refiere el «optimismo del irlandés del cuento, quien, lanzado al espacio desde la altura de un quinto piso, se iba diciendo, en su fácil y acelerado descenso hacia las losas de la calle por el camino más breve: “Hasta ahora voy bien». Es lo que cavilará el presidente del Gobierno tras el segundo batacazo que se pega en este nuevo ciclo electoral en el que el PSOE hunde su suelo electoral arrastrando a sus socios a la izquierda que lastraron a esos mínimos escaños a Javier Lambán.
Pero Sánchez tratará de salvar la cara después de que la explosión de Vox duplicando sus 7 escaños haya amargado la victoria del PP de Azcón tras el gatillazo de anticipar unas elecciones para retroceder dos escaños su investidura luego de no darle su apoyo a los presupuestos. Después de su debacle del 21 de diciembre en la antaño aldea gala socialista de Extremadura, la cita de este 8 de febrero en Aragón tampoco le ha agenciado a Sánchez ninguna Alegría a su cuerpo su hasta ayer ministra de Educación y portavoz de su Gobierno. Ésta se ha pegado la misma costalada que el nada Gallardo, Miguel Ángel, tras enchufar como presidente de Diputación de Badajoz al hermano del presidente para hacer méritos con el amo del PSOE.
El presidente del Partido Popular, Alberto Núñez Feijóo (d) y el candidato Jorge Azcón
Estos «morituri» del César y otros que advendrán, como ya se registró en las autonómicas y municipales previas a las generales de 2023 con otros postulantes socialistas, son los niños de los palos que ponían las nalgas cuando los príncipes eran castigados por los ayos reales. Como se lamentó Juan Carlos Rodríguez Ibarra, mandatario autonómico un cuarto de siglo, los presidenciables socialistas se están tragando «toda la mierda que el PSOE está depositando como consecuencia de la gente que está procesada o en la cárcel», al igual que en mayo de 2023 con Fernández Vara y Lambán.
Aunque Ibarra pidiera en el diciembre extremeño que los votantes separaran el grano de la paja, lo que tendría sentido con los dos presidentes hoy ya difuntos, era una impertinencia hacerlo con Gallardo y con Alegría, alfeñiques sanchistas que se lo debían todo a quien devora, como si fuera el mismísimo dios Saturno, a sus hijos políticos al supeditar todo a sus ansias de poder y quererse tanto que no aprecia la necesidad de hacerlo con nadie más. Como vestal de Sánchez, Alegría no ignoraba que se encaminaba al sacrificio procesionando por la calle de la amargura.
En una campaña que fue de mal en peor, deambuló sonámbula de Guatemala a Guatepeor. De la voz espectral del expresidente Marcelino Iglesias como asustapensionistas telefónico a la puñalada trapera de su amigo Salazar dejándola como la Chata al negar en el Senado que hubiera comido con él para recriminarle su conducta machista, como aseguró al ser pillados «in fraganti», con el trasfondo del escándalo de la «caravana de mujeres» que, en pleno COVID, allegó el ministro Ábalos para su orgiástica noche en el Parador de Teruel con ella de testigo como Delegada del Gobierno. Todo era llantina en una candidata a palos a la que Sánchez tal vez consuele tarareándole, sin el desgarro de Chavela Vargas, pues ni siente ni padece: «Ay, de mí, llorona/ Llorona de azul celeste/ Y aunque la vida me/ cueste llorona/ No dejaré de quererte».
Tras la hecatombe en «extremoduro» en tierra de conquistadores, este nuevo descalabro en otro territorio donde los socialistas han sido muchos años fuerza hegemónica consolida la percepción de fin del sanchismo. No en vano, Zaragoza es el Ohio español al ser un retrato electoral en miniatura de toda España. Aunque Sánchez sea un gato de siete vidas, no parece que pueda repetir la misma jugada del verano de 2023 tras caminar sobre las cabezas segadas de sus candidatos autonómicos y municipales.
El candidato de Vox a la Presidencia del Gobierno de Aragón, Alejandro Nolasco
No obstante, Sánchez procurará pescar en las aguas revueltas de las negociaciones postelectorales entre PP y Vox donde el ganador en retroceso, Jorge Azcón, deberá darse mucha maña cuando aún están por encajar las piezas del cubo de Rubik de la gobernación en Extremadura. Con campañas bien diferentes de María Guardiola, quien se centró en temas regionales y eludió la presencia de barones populares limitando la presencia de Feijóo, y de Azcón, que sacó al retortero los temas nacionales y dio la bienvenida a otros presidentes autonómicos con Feijóo de reina madre, ambos han llegado a la misma casilla por vías disimiles. Si bien a la extremeña le sirvió para ser la primera fuerza regional, el aragonés se ha dejado en el camino dos escaños, pero sin que la primera bajara los humos a Vox y el segundo haya podido ampliar el número de parejas de baile, sino que deberá reencontrarse ahora con Vox con menos dote que cuando negociaba las cuentas públicas.
En su común encrucijada, Guardiola y Azcón rememoran un viejo chiste judío en el que los rectores de una universidad se plantean dar mayor visibilidad a la institución ligándola a algún deporte. A este fin, ponen sus ojos en la popular competición de remo de cada primavera entre Oxford y Cambridge en el Támesis, y envían a la regata una representación. A su regreso a Israel, los comisionados retornan descorazonados. «Aquello -se afligen- no lo podemos hacer nosotros. Todos los remeros bogaban unidos y sólo uno, a la sazón el más pequeño, daba la órdenes».
Este chascarrillo hebreo ilustra sobre la dificultad de un acuerdo del PP con Vox que se agiganta con el viento de cola de capitalizar libérrimamente la indignación tras renunciar en julio de 2024 a sus pactos de gobierno con el PP, lo que les libró de contender con la Dana en Valencia o los incendios de Castilla y León. Aunque la beligerancia con Azcón pudiera ser menor que con Guardiola, con quien arrastra una pésima relación hasta haber amagado Abascal con pedir a Feijóo que prescindiera de ella si el PP quería presidir Extremadura, no será tan fácil como la investidura de Juanfran Pérez Llorca como presidente de la Comunidad Valenciana en noviembre. Hasta ahora, a la espera de si Vox cruza el Ebro para asumir Consejerías, la exitosa estrategia de Vox ha sido rehuirlas para seguir montado hasta las generales de 2027 en una ola a la que se incorporan electores del PSOE después de que Sánchez, tratando de criminalizarlos, haya favorecido ese trasvase de papeletas como ocurriera hace años en Francia.
Los toros desde la barrera
No obstante, son demasiadas convocatorias las que restan hasta las generales como para que los votantes de Vox no se planteen para qué sirve elegir a quienes miran los toros desde la barrera o para que sus cuadros no reclamen despachos como ha trascendido en los audios sobre sobre el malestar existente con las salidas de los ejecutivos con los populares. En cualquier caso, cuando PP y Vox se precisan para gobernar y para desalojar a Sánchez de La Moncloa, no hacerlo les merecería pagar el arancel de necedades con el que el pícaro sevillano Guzmán de Alfarache se topó en Zaragoza y que gravaba toda estupidez merecedora de punición.
No es para menos cuando no hay que descartar nada con «Noverdad» Sánchez. Luego de ser el primer presidente que arriba a La Moncloa por la gatera de la moción de censura Frankenstein mediante la manipulación de un testimonio judicial de Rajoy y que se mantiene en ella tras ser derrotado en las urnas, evoca a Frank Underwood, el protagonista de «House of cards». Después de conspirar como vicepresidente contra su antecesor y adueñarse del Despacho Oval, retiene la Presidencia maquinando con los gobernadores de dos Estados que da por perdidos un cierre de los colegios por miedo a actos terroristas para que no se contabilicen esos sufragios. Al empatar con su amaño, Underwood recurre a una enmienda de 1804 tras el inesperado empate de 1800 entre Thomas Jefferson y Aaron Burr para que sea el Congreso quien escoja presidente y el Senado al vicepresidente burlándose de la voluntad de los norteamericanos.