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Foto de archivo de una mesa electoralEuropa Press

Elecciones Aragón 2026

Salcedillo, el pueblo aragonés de 15 habitantes que rompe su tradición en las elecciones del 8-F

Este pequeño municipio suele votar en 15 minutos y organizar, posteriormente, una comida

Este domingo, 8 de febrero, los 15 habitantes del municipio aragonés de Salcedillo han roto la tradición. Hasta los comicios de 2023, el colegio electoral de este pueblo de Teruel cerraba las urnas a las 9.15 horas. 15 vecinos que ejercían su derecho en 15 minutos. Pero en estas elecciones adelantadas no ha sido así.

La razón ha sido la ausencia de uno de sus vecinos. Tal y como ha explicado el alcalde de la localidad, Alejandro Mainar, al Heraldo de Aragón, ha sido que no tenían la certeza de que un vecino hubiera depositado su voto.

La ausencia de un vecino

La falta de este vecino, una ausencia poco habitual, ha tenido consecuencias directas en el desarrollo de la jornada electoral. Esta circunstancia obliga a que la mesa electoral permanezca abierta hasta las 20.00 horas, el horario oficial de cierre que rige en cualquier colegio electoral durante unas elecciones autonómicas. De este modo, y a diferencia de lo que suele ocurrir en esta localidad, no es posible adelantar el final de la votación.

La situación rompe con una tradición que se había consolidado con el paso del tiempo y que forma parte de la singularidad de este enclave. Habitualmente, la totalidad de los vecinos llamados a votar comparecen a lo largo de la mañana, lo que permite dar por concluida la jornada electoral antes de lo previsto. Sin embargo, en esta ocasión, la ausencia de uno de ellos impide seguir ese procedimiento, obligando a respetar el horario completo establecido por la ley electoral.

Una vez finalizado el proceso de votación y cerradas las urnas, el día continúa con otro de los rituales más característicos del lugar. Tal y como marca la costumbre, los vecinos permanecen en el propio colegio electoral para compartir una comida comunitaria. Tras recoger el material utilizado durante la jornada, guardar las urnas y preparar el espacio, colocan los manteles y se reúnen alrededor de las mesas. Antes de sentarse a comer, comparten un vermú, un gesto que sirve como preludio de la comida popular que viene a continuación, un asado que todos degustan en un ambiente distendido y de convivencia.

No se trata, en cualquier caso, de un episodio completamente inédito. En anteriores procesos electorales ya se han registrado situaciones similares. En las últimas elecciones, el mismo vecino tampoco pudo acudir a la votación debido a problemas de salud, lo que alteró igualmente el desarrollo habitual de la jornada. En aquella ocasión, además, otra vecina se ausentó no solo de la cita electoral, sino también del posterior encuentro gastronómico, lo que redujo aún más la participación en un día que suele congregar a toda la población.