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Imagen de archivo de Gabriel Rufián tomada en el CongresoEP

El más breve

El frente de izquierdas de Gabriel Rufián se estrella antes de despegar

El experimento ya se ha convertido en el más efímero de cuantos ha intentado la izquierda, tras el portazo de IU, Podemos, Bildu, el BNG, Más Madrid, Compromís y hasta de ERC, donde él milita

Era un secreto a voces que las aspiraciones de Gabriel Rufián están más en Madrid que en Cataluña, donde ni siquiera cuenta con el respaldo de la cúpula -o buena parte de ella- de ERC. Tanto es así que el pasado lunes, antes de que La Sexta desvelara el comienzo de su «proceso de escucha», Alberto Núñez Feijóo lo llamó «mirlo blanco de la izquierda» durante su comparecencia en la comisión de investigación de la dana, en la que saltaron chispas entre ambos.

El propio Rufián confirmó este lunes sus intenciones, con el argumento de que el fascismo «no se para con siglas, se para con pueblos». La puesta de largo será una charla, el día 18 de febrero, con el diputado de Más Madrid Emilio Delgado, enemigo declarado de la líder de la formación, la ministra Mónica García, a quien quiere arrebatarle el cetro. No obstante, el experimento ya se ha convertido en el más efímero de cuantos ha intentado la izquierda. Porque, en este caso, se ha estrellado antes siquiera de despegar.

Izquierda Unida, Podemos, Bildu, el BNG, Compromís y Más Madrid corrieron ayer a desvincularse de los planes de Rufián, e incluso a cerrarle la puerta. Pero es que hasta ERC, el partido en el que milita y del que es portavoz en el Congreso, desautorizó a Rufián sin miramientos. «ERC se presentará a las generales con las siglas de ERC», zanjó este lunes su secretaria general, Elisenda Alamany. «La estrategia de ERC es clara. Nos presentamos para Cataluña y somos una fuerza central en Cataluña y con estas siglas nos continuaremos presentando en todas las elecciones», añadió.

Lo más curioso es que en el único sitio donde Rufián ha encontrado cierta receptividad es en Movimiento Sumar, el partido al uso al que pertenece Yolanda Díaz (no lo dirige porque ella misma renunció a cualquier cargo orgánico para centrarse en su labor en el Gobierno, tras sus pésimos resultados en las últimas europeas). Pero es que se da la circunstancia de que la relación entre Díaz y Rufián es peor que mala.

Yolanda Díaz observa una intervención del portavoz de ERC, Gabriel RufiánEFE

La animadversión mutua no es ideológica ni profesional, sino directamente personal. Y se remonta a los meses de diciembre de 2021 y enero de 2022, cuando la vicepresidenta segunda y ministra de Trabajo tuvo que negociar con los socios parlamentarios del Gobierno para amarrar la convalidación del decreto ley de la reforma laboral. ERC votó en contra y Díaz acusó al catalán de practicar el «politiqueo». Desde entonces no ha habido reconciliación porque Rufián siempre se ha puesto del lado de Podemos.

Aun así, la coordinadora de Movimiento Sumar, Lara Hernández, dio la «bienvenida» a la propuesta del portavoz de ERC en el Congreso porque, según dijo, «el debate debe darse». Sumar viene de salvar los muebles en Aragón, donde mantuvo su escaño en una lista conjunta con IU, a pesar de haber sido incapaz de pactar una candidatura con Chunta Aragonesista (que, por el contrario, sí forma parte del grupo parlamentario de Sumar en el Congreso).

El más gráfico en su negativa fue el coordinador de Izquierda Unida, Antonio Maíllo. «La gente está harta de las telenovelas de la izquierda», sentenció. A su juicio, lo que falta es «diálogo entre la militancia». Es decir: «Menos protagonismo personal y más protagonismo colectivo». Maíllo será el candidato de la coalición Por Andalucía en las elecciones de junio, que aglutina a IU, Movimiento Sumar e Iniciativa del Pueblo Andaluz, pero no a Podemos. Porque, desde las generales de 2023, no hay comicios a los que la extrema izquierda haya conseguido concurrir bajo unas solas siglas.

Por parte de Bildu, Arnaldo Otegi también cortó las alas a Rufián. «Nunca hemos hablado con ERC, ni con Gabriel Rufián, ni en el Congreso, ni en las relaciones oficiales que tenemos, y ya tenemos establecida nuestra posición ante unas elecciones generales», zanjó.

Desde Podemos, su portavoz, Pablo Fernández, se preguntó si acaso Rufián y Delgado cuentan con el «respaldo» de ERC y de Más Madrid, sabiendo a ciencia cierta que no. La líder del BNG, Ana Pontón, señaló que el BNG «se mueve en otra clave». Y, desde Compromís, su diputado autonómico Joan Baldoví consideró que es bueno que los dirigentes de la izquierda hablen, pero a renglón seguido añadió una advertencia: «Ni todos los territorios son iguales ni sumar figuras da la clave del éxito». «Sumar no puede ser amontonar», resumió.

«¿De qué sirve llegar al Congreso con 2, 3 o 4 diputados más si el ministro del Interior va a ser Abascal? ¿De qué sirve que te vaya mejor si te van a ilegalizar? ¿No vale la pena intentar hacer algo diferente para frenarlo? Yo solo digo algo que basta estar en la calle 5' para escuchar. «Más cabeza y menos pureza», escribió el aludido este lunes en X.

Hace mucho tiempo que los partidos de izquierdas en el Congreso, e incluso sus compañeros del grupo parlamentario de ERC, vienen observando con cierta desconfianza algunos discursos de Gabriel Rufián. Más pensados para el lucimiento personal que para el de ERC; más pensados para Madrid que para Cataluña. Siempre hablando de «la gente» y lo que necesita. «Lo que les debe preocupar, lo que preocupa a la gente, sobre todo en las fiestas que vienen, es que no le da, a la gente no le da, a la gente no le llega. ¿De qué sirve, señor presidente, un país que va como un tiro en lo macro si a la gente no le da, si a la gente no le llega? ¿De qué sirve un país en el que trabaja más gente que nunca si acaban siendo de facto pobres? (…). Así que no les pido que sean valientes, les pido que sean inteligentes, porque si no llega Abascal a caballo», le dijo a Pedro Sánchez en la última sesión de control al Gobierno en el Congreso, celebrada el 10 de diciembre. Ahora todo se entiende mejor.