El presidente español, Pedro Sánchez, conversa con el mandatario francés Emmanuel Macron
El rechazo de Sánchez al escudo nuclear europeo le enfrenta con el eje franco-alemán
Son tiempos complejos para la seguridad europea y para el papel de España en la misma. Este sábado, en la Conferencia de Seguridad de Múnich, la intervención del presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, puso en evidencia el choque de planteamientos entre Madrid y dos de los principales países europeos, Francia y Alemania. Ocurrió cuando el mandatario socialista centró gran parte de su discurso en advertir contra la expansión de las capacidades nucleares y pedir que no se abra una nueva carrera armamentística, incluso cuando varias capitales europeas y la OTAN avanzan en sentido contrario.
Concretamente, Sánchez citó palabras atribuibles al expresidente estadounidense Ronald Reagan –«una guerra nuclear no puede ganarse y nunca debe librarse»– para alertar de que «las potencias nucleares han olvidado las lecciones del pasado» y calificó la modernización o ampliación de arsenales como un «error histórico» que no conviene repetir, especialmente «hoy, con la sombra que tiende la inteligencia artificial sobre el mundo entero».
El presidente español también pidió a las potencias nucleares que frenen sus planes y negocien un nuevo acuerdo de control de armas que garantice la continuidad del desarme. En un momento de su intervención, insistió en que «no es una cuestión de izquierda o derecha, sino de hacer lo correcto» y apeló a la responsabilidad colectiva para impedir una carrera armamentística que, según él, podría desestabilizar aún más el sistema de seguridad global.
Sin embargo, este enfoque del mandatario español ha encontrado respuestas dispares de parte de otros líderes europeos presentes en Múnich, en particular de Francia y Alemania, cuyos gobiernos mantienen una posición diferente sobre la función de los arsenales y la necesidad de una mayor inversión en defensa.
El presidente francés, Emmanuel Macron, ha defendido durante años una visión estratégica en la que la disuasión nuclear es un elemento central de la seguridad europea. A diferencia de Sánchez, Macron sostiene que ante el renovado dinamismo geopolítico –con amenazas como la guerra en Ucrania y tensiones con potencias como Rusia y China– Europa no puede renunciar a robustecer su postura disuasoria y su autonomía estratégica.
Friedrich Merz reunido con Emmanuel Macron
En declaraciones previas a la conferencia y en entrevistas diplomáticas, París ha puesto sobre la mesa la necesidad de explorar una forma de disuasión nuclear «europea» complementaria al paraguas de la OTAN, un concepto que busca dotar a Europa de mayores capacidades de defensa propias sin salirse del marco transatlántico. Esa doctrina, alimentada por la existencia de un arsenal nuclear francés independiente desde los años 60, cuenta con un amplio respaldo político interno y con una base histórica que la hace viable dentro del debate estratégico nacional francés.
Alemania, por su parte, ha adoptado una postura centrada en el incremento del gasto en defensa general. El canciller, Friedrich Merz, ha respaldado, junto con Francia, la idea de que Europa necesita niveles más altos de inversión en defensa –otra cosa a la que Sánchez se niega– para responder a amenazas actuales y futuras. Berlín no promueve directamente una política nuclear propia, pero ha apoyado una modernización de las capacidades convencionales y ha defendido que la OTAN y sus aliados mantengan una presencia robusta como pilar de la seguridad colectiva.
Ese enfoque ha llevado a que Alemania, junto con Francia y otros países de la Unión Europea, se comprometa a aumentar progresivamente el gasto en defensa, situándose por encima de los objetivos mínimos del 2 % del PIB establecidos por la OTAN y explorando la posibilidad de metas más ambiciosas en el futuro.
Todo esto muestra un contraste evidente con Sánchez, pues mientras el español advierte de los riesgos éticos y estratégicos de una carrera armamentística nuclear, Francia y Alemania ya están centrando su discurso en la necesidad de fortalecer el papel de Europa en la arquitectura transatlántica de seguridad, alineados con la idea de una Europa más equipada, tanto desde el punto de vista de capacidades militares como de cooperación estratégica.
La propuesta de Sánchez tiene respaldo dentro de algunos sectores políticos nacionales, pero encuentra menos eco fuera de sus fronteras entre los países que conciben la seguridad como una disuasión creíble sin ambigüedades. Es por eso que difícilmente servirá para conducir a un consenso más amplio en un contexto europeo en el que la mayoría de los aliados ya han optado por la senda del reforzamiento militar.