El ganador de las elecciones, Alfonso Fernández Mañueco
Mejor de lo esperado
La victoria holgada del PP en Castilla y León facilita el desenlace de los pactos con Vox
Mañueco obtiene dos escaños y cuatro puntos de porcentaje de voto más, aumenta su distancia con el PSOE y saca 200.000 votos a Vox. La extrema izquierda desaparece de las Cortes
El PP ganó este domingo las elecciones de Castilla y León con tanta claridad que pinchó dos globos a la vez: el de que el PSOE iba a ser la fuerza más votada -nunca lo fue, en ninguna encuesta- y el de que Vox iba a ser capaz de superar el 20 % de voto por primera vez, rompiendo así su techo. Ni lo uno ni lo otro ocurrió.
Alfonso Fernández Mañueco obtuvo dos escaños más que en 2022, hasta los 33; cuatro puntos más de porcentaje de voto que entonces, el 35,5 %; mayor distancia sobre el PSOE, 4,68 puntos; y 200.000 votos más que Vox. Tendrá que pactar con este último, como daba por descontado, pero salió de las urnas más fuerte de lo que entró. Y tendiendo la mano a Santiago Abascal: «Vamos a dialogar con todos, pero con quien no vamos a pactar el Gobierno es con el PSOE de Castilla y León. Con el sanchismo es imposible llegar a acuerdos», señaló.
Poco antes, Abascal había allanado ese terreno, haciéndolo extensible a Extremadura y Aragón: «Mañana tres regiones españolas esperan urgentemente un cambio de rumbo y lo van a tener. Podemos garantizarlo», aseguró, con una claridad sintomática.
Hace cuatro años, Vox pilló de improviso al PP, que convocó elecciones adelantadas pensando que obtendría una victoria contundente y se encontró con un Vox casi en el 18 % de voto. Esta vez, los populares no tropezaron en la misma piedra: la enorme movilización del PPCyL -el partido alfa en Castilla y León- y de sus alcaldes fue clave para contener a los de Abascal, que aun así sumaron un procurador más, 14. La dirección nacional del PP se apresuró a concluir que Vox ha pagado en las urnas de Castilla y León el error de votar en contra de la investidura de María Guardiola como presidenta extremeña en plena campaña. Que ha pagado el bloqueo, al fin y al cabo.
Los socialistas aguantaron el tipo: subieron dos escaños sin apenas crecer en porcentaje de voto, únicamente siete décimas. Y ello se debió a que Carlos Martínez fue capaz de aglutinar el voto útil de la izquierda y dejar fuera de las Cortes a Sumar y a Podemos, que se presentaban por separado. Y, también, a que el alcalde de Soria fue profeta en su tierra y arrebató a Soria Ya un procurador de los tres que la formación provincial obtuvo hace cuatro años. Pero no por ningún efecto del «no a la guerra» ni por la presencia -esta vez sí- de José Luis Rodríguez Zapatero en la campaña. Aquello de que el PSOE había encontrado su «marco ganador», el del antitrumpismo, era humo.
Martínez es, desde este lunes, el tuerto en el país de los ciegos, puesto que en diciembre el PSOE se despeñó 10 escaños en Extremadura y en febrero en Aragón igualó su peor resultado histórico. Los socialistas proclamarán ahora que empieza la remontada, cuando no hay tal: lo que hay es una mínima recuperación en una tierra, además, donde llevan cuatro décadas en la oposición y en este caso tampoco tenían ninguna opción de gobernar. Para más inri, esa recuperación es mérito del candidato menos sanchista. En X, Sánchez se dijo «orgulloso» del PSOECyL y de su candidato. «Han demostrado que nuestro partido es la única alternativa para el cambio en Castilla y León. Seguiremos trabajando por el futuro de todas y todos», escribió.
Con todo, las terceras elecciones autonómicas en tres meses siguen confirmando la derechización del país: entre el PP, Vox y Por Ávila (una escisión del PP) sumaron casi un 55 % de voto. Es de prever que el resultado de las elecciones de Castilla y León sirva para desbloquear los pactos en Extremadura, donde la fecha límite es el 4 de mayo, y también en Aragón. Aunque lo primero que tendrá que hacer Vox es aclarar si quiere entrar en los gobiernos autonómicos o no.
Que cada elección tiene sus particularidades lo demuestra el hecho de que, hace un mes en Aragón, uno de los titulares de la noche fue que el bipartidismo retrocedió ante el empuje de Vox y de una fuerza regional como Chunta Aragonesista. Por el contrario, este domingo en Castilla y León el bipartidismo salió reforzado.
El carrusel electoral se detendrá ahora, aunque no por demasiado tiempo. En junio llegarán los comicios más temidos por el PSOE, los de Andalucía. Y allí no se presenta ningún alcalde de provincias, sino nada menos que la número dos del Gobierno de Pedro Sánchez y del partido de Pedro Sánchez, María Jesús Montero.