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Facsímil de la Real Cédula del 22 de abril de 1535 que concede el escudo de armas a la ciudad de Tlaxcala.

Facsímil de la Real Cédula del 22 de abril de 1535 que concede el escudo de armas a la ciudad de Tlaxcala.El Debate

¿Nosotros, los tlaxcaltecas, también deberíamos pedir disculpas?

El 13 de agosto de 1521, Hernán Cortés conquistó Tenochtitlan, esclavizó a los mexicas y liberó a los tlaxcaltecas de sus opresores. Muchas personas en México crecieron aprendiendo esto. No hay que explicar por qué, en ciertos grupos, hay un sentimiento de revancha, casi de restitución de «honor nacional».

Aunque no existe una «verdad» absoluta de lo que ocurrió entre 1519-1521, sí que podemos afirmar que la realidad fue mucho más compleja de lo que aún hoy alcanzamos a comprender.

En primer lugar, los dirigentes de los pueblos mesoamericanos del posclásico no eran, como nos lo han pintado durante años, ingenuos, crédulos o fácilmente manipulables. Eran seres humanos, como nosotros, con virtudes y defectos, algunos de ellos muy cultos y letrados, otros no tanto. Por eso, cuando simplificamos la conquista de Tenochtitlan a decir que unos cuantos cientos de españoles al mando de Hernán Cortés fueron capaces de dominar un territorio de más de la mitad del territorio de la actual España y, además, densamente poblado, es, en la práctica, decir o que los españoles eran superhombres, o que los nativos eran infrahumanos, incapaces de defenderse de un puñado de invasores.

Hay algo más en la historia que debemos tener en cuenta: los conquistadores indígenas. Porque la conquista, como elocuentemente menciona el historiador Esteban Mira Caballos, fue una conquista pactada. Porque sí, Huexotzinco, Tetzcuco, Tlaxcala, Cuetlaxtla, Chalco y otros pueblos más pactaron con Hernán Cortés, cada uno en pro de sus propios intereses particulares.

Facsímil de la Real Cédula del 22 de abril de 1535 que concede el escudo de armas a la ciudad de Tlaxcala.

Facsímil de la Real Cédula del 22 de abril de 1535 que concede el escudo de armas a la ciudad de Tlaxcala.El Debate

Algunos, como los tlaxcaltecas, buscaban mantener su autonomía; otros, como Ixtlilxóchitl de Tetzcuco, buscaban «recuperar» el poder legítimo que sentían les había sido arrebatado por Moctezuma; otros buscaban librarse de lo que consideraban era un expolio de sus recursos a manos de los cobradores de impuestos mexicas; otros más, al ver como algo inminente la caída de Tenochtitlan, antes que caer con ellos, se unieron de última hora a la alianza.

Los pueblos indígenas no fueron espectadores de los acontecimientos de la conquista, fueron protagonistas. Los tlaxcaltecas en particular no se consideraron simples «auxiliares», pues en las fuentes históricas, como el lienzo de Tlaxcala, queda claro que reclamaron el trato de conquistadores de tú a tú con los españoles. La élite que gobernaba Tlaxcala fue incorporada a la nobleza castellana en igualdad de condiciones a la de cualquier hidalgo peninsular, sincretizando sus antiguas divisas señoriales con escudos de armas europeos. La ciudad de Tlaxcala también solicitó tener su propio escudo de armas al estilo de las ciudades castellanas y, en ese escudo, se colocaron huesos y cráneos que simbolizaban la derrota de los mexicas.

También, las palmas en el escudo eran símbolos de su victoria contra Tenochtitlan. Por supuesto, donde hay victoriosos, hay derrotados. No podemos ignorar que la conquista de Tenochtitlán, como cualquier otra conquista militar, implicó mucho sufrimiento, injusticias y que acarreó otras consecuencias inesperadas: las epidemias, que mermaron a vencedores y vencidos por igual.

Iván Pérez Corona, divulgador cultural, imparte una conferencia al aire libre en la zona de Tepeticpac

Iván Pérez Corona, divulgador cultural, imparte una conferencia al aire libre en la zona de TepeticpacEl Debate

¿Fue el virreinato un paraíso terrenal para los tlaxcaltecas? Desde luego que no, como cualquier sociedad de cualquier parte del mundo y en cualquier época, enfrentó desafíos: epidemias, hambrunas, migración o inestabilidad política. Pero también es cierto que el sistema legal les permitía margen de maniobra para hacer cara y superar, en mayor o menor medida, estos retos. Claro, no todos los pueblos gozaron de los mismos privilegios que los tlaxcaltecas, incluso hubo momentos en que los propios tlaxcaltecas protestaron por la violación de estos privilegios, pero es destacable que, durante trescientos años, en general, los tlaxcaltecas se sintieron orgullosos de su alianza con la corona y la refrendaron, defendieron y, en algunos casos, hasta la exigieron.

Siendo que la conquista fue pactada y que buena parte de los pueblos nativos de Mesoamérica participaron activamente en la conquista de Tenochtitlan, ¿ellos también han de pedir disculpas?

Iván Pérez Corona, divulgador cultural, ante los restos de la iglesia de Santiago Tepeticpac (Siglo XVI)

Iván Pérez Corona, divulgador cultural, ante los restos de la iglesia de Santiago Tepeticpac (Siglo XVI)Iván Pérez Corona

  • Iván Pérez Corona, divulgador cultural originario de Tlaxcala, México. Creador del proyecto digital «Tlaxcala La Conquistadora» en el que a través de artículos, podcast y videos brinda una perspectiva fresca sobre la historia de la conquista de Tenochtitlan y de la época virreinal basada en fuentes históricas en un formato sencillo para todo público. Fundador del Festival Mazihcatzin. Recientemente participó como ponente invitado en la primera gira «El mundo indígena en el ámbito hispano» organizada por la Asociación Cultural Héroes de Cavite”.
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