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La imagen que ETA ofreció de Cosme Delclaux como prueba de vida

La imagen que ETA ofreció de Cosme Delclaux como prueba de vida

El infierno de Cosme Delclaux: cómo fue su secuestro durante casi ocho meses a manos de ETA

Hoy en día, los etarras partícipes en ese secuestro ya han salido de la cárcel o disfrutan de regímenes de semilibertad

Corrían las 19 de la tarde del 11 de noviembre de 1996. El abogado vizcaíno Cosme Delclaux Zubiria, de 34 años, perteneciente a una familia vinculada a la industria química, salía de su jornada de trabajo en el parque tecnológico de Zamudio (Vizcaya), cuando fue abordado a punta de pistola por dos personas, que le suministraron un calmante y le obligaron a entrar en el maletero de un vehículo. De ahí fue transportado al zulo –apenas equipado con un colchón, una mesa pequeña, un retrete y una radio– ubicado en Irún, donde pasaría los siguientes 232 días de su vida.

Dos semanas después, mientras Delclaux permanecía desaparecido y la Ertzaintza buscaba pistas, la organización terrorista ETA asumió la autoría, justificándolo como «un golpe en el corazón de la aristocracia financiera de Neguri, una de las más importantes responsables de la opresión económica y política de Euskal Herria».

Tras eso, exigieron un rescate de hasta dos mil millones de pesetas, una cantidad completamente desorbitada, y acompañaron esas demandas con amenazas explícitas de ejecución. Delclaux, por su parte, vivía una rutina infernal, donde cada día era exactamente igual, sin pasatiempos, conversaciones ni contacto con el exterior. Además, sus secuestradores buscaban afectarle psicológicamente, diciéndole en varias ocasiones que su liberación era inmediata.

Tras más de un mes desaparecido, y ante los temores de que hubiese sido asesinado, ETA contactó con el diario vasco Egin y con la propia familia de Delclaux para enviarles fotografías que eran una prueba de vida. En las mismas, por cierto, aparecía él con una edición impresa de ese mismo diario y, detrás, el anagrama de la banda terrorista, la serpiente enroscada en un hacha.

Pese a todo, siguió sin haber avances en su caso, hasta que, el 25 de febrero de 1997, la familia designó a un intermediario para negociar directamente con la organización, pero, tras semanas de diálogo, en el mes de marzo ETA manda un ultimátum para que la familia acceda a pagar el rescate que demandaban: una carta con la fecha programada para su ejecución y dos balas de nueve milímetros.

Cuadro con el anagrama de ETA que Pernando Barrena lucía en el salón de su casa en 2008

Cuadro con el anagrama de ETAEFE

Ante el temor de que se cumplieran esas amenazas, el padre de Delclaux accede a pagar el rescate, que se produce finalmente el 1 de julio de 1997, tras casi ocho meses de cautiverio, cuando el abogado apareció maniatado a un árbol en un paraje de Elorrio. Ese mismo día, las fuerzas de seguridad localizaron el zulo donde también se encontraba preso el funcionario de prisiones José Antonio Ortega Lara, quien permaneció 532 días secuestrado (el secuestro más longevo de ETA, el de Delclaux es el cuarto). Hace escasas dos semanas, por si fuera poco, salió de la cárcel Julen Atxurra Egurrola, alias Pototo, el etarra que ordenó aquel secuestro de Ortega Lara.

En el caso de Delclaux, por su parte, estuvieron implicados los etarras José Javier Arizkurren Ruiz, alias Kantauri, y Dolores López, alias Lola, quienes dieron la orden; Gregorio Vicario Setién y José Ordoñéz Fernández, que adquirieron el zulo en Irún; Francisco José Ramada Estévez, alias Vera, y su compañera sentimental Sagrario Yoldi Múgica, alias Mila, que dieron apoyo logístico, mientras que la ejecución material del descuestro recayó en Asier Arzalluz y Gorka Vidal. Actualmente, todos ellos han salido de prisión o disfrutan de regímenes de vida en semilibertad de facto. Cosme Delclaux, por su parte, falleció en Bilbao el pasado sábado a los 64 años de edad, casi 30 después del secuestro que partió su vida en dos.

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