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La portavoz del Gobierno, Elma Saiz, este martes en la MoncloaEFE

El Ejecutivo, grogui

La portavoz del Gobierno repite una mentira dos veces para defender a Zapatero

La única línea de defensa esgrimida por Elma Saiz en la Moncloa fue contar dos veces la misma falsedad: que la investigación partió de una denuncia de Manos Limpias, cuando fue la Fiscalía Anticorrupción

La imputación del expresidente José Luis Rodríguez Zapatero ha dejado al Gobierno absolutamente grogui, a pesar de que las informaciones periodísticas de la pasada semana apuntaban a inminentes movimientos del juez de la Audiencia Nacional José Luis Calama.

La única línea de defensa esgrimida por la portavoz del Ejecutivo en la rueda de prensa posterior al Consejo de Ministros de este martes -más corta hoy de lo que ya es costumbre- ha sido repetir dos veces una mentira: que el origen de la investigación es una denuncia de Manos Limpias. Con el claro objetivo de desacreditar la instrucción, como los socialistas también han hecho con los casos de la mujer y el hermano del presidente, y abonar el relato de que se trata de una persecución de la derecha y la extrema derecha.

En dos ocasiones lo aseguró Elma Saiz. «Quiero recordar que el origen de esta investigación es una denuncia de una organización ultra como Manos Limpias», afirmó en una primera respuesta. Más adelante insistió: «Máximo respeto a la Justicia. Creo en que la Justicia hará Justicia. Máxima colaboración. Dicho esto, no podemos olvidar que el origen de esta investigación es una denuncia de una organización ultra como Manos Limpias».

Pero se trata de una afirmación de la portavoz del Gobierno radicalmente falsa: fue la Fiscalía Anticorrupción la que abrió el camino, tras recibir en 2024 dos solicitudes de cooperación por parte de las fiscalías de Francia y Suiza. Los ministerios fiscales de ambos países pidieron ayuda al español porque estaban tras la pista de una «organización criminal» que, presuntamente, había utilizado el rescate que el Gobierno de Pedro Sánchez concedió a Plus Ultra por valor de 53 millones de euros para blanquear fondos de origen ilícito.

Saiz ni siquiera se retractó, ni reculó lo más mínimo, cuando fue advertida por una periodista que le recordó que esta investigación no partió de una denuncia de Manos Limpias, sino de la Fiscalía Anticorrupción. «Insisto. Este Gobierno es un Gobierno que colabora con la Justicia y que respeta y que cree que la Justicia hará Justicia», remachó.

La portavoz del Gobierno no quiso ir tan lejos como la secretaria de Organización del PSOE, Rebeca Torró, que horas antes, con el registro del despacho de Zapatero en marcha, escribió en X: «La derecha y la ultraderecha nunca le han perdonado esos avances. El que pueda hacer, que haga», destacando de él que sus dos legislaturas estuvieron «marcadas por un ambicioso programa de ampliación de derechos, igualdad y protección social. Muchas de esas medidas fueron pioneras en Europa y hoy forman parte del consenso social de nuestro país».

Saiz no pronunció la palabra «lawfare», pero sí abundó en la línea de que esta imputación es política, por la «inquina» que le tiene «la derecha» a Zapatero. También insistió varias veces en su «presunción de inocencia». Desde la Moncloa se quejan de que la prensa empezara a publicar fragmentos del auto de imputación solo 25 minutos antes de empezar la rueda de prensa semanal, limitando así el margen de maniobra del Gobierno. Y señalan que ya es habitual que los martes por la mañana haya noticias de los tribunales españoles.

Fuentes gubernamentales también resaltan: «Confiamos en la inocencia de Zapatero». El propio Sánchez tendrá oportunidad de reiterar esa confianza, o no, en la sesión de control de este miércoles en el Congreso, en la que sin ninguna duda será preguntado por Alberto Núñez Feijóo y por Santiago Abascal al respecto. Porque Zapatero ha venido ejerciendo como un asesor áulico de Sánchez, como un activo electoral del PSOE y como un intermediario en la relación entre el presidente y Junts.