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El ex magistrado de la Audiencia Nacional en una conferencia con el ex presidente del Gobierno español, ahora salpicado por corrupción

El ex magistrado de la Audiencia Nacional en una conferencia con el ex presidente del Gobierno español, ahora salpicado por corrupciónEFE

Balance Judicial

El silencio del ex juez Garzón sobre Zapatero y las acusaciones de negocios opacos del ex jefe de la Inteligencia chavista hacia ambos

Hugo Armando 'el Pollo' Carvajal ha estado colaborando, de manera activa desde su extradición a EE.UU., con la Justicia americana. Durante el tiempo en el que permaneció bajo custodia de la Audiencia Nacional en España señaló los supuestos negocios opacos de ambos en Venezuela

«No tengo más que palabras de agradecimiento», aseguraba el ex magistrado Baltasar Garzón, condenado por prevaricación, sobre la «muy meritoria» labor del ex presidente José Luis Rodríguez Zapatero «en lo que se refiere a la mediación en casos humanitarios, en Venezuela y otras partes del mundo». Una defensa cerrada del que fuera su compañero de filas en el más que cuestionable Grupo de Puebla del que ambos forman parte, como miembros activos y significados.

Una admiración mutua y expresa, que se ha hecho pública en numerosas ocasiones a lo largo de los años, y que tras la publicación del auto del juez Santiago Pedraz, esta semana, sobre las implicaciones de Zapatero en una macro causa de corrupción transnacional, que investiga la Audiencia Nacional, antiguo centro profesional de Garzón, ha convertido el posicionamiento habitual del ex magistrado, en un atronador silencio.

Y es que, tanto en los pasillos del tribunal central de Instrucción como en los despachos del Departamento de Justicia estadounidense hace meses que resuena con fuerza un nombre que, durante años, ha sido intocable para buena parte de la izquierda española: José Luis Rodríguez Zapatero. El expresidente socialista, artífice de la política de «puños y rosas», del «No a la Guerra», de la «Alianza de Civilizaciones» y mediador autoproclamado de la transición en Venezuela, acumula un rosario de señalamientos que van mucho más allá de la mera afinidad ideológica con el chavismo, gracias a las conversaciones interceptadas por una agencia de Seguridad americana en el móvil del Rodolfo Reyes, ex accionista de la aerolínea Plus Ultra, rescatada por importe de 53 millones de euros por el Gobierno de España gracias, presuntamente, a las «instrucciones» de Zapatero.

En el centro de algunas de las acusaciones figura Hugo Armando «El Pollo» Carvajal, exjefe de la Inteligencia Militar venezolana, cuya colaboración con la Justicia ha puesto al descubierto un entramado de presuntos pagos, comisiones y negocios opacos que salpican directamente al exdirigente del PSOE, pero que también apuntaron al ex magistrado Garzón, tal y como publicó en exclusiva El Debate, en 2021.

Detenido en España y, posteriormente, extraditado a Estados Unidos, donde enfrenta cargos por narcotráfico y narcoterrorismo, 'El Pollo' decidía cantar. Y lo hacía dando nombres, fechas y detalles que, en su momento, incomodaron profundamente al establishment izquierdista fuera de España, pero sobre todo dentro de nuestro país.

Así las cosas, con el ex presidente Zapatero imputado, cabe recordar las declaraciones voluntarias prestadas por 'el Pollo' ante el ya jubilado juez Manuel García-Castellón y cómo, en posteriores colaboraciones, con la Fiscalía Estadounidense, el exmilitar chavista ha apuntado a Zapatero como beneficiario de una red clientelar tejida a través de PDVSA, la petrolera estatal venezolana. Según su testimonio -y las evidencias que se han conocido, ahora, a raíz del rescate de Plus Ultra y una operación coordinada entre las fiscalías Anticorrupción de España, Francia y Suiza- el expresidente habría recibido pagos irregulares por sus labores de intermediación, participaciones en negocios de oro y contratos ficticios inflados con sobrecostes millonarios, sin prestación real de servicios. Una mina de oro en Venezuela, varios testaferros, empresas pantalla y comisiones por mediaciones políticas, serían algunos de los elementos clave de estas revelaciones.

Según fuentes americanas, Carvajal ha ofrecido documentos a la Administración Trump y se ha mostrado dispuesto a ampliar su colaboración en para evitar una pena mayor. En los últimos meses, con la escalada de investigaciones en torno a tramas como Plus Ultra o los movimientos de oro venezolano hacia Dubai, estas acusaciones han cobrado nueva vida. La UDEF ha rastreado conversaciones de los supuestos testaferros y sociedades offshore en diferentes paraísos fiscales como las Islas Vírgenes británicas o las Bahamas, entre otros. Zapatero, mientras tanto, ha negado de manera tajante cualquier vínculo económico irregular con el chavismo y China, califica todo de «patraña» y exhibe cartas en las que Carvajal, supuestamente, desmiente algunos extremos si bien el goteo judicial de titulares contra él, no cesa.

Lo más llamativo, sin embargo, es el supuesto papel de Baltasar Garzón en todo este asunto. El exjuez, convertido en abogado de causas internacionales controvertidas, es íntimo amigo de Zapatero. Ambos comparten una larga trayectoria de afinidades políticas y personales. Garzón ha defendido públicamente la labor mediadora del expresidente en Venezuela, alabando su «meritoria» gestión humanitaria y restando peso a las críticas. Pero Carvajal también lo señaló a él. En sus declaraciones ante García-Castellón, el exjefe de inteligencia venezolana aseguró que el despacho Ilocad del jurista había recibido pagos millonarios de PDVSA —hasta 10 millones de euros, según algunas versiones— sin prestar servicios reales. «Por nada. Por corrupción», llegó a afirmar con crudeza.

Así las cosas, a muchos ha sorprendido el silencio de Garzón, en los últimos días tras el escándalo, frente a su talante combativo en el pasado. El mismo juez que persiguió con ahínco a políticos y empresarios por corrupción, el que se erigió en paladín de la Justicia Universal y de los Derechos Humanos guarda ahora una prudente distancia con los últimos acontecimientos. Cabe recordar que fue, de hecho, en El Debate, donde se publicaron en exclusiva, en octubre de 2021, las acusaciones de Carvajal sobre el ex magistrado y sus presuntos negocios opacos en la Venezuela de Chavez y Maduro que él siempre desmintió.

No en vano, Garzón y Zapatero parecen formar parte, junto a otros ex políticos en Latinoamérica y personalidades de la izquierda, de un supuesto ecosistema en el que las amistades políticas, hasta ahora, contribuían a blindar ciertas prácticas cuestionables en fondo y forma.

La misma semana en la que el Supremo ha rechazado readmitirle en la Carrera judicial, tras ser condenado en firme por un delito de prevaricación, por ordenar de manera indebida la interceptación de las comunicaciones que mantuvieron en prisión varios de los investigados en el caso Gürtel, con sus abogados, el ex juez ha pasado de puntillas en sus apariciones mediáticas —con un expresidente señalado por corrupción internacional—.

La izquierda española, que tanto clamó por la independencia judicial cuando le convenía, mira ahora hacia otro lado ante la imposibilidad de hablar siquiera de lawfare, por lo contundente de los indicios que maneja Pedraz y el hecho de que haya sido siempre un magistrado más próximo a una sensibilidad progresista que conservadora en el marco de la Magistratura.

Es cierto que las confesiones en España de 'El Pollo' se archivaron sin profundizar, pero las investigaciones en EE.UU. avanzan con discreción y firmeza. Carvajal, tras negociar con los fiscales americanos, sigue ofreciendo información sobre comisiones, intermediarios y dirigentes españoles beneficiados por el régimen de Maduro.

Zapatero siempre ha defendido su relación con Venezuela como un ejercicio de «diplomacia humanitaria», mediación para liberar presos, diálogos con la oposición, intentos de evitar el colapso total. Pero cuando esa cercanía se traduce en presuntos negocios opacos —minas de oro, a las que ya se refirió la fallecida senadora colombiana Piedad Córdoba; los contratos de PDVSA, que no podemos olvidar que se encuentran bajo la lupa de la Audiencia Nacional en la causa abierta, declarada secreta, por el contenido del sobre del empresario Víctor de Aldama que ha señalado al PSOE por financiación irregular derivada de estas cuestiones.

Los recientes indicios que se han conocido -chats donde el 'generalato' del chavismo llaman a Zapatero «nuestro pana», movimientos de fondos sin justificación aparente, sociedades vinculadas, testaferros y flujos financieros opacos, aflorados en las investigaciones de la UDEF y recogidos por el juez Pedraz en el auto de requerimiento sobre el 'caso Plus Ultra', que llevaba a la UDEF a entrar en Ferraz, el pasado miércoles- confirman cómo, en ocasiones, la fina línea que separa la política del enriquecimiento personal se difumina peligrosamente.

De hecho, las revelaciones del juez Pedraz, a partir de las pesquisas de la UDEF no sólo salpica al ex presidente del Gobierno sino que incrimina a todo un reguero de nombre propios, a partir de las relaciones sostenidas sobre la base de regímenes autoritarios que, bajo la bandera del «antimperialismo», han generado fortunas opacas en España y Europa. El ideólogo y ex fundador de Podemos, Juan Carlos Monedero; el ex embajador de España en Caracas, Raúl Morodo y otros nombres de la órbita de Podemos, como en su momento Pablo Iglesias o Carolina Bescansa, también eran mencionados por Carvajal en el mismo contexto de los pagos irregulares. Una telaraña que la Justicia española ha tocado solo superficialmente, mientras la americana, menos permeable a las injerencias políticas, parece dispuesta a desentrañar caiga quien caiga.

El mutismo de Garzón es, en este momento, especialmente revelador. Un juez que hizo carrera destapando escándalos ahora prefiere el perfil bajo cuando las acusaciones tocan al que durante años ha sido su círculo más cercano. Y no son pocos los que creen que «quien calla, otorga» o que «no hay mayor traición a la vocación judicial que el silencio ante la posible corrupción de un poderoso, por muy amigo que sea». Mientras Zapatero comparecía ante las comisiones parlamentarias del Senado que siguen el rastro del dinero, negándolo todo, Carvajal, Maduro y quien es considerado su testaferro, Alex Saab, siguen hablando desde Nueva York, dispuestos a contarlo todo.

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