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Sánchez aprieta los dientes en una misa profética y el Papa insiste: «No podemos matar al inocente»

El Santo Padre oficia una bellísima ceremonia en la Sagrada Familia con representación de la plana mayor del Gobierno

El Papa León XIV saluda al presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, a su llegada a la Sagrada FamiliaEuropa Press

No es ningún secreto que Pedro Sánchez no se prodiga asistiendo al sacramento de la Eucaristía. Ni pisando iglesias, en general. La última vez que lo hizo de forma pública fue hace unos meses, cuando asistió a la misa funeral del expresidente extremeño Guillermo Fernández Vara, pero fue la excepción que confirma la regla: la primera vez en casi cuatro años.

Ahora, lo ha hecho una segunda vez, con ocasión de la misa de acción de gracias que el Papa León XIV ha oficiado en la Basílica de la Sagrada Familia de Barcelona, con ocasión del 100º aniversario de la muerte de Antonio Gaudí, en el marco de su viaje apostólico a España. Ha sido una ceremonia solemne, gozosa… y también incómoda para el presidente del Gobierno, que ha recibido un recordatorio del ya histórico discurso del Papa en el Congreso, hace apenas dos días.

Si en aquella ocasión León XIV abrió varias vías de agua en la legitimidad moral de varias políticas impulsadas por el Ejecutivo –ofreció una postura sobre inmigración misericordiosa pero matizada, defendió la libertad de los padres de elegir la educación de sus hijos y, sobre todo, exaltó la dignidad de la vida «desde su concepción hasta su ocaso natural»–, para Sánchez la homilía del Papa ha sido una suerte de ‘round 2’.

«No podemos creer en Jesús y promover la guerra», ha exhortado el Papa en su homilía, pero antes de que Sánchez acabase de felicitarse por la frase, León XIV ha insistido: «No podemos creer en Jesús y matar al inocente. No podemos creer en Jesús y abandonar a quien sufre, a quien llora, a quien huye de la miseria». Tampoco –está implícito en las palabras del Santo Padre– podemos cometer estos pecados si no creemos en Jesús.

El Papa León XIV preside la celebración de la Santa Misa, en la Sagrada FamiliaEuropa Press

Ha sido, tal vez, el momento más evidente de la desconexión entre la estrategia del Gobierno de aprovechar la visita del Papa como legitimación de su política y la realidad: que el Papa no responde a ideologías de partido, sino a una visión del mundo anclada en la trascendencia y que responde a los problemas de cada siglo desde una sabiduría milenaria e inmutable.

Silencio y aplausos

Sánchez no ha vivido una misa fácil, algo que ha quedado en evidencia desde el primer minuto. Desde antes de que empezase, de hecho: el líder del Ejecutivo ha entrado minutos antes de que llegase el Santo Padre. Ha entrado al templo junto a su mujer, Begoña Gómez, sonriendo y saludando, y se ha sentado en el primer banco, junto a su aliado más fiel, el presidente de la Generalitat, Salvador Illa.

No estaban solos los dirigentes socialistas: entre las autoridades presentes estaban también la presidenta del Congreso, Francina Armengol, y 14 ministros –Moncloa justifica el despliegue de la plana mayor por el «carácter cultural» del acto–, así como dirigentes locales como el alcalde de Barcelona, Jaume Collboni, o el nacionalista Josep Rull, presidente del Parlament.

El Papa León XIV junto a los Reyes Felipe VI y Letizia, ante la Sagrada FamiliaEuropa Press

Sánchez y su esposa han entrado tras saludar al Papa León XIV ante la fachada de la Pasión, en medio de un silencio sepulcral, respetuoso. Pocos minutos después han entrado los Reyes, y la Sagrada Familia ha prorrumpido en aplausos. El contraste no requiere demasiado comentario.

Ha comenzado la liturgia –bella, incluso bellísima–, siguiendo el rito previsto, hasta llegar a la liturgia. Lejos de complacer a las muchas autoridades socialistas presentes, León XIV no ha lanzado una arenga política, sino un mensaje de hondo calado existencial, evangélico, recordando las palabras de Jesucristo: «Si no creéis que «Yo soy», moriréis en vuestros pecados», que formaban parte del Evangelio que se ha leído, de san Juan.

«Palabras fuertes, que no son en absoluto amenazas, ni un chantaje. Son una invitación a la salvación, es decir, un llamamiento a la libertad por parte de Cristo, que quiere para nosotros el bien definitivo, eterno», ha explicado el Santo Padre, con palabras meditadas y certeras. El Papa ha exhortado a los presentes a alzar la mirada para, inmediatamente después, bajarla hacia «quienes yacen en el polvo», para levantar a su vez su rostro.

Quien escribe esto no sabe qué efecto habrán producido estas palabras en Sánchez y sus acompañantes, que han mantenido el rictus serio durante toda la ceremonia, manteniendo la compostura. Hieráticos hasta que ha llegado el momento de marcharse. Dios obra de formas misteriosas, y nadie está tan lejos de Él como para no poder escuchar su voz, reza la perenne sabiduría de la Iglesia.

Lo ha recordado el Papa: «Sí, la luz de Cristo brilla en las tinieblas, aunque las tinieblas no la hayan acogido. Sin embargo, este rechazo no hace que falte el amor de Dios». Y quien quiera oír, que oiga.