Pertur despareció hace 50 años, pero no se ha concluido todavía qué pasó con él
50 años de la misteriosa desaparición de Pertur: las pruebas que apuntan a un ajuste de cuentas dentro de ETA
La última vez que fue visto con vida fue el 23 de julio de 1976, acompañado por Miguel Ángel Apalategui, alias Apala, y Francisco Mujika Garmendia, alias Pakito, dos militantes que posteriormente ocuparían posiciones destacadas dentro de ETA
Han pasado cincuenta años desde que Eduardo Moreno Bergaretxe, alias Pertur, desapareciera sin dejar rastro en el País Vasco francés. Era el 23 de julio de 1976 y el dirigente de ETA político-militar, considerado el principal ideólogo de la organización en aquellos años, salió para mantener una reunión en San Juan de Luz de la que nunca regresó. Su cuerpo jamás apareció y, medio siglo después, su desaparición continúa siendo uno de los grandes enigmas de la historia de la banda terrorista.
En este medio siglo, la investigación judicial nunca ha logrado esclarecer qué ocurrió con Pertur. Frente a las teorías que durante décadas apuntaron a una actuación de la Policía española, los trabajos historiográficos más recientes sitúan el foco dentro de la propia ETA. Concretamente, el investigador del Centro Memorial de las Víctimas del Terrorismo, Gaizka Fernández Soldevilla, sostiene que la explicación más consistente apunta a que fue asesinado por miembros de la organización enfrentados a su estrategia política y que su cuerpo pudo ser arrojado al mar.
Procedente de una familia acomodada de San Sebastián, Pertur era, a sus 26 años, una de las figuras intelectuales más influyentes de ETA, a la que ingresó tras el proceso de Burgos de 1970 y ascendió rápidamente hasta integrarse en su oficina política. Marxista convencido, fue el autor de numerosos documentos internos, comunicados y ponencias, entre los que destaca el comunicado con el que ETA reivindicó el asesinato del presidente del Gobierno, Luis Carrero Blanco, en diciembre de 1973.
Tras la muerte de Franco, defendió que la inminente Transición abría una oportunidad para reducir el protagonismo de la lucha armada y construir un movimiento político capaz de disputar el poder por vías democráticas, lo que chocó frontalmente con el sector más militarista de ETA. También defendió alianzas con fuerzas de izquierda no nacionalistas, una propuesta considerada casi una herejía por los sectores más radicales de la organización.
Todo esto acabó convirtiéndole en un objetivo interno y, en plena escisión entre ETA militar y ETA político-militar, Pertur fue acusado por sus adversarios de ser un «liquidacionista», un término con el que los sectores más duros calificaban a quienes pretendían abandonar progresivamente la violencia o relegarla a un segundo plano.
La última vez que fue visto con vida fue el 23 de julio de 1976, acompañado por Miguel Ángel Apalategui, alias Apala, y Francisco Mujika Garmendia, alias Pakito, dos militantes que posteriormente ocuparían posiciones destacadas dentro de ETA y que mantenían una profunda enemistad con él. Ambos aseguraron que únicamente le trasladaron en coche hasta las inmediaciones de la frontera de Behobia, donde, según su versión, Pertur descendió del vehículo. Sin embargo, esa explicación ha sido puesta en duda durante décadas.
La propia ETA político-militar denunció inicialmente que Pertur había sido secuestrado por grupos parapoliciales y también circularon versiones que responsabilizaban a los servicios policiales españoles o a organizaciones que actuaban en el sur de Francia durante los primeros años de la Transición. Sin embargo, ninguna de esas teorías pudo sostenerse con pruebas.
Las investigaciones desarrolladas posteriormente tampoco hallaron indicios sólidos de una implicación de las Fuerzas de Seguridad. De hecho, parte de la documentación policial analizada refleja que los servicios de información conocían las posiciones de Pertur y consideraban que su apuesta por reducir la actividad armada debilitaba a ETA.
Tras un año de investigación, revisión documental y recopilación de nuevos testimonios, Gaizka Fernández Soldevilla considera que la explicación más probable apunta a un crimen cometido por integrantes de la propia organización. Según el investigador del Centro Memorial, Apala y Pakito reunían los tres elementos clásicos que sustentan una hipótesis criminal: móvil, oportunidad y capacidad.
Por si fuera poco, ese mismo día desapareció de Bayona una lancha, un medio de transporte que ETA utilizaba con frecuencia para cruzar la costa sin dejar rastro. Años después, un antiguo miembro de ETA político-militar aseguró haber escuchado a Apala afirmar que Pertur «estaba en el fondo del mar».