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Un bombero trabaja en las labores de extinción del incendio forestalEuropa Press

Los incendios, contados por quienes los están viviendo: «Lo peor es la incertidumbre»

Vecinos de diferentes municipios relatan a El Debate cómo han vivido las evacuaciones, el humo y la solidaridad surgida durante los incendios que asolan a España

Hay cifras que ayudan a medir la magnitud de una tragedia. Por ejemplo, las más de 40.000 hectáreas calcinadas o las casi 90.000 personas evacuadas o confinadas por los incendios que afectan a Ávila y la Comunidad de Madrid. Una catástrofe que está asolando a España y afectando a miles y miles de personas, que están viendo como sus últimos días están marcados por el miedo, la incertidumbre y la sensación de impotencia.

En Robledo de Chavela, uno de los municipios que tuvo que ser desalojado ante el avance de las llamas, la noche previa ya había dejado una sensación difícil de olvidar. La incertidumbre sobre el comportamiento del viento y la posibilidad de que el fuego alcanzara el casco urbano mantuvieron a muchos vecinos pendientes del horizonte durante horas. «Pasamos la noche en vela vigilando el horizonte por si cambiaba el viento. No llegamos a estar en peligro real, pero el rugido de los helicópteros de extinción desde primera hora de la mañana impresiona bastante», relata un vecino del municipio.

Pese a la tensión vivida, asegura que la emergencia también sacó a relucir la mejor cara del pueblo. «Al final, lo que te queda es un sentimiento de comunidad enorme». Una solidaridad que se repitió en otros municipios afectados, donde vecinos, voluntarios y familiares se organizaron para atender a los evacuados mientras el incendio seguía avanzando.

La incertidumbre fue precisamente el sentimiento más repetido entre quienes han seguido la evolución del incendio desde primera línea. Y es que la dirección cambiante del viento hizo que durante horas nadie tuviera claro hacia dónde avanzaría el fuego. Las llamas parecían dirigirse hacia un núcleo de población y, poco después, cambiaban completamente de trayectoria, obligando a modificar una y otra vez las previsiones y manteniendo en vilo a vecinos y servicios de emergencia.

Aunque lejos del frente de las llamas, el incendio también dejó su huella en buena parte del oeste de la Comunidad de Madrid. En Las Rozas, el humo y la ceniza recordaban que la emergencia estaba mucho más cerca de lo que reflejaban los mapas. «Desde la oficina la imagen era impactante porque se veía una densa capa de humo cubriendo parte de la sierra», relata un vecino del municipio, mientras que otro comenta que tuvo que detener su actividad en la piscina debido a la ceniza que estaba cayendo. «Lo peor ha sido la incertidumbre de ver la columna de humo tan cerca desde el jardín. Decidimos meter los coches en el garaje y refrescar la fachada con la manguera por precaución», aseguran.

Los vecinos ayudan a los bomberos a combatir un incendio forestal en la zona de Cebreros, cerca de Ávila, a 80 km al oeste de Madrid, el 24 de julio de 2026.
España declaró el estado de emergencia nacional en la Comunidad de Madrid y en la provincia de Ávila, cerca de la capital, el 23 de julio de 2026, a raíz de varios incendios forestales que ardían sin control. Los científicos llevan mucho tiempo advirtiendo de que el cambio climático provocado por el uso humano de combustibles fósiles hará que los periodos de sequía sean más intensos y prolongados, creando las condiciones ideales para los incendios forestales.

Los vecinos ayudan a los bomberos a combatir un incendio forestal en la zona de Cebreros, cerca de ÁvilaAFP

Otros vecinos, además del miedo por la evolución del fuego, también han abierto un debate sobre la gestión de los desalojos. «Marlaska dijo ayer que las instrucciones de desalojo no son recomendaciones, son de obligado cumplimiento, pero muchas viviendas, negocios y zonas se han salvado gracias a los vecinos que han desobedecido», sostienen. «El Estado se ha visto desbordado por los incendios y deben dejar a los vecinos que quieran que ayuden en las labores de extinción del fuego. Además, en esta zona la gente tiene una larga experiencia en la lucha contra los incendios», afirman.

Sea como fuere, y más allá de polémicas y opiniones, la solidaridad vecinal ha sido una constante en otras zonas afectadas. Por ejemplo, en la urbanización El Encinar del Alberche, en Villa del Prado, los residentes han organizado turnos para vigilar durante la noche que no reaparezcan rescoldos, han alquilado un generador para restablecer el suministro de agua y se coordinan para alimentar a las mascotas que permanecen en las viviendas evacuadas.

Su presidenta, Emilia López, reconoce el trabajo de Protección Civil, Guardia Civil y Bomberos, pero considera que el dispositivo ha resultado insuficiente para hacer frente a un incendio de semejante magnitud. «Nos sentimos abandonados», lamenta, mientras reclama un mayor apoyo institucional para afrontar las consecuencias del fuego.

En otros municipios, como Navaluenga, donde las llamas llegaron a las puertas del casco urbano, muchos vecinos también se han sumado durante estos días a las labores para evitar rebrotes, regando los terrenos ya quemados próximos a sus viviendas una vez superado el mayor riesgo. Una ola de solidaridad para enfrentar una de las grandes crisis que ha vivido España en este siglo.

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