La madre de Yéremi Vargas todavía busca a su hijo
Los grandes enigmas criminales de España (III): Yéremi Vargas, el niño que desapareció a 100 metros de casa
El Debate reconstruye este verano los casos que más desconcertaron a la Policía y a la Guardia Civil y que, años después, siguen dejando preguntas sin respuesta
La tarde del 10 de marzo de 2007 parecía una más en el barrio de Vecindario, en el municipio grancanario de Santa Lucía de Tirajana. Yéremi Vargas, de siete años, jugaba con varios primos suyos hasta que, poco antes de la hora de comer, subieron a la vivienda. Yéremi, sin embargo, permaneció unos minutos más en el solar. Según la reconstrucción realizada por la Guardia Civil, existe una ventana de apenas cinco minutos, entre las 13.45 y las 13.50 horas, en la que el niño quedó solo y desapareció sin dejar rastro. Cuando su madre, Ithaisa Suárez, volvió a llamarlo para que entrara en casa, ya no estaba. Han pasado casi dos décadas desde aquel momento y la investigación continúa abierta, con un único sospechoso y sin que la Justicia haya podido celebrar un juicio.
La alarma se extendió por el barrio casi de inmediato, momento en el que familiares, vecinos y conocidos comenzaron a buscar al menor por las calles próximas, mientras la Guardia Civil asumía la investigación y desplegaba un dispositivo que fue creciendo con el paso de las horas. Durante los días siguientes se rastrearon descampados, barrancos, invernaderos, pozos y caminos rurales con la participación de agentes especializados, unidades caninas, helicópteros y centenares de voluntarios. La rápida movilización permitió descartar que Yéremi se hubiera alejado por sus propios medios, pero también tuvo una consecuencia inesperada, y es que la llegada masiva de personas al lugar donde había desaparecido dificultó la conservación de posibles indicios durante las primeras horas de la investigación.
Ithaisa Suárez, madre de Yéremi Vargas (el niño en la imagen del fondo)
Pese a todo, las pesquisas permitieron reconstruir con bastante precisión lo ocurrido durante aquellos escasos minutos. Varios testigos aseguraron haber visto abandonar la zona un Renault 5 blanco, modelo Oasis, con una pegatina de una palmera en la parte trasera. También describieron al conductor como un hombre de entre treinta y cuarenta años que llevaba una gorra con visera y viajaba solo. Aquellas declaraciones llevaron a los investigadores hasta el propietario del vehículo: Antonio Ojeda Bordón, conocido en Vecindario como El Rubio.
Los investigadores fueron acumulando indicios alrededor de Antonio Ojeda mientras trataban de determinar si había estado realmente en el lugar de la desaparición. Uno de los agentes de la Unidad Central Operativa (UCO) que participó en la investigación explicó años después que quien se llevó al niño debía conocer perfectamente la zona, ya que el descampado donde desapareció era un lugar de difícil acceso para alguien ajeno al entorno. Esa hipótesis reforzó la idea de que el autor podía ser un vecino o una persona que frecuentara habitualmente Vecindario. La sospecha cobró todavía más fuerza años después, cuando, en 2016, Antonio Ojeda fue condenado a cinco años de prisión por agredir sexualmente a otro menor que jugaba en una calle de El Doctoral, también en Gran Canaria.
Fue precisamente durante su estancia en prisión cuando aparecieron algunos de los indicios más comprometedores. Por ejemplo, varios internos declararon que Antonio Ojeda había hecho referencias directas al caso y uno de ellos aseguró que, al conocer la condena por la agresión al otro menor, el sospechoso comentó que el caso de Yéremi «se le había ido de las manos» y que había tenido que «desaparecerlo». Otro recluso relató una conversación distinta en la que Ojeda atribuía la muerte del niño a un vecino que posteriormente habría quemado el cuerpo, una versión que más tarde negó. Ninguna de aquellas manifestaciones pudo convertirse por sí sola en una prueba suficiente para sostener una acusación, pero pasaron a formar parte del procedimiento y reforzaron las sospechas que ya existían sobre él.
La causa fue archivada provisionalmente por falta de pruebas, aunque la familia nunca dejó de reclamar nuevas diligencias. Posteriormente, el procedimiento volvió a reabrirse a petición de la acusación particular, dirigida por el abogado Marcos García Montes, convencida de que todavía quedaban líneas de investigación por agotar. Así, uno de los avances más relevantes llegó cuando el Juzgado de Primera Instancia e Instrucción número 2 de San Bartolomé de Tirajana acordó solicitar al Servicio Canario de Salud el historial médico completo de Yéremi. El objetivo era acreditar que el niño padecía cianosis desde su nacimiento, una alteración que provocaba que su piel adquiriera una tonalidad azulada cuando sufría estrés o falta de oxígeno. La razón detrás de esa diligencia es que uno de los presos que declaró contra Antonio Ojeda aseguró que este había comentado que Yéremi «se puso azul», un detalle que nunca había trascendido públicamente y que, en principio, solo conocían sus familiares y los médicos que lo habían tratado.
Pese a las sucesivas diligencias practicadas durante los últimos años, la investigación no ha conseguido reunir pruebas suficientes para procesar a Antonio Ojeda por la desaparición del menor. El conocido como El Rubio, que abandonó la cárcel en 2020 tras cumplir la condena por la agresión sexual a otro niño, continúa siendo el único sospechoso del caso, aunque nunca ha sido juzgado por estos hechos y siempre ha negado cualquier implicación.