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Trabajadores españoles en Alemania, en 1963EFE

Inmigración no es delincuencia: el caso de los españoles en Alemania en los años sesenta

La tasa de delitos de los emigrantes de España era incluso inferior a las de los nacidos en Alemania

La inmigración no es sinónimo de delincuencia. El mejor ejemplo ello es la emigración española de los años sesenta del siglo XX en Alemania. Su integración y respeto a las normas fue tal que su tasa de delincuencia no sólo era la más baja entre las grandes comunidades extranjeras, sino incluso inferior a la de los propios alemanes, según recogen los informes policiales de la antigua Alemania Federal.

A lo largo de la década de 1960 y principios de 1970, el porcentaje de delincuentes españoles con respecto a su población residente en la República Federal de Alemania (RFA) se mantuvo muy por debajo de los cinco países de origen extranjero mayoritarios (Italia, Grecia, España, Turquía y Yugoslavia). Incluso por debajo de la tasa de delincuencia de la propia población nativa alemana.

La tasa de delincuencia de los españoles era del 1,14 %, inferior a la de italianos (2,18 %), griegos (2,33 %), turcos (3,57 %) y yugoslavos (7,82 %). La tasa de delincuencia de los españoles era la mitad que la de los alemanes de edad laboral (entre 18 y 65 años), situada en el 2,24 %.

Los datos pertenecen al informe de 1965 de la Estadística Policial de Criminalidad elaborado por la Oficina Federal de Investigación Criminal (BKA, por sus siglas en alemán) de la antigua Alemania Federal. En el informe de ese año se recoge un estudio detallado de las cifras de delincuencia comparadas con la población residente de cada país. Los resultados arrojan conclusiones incuestionables sobre el excelente nivel de integración, baja conflictividad social y excelente conducta ciudadana de la comunidad española.

Cuando los españoles infringieron la ley, lo hicieron mayoritariamente con delitos leves o menores. Los robos simples (generalmente pequeños hurtos en comercios o almacenes) y las faltas por disputas de convivencia representaron más del 60 % de sus expedientes. Su implicación en delitos graves (homicidios, incluidos en grado de tentativa) fue históricamente residual, con proporciones inferiores al 0,5 % del total de conductas punibles, según el análisis de El Debate de los informes policiales anuales entre 1959 y 1973 en la RFA, cuando más de medio millón de españoles salieron a buscar trabajo a la Alemania capitalista.

La tasa de delincuencia de la población extranjera en Alemania en los años sesenta fue en aumento conforme crecía el número de inmigrantes. En el año 1960, los infractores extranjeros suponían el 2,3 % del total; en 1965, el 5,5 %; y en 1973, el 12,4 %, ya con Turquía como país de origen con más delitos entre los trabajadores extranjeros, o trabajadores invitados (Gastarbeiter), como se les denominó.

Imagen del informe estadístico policial de 1965 de Alemania FederalEl Debate

Esa cifra queda muy lejos de las tasas actuales de criminalidad de la población foránea en Alemania. Según el último informe de la policía alemana, el 40,1 % de los delitos cometidos en el país fue por un ciudadano extranjero, con Turquía, Siria y Rumanía como principales países de origen de los infractores.

Factores de integración

Los índices de delincuencia de los diferentes grupos nacionales no respondían a factores intrínsecos de carácter nacional, sino fundamentalmente a las dinámicas de inserción social. A diferencia de otros grupos caracterizados por una presencia abrumadoramente masculina y soltera (como las primeras fases de la emigración turca y yugoslava), los españoles en la Alemania Federal presentaron unas proporciones más altas de inmigración familiar. En 1965, el 28,7 % de los Gasterbeiter españoles eran mujeres. La presencia de cónyuges ejerció un poderoso control social informal.

Los inmigrantes españoles desarrollaron además sólidas redes de apoyo social y asociacionismo (centros españoles, misiones católicas), que amortiguaron el choque cultural y las dificultades lingüísticas. Esta cohesión interna contuvo las situaciones de desamparo o frustración, reduciendo la propensión al delito.

Un factor clave en la baja tasa de delincuencia española fue el respeto a las leyes de extranjería, residencia y pasaportes. Mientras que el colectivo yugoslavo registró tasas elevadas debido al quebrantamiento de leyes de extranjería (más de la mitad de sus delincuentes en 1965 se debió a esto), los españoles registraron índices insignificantes de irregularidad, debido a que su migración estuvo casi enteramente canalizada y legalizada a través del Instituto Español de Emigración.

El pico de casi 300.000 españoles residentes en Alemania en 1973 descendió abruptamente con la crisis del petróleo: una década después, la mitad ya habían regresado a España. El resto echó raíces, manteniendo la cifra estable hasta la crisis de 2008, cuando miles de españoles salieron de nuevo a buscar en Alemania el trabajo que no encontraban en España. Esta vez bajo el paraguas del Espacio Schengen y, de nuevo, sin problemas con la justicia. En el informe de la policía alemana de 2025, España, irrelevante en la estadística de criminalidad, ni siquiera aparece en listado de delitos según nacionalidad.