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El Perfil

Fran Martín, el delirante delegado para el que Ceuta no vale una marcha

Ceuta, esa crisis global que ha destapado tantas miserias de este Gobierno, le ha abierto a este conspicuo sanchista su particular ventana de oportunidad. Con freno y marcha atrás, el martes mandó una notificación al alcalde Almeida para desautorizar la marcha en defensa de la ciudad

Desde que Francisco Martín Aguirre (Madrid, 45 años), delegado del Gobierno en la capital de España y ex secretario general de Presidencia, aseguró en el famoso docupedro, que ninguna televisión ha comprado, que España debería de estar orgullosa del palacio de La Moncloa y, por consiguiente, de que allí viva Pedro Sánchez, nadie dudó de que había tocado fondo. Pero no. Ceuta, esa crisis global que ha destapado tantas miserias de este Gobierno, le ha abierto a este conspicuo sanchista su particular ventana de oportunidad. Con freno y marcha atrás, el martes mandó una notificación al alcalde Almeida para desautorizar la marcha en defensa de la ciudad española invadida, con el fin de desmovilizar a los participantes. Pretextando un tecnicismo –debía tener la consideración de acto institucional, aseguró después– el delegado, como buen embajador del sanchismo, intentó boicotear una protesta que se intuía demoledora contra el desastre de gestión de Pedro Sánchez en la ciudad autónoma. Luego, como en pandemia con las víctimas y en Ceuta con los asaltantes, tampoco supo contar el número de madrileños que refutaron en las calles la incuria de Moncloa con la ciudad autónoma. Contó Fran, como le llaman los amigos, 50.000 manifestantes, mientras el Ayuntamiento los cifraba en 150.000

En el rifirrafe en las redes con Ayuso y Almeida para evitar la gran foto de la unidad de los madrileños frente al servilismo de Sánchez con Mohamed VI, Martín llamó «bulera» a la presidenta –a la que ya responsabilizó de las muertes de ancianos en las residencias durante la Covid. Eso sí, todo trufado de alusiones al «pelotazo» del ático, que «cada vez apesta más». Martín, ingeniero de montes madrileño, es un tuitero veloz, alumno aventajado de Óscar Puente, y como en el caso del ministro de Transportes, la gran pregunta que genera su hiperactividad en las redes es si reserva algo del tiempo sufragado por nuestros impuestos para cumplir con su obligación; en el caso del delegado, que lo es desde 2023, nada menos que ejercer de jefe de las fuerzas y cuerpos de seguridad desplegadas en la región, asistir a los ciudadanos en materia de registros y trámites de la Administración General, autorizaciones y protección civil. Este delegado, marcado por el sectarismo, ha llegado a favorecer protestas propalestinas que dieron al traste con el final en la capital de la vuelta ciclista a España. A nadie extrañó que el brazo armado socialista contra Díaz Ayuso aplaudiera una actuación perfectamente planificada en Moncloa, que el propio presidente bendijo desde Málaga horas antes del boicot de la prueba deportiva y que se tradujo en una orden política clara: dejar hacer y no actuar contra los manifestantes.

Martin es el quinto delegado del Gobierno que ha nombrado Moncloa desde que llegó Ayuso al poder. Sánchez inauguró este trasiego con Uribes, siguió con García Vera, continuó con José Manuel Franco (aquel que pidió retorcer el tema de las residencias para ir contra Ayuso), pasó por Mercedes González (hoy directora imputada de la Guardia Civil) hasta culminar en este fontanero socialista, el más hostil con el PP. Un auténtico soldado monclovita en un territorio en el que Sánchez no gana ni al parchís. Este ingeniero por la Universidad Politécnica ha sido director de Administración y Finanzas del PSOE, buscó financiación para las primarias del presidente en 2017 y desde la moción de censura pasó a formar parte del núcleo duro de Sánchez como director del Gabinete Técnico de la Secretaría general de la Presidencia –su implicación durante esa época en el nombramiento de Cristina Álvarez como asistente de Begoña Gómez le llevó a la imputación, que luego le fue levantada. Precisamente hace unas horas volvía a arremeter en redes contra el juez Peinado. Justificaba Aguirre que «se puede insinuar la posibilidad de que el que delinca sea el juez ¿no?». La cercanía de la vista oral contra la esposa del presidente le tiene muy nervioso.

De hecho, cuando Martín fue nombrado, lo primero que avanzó es que «mi misión es desplegar las políticas de Pedro Sánchez en Madrid». Para qué iba a disimular. Él entró en la carrera para quitarle el puesto a Juan Lobato y ser el candidato a la Comunidad por el PSOE. Pero se le adelantó Óscar López como avanzadilla para hundir más el próximo mayo al PSM: Pedro prefiere a Fran malquistando desde la Delegación contra su némesis, la presidenta regional. Cómo olvidar aquel 2 de mayo cuando se estrenó Martín aplaudiendo que Félix Bolaños se colara en la fiesta autonómica a la que no había sido invitado. Entre sus «logros» más valorados por Su Sanchidad está haber sido el ejecutor de la exhumación de los restos de Franco del Valle de los Caídos. Fue su catapulta haber contribuido a que su jefe, según se ufana, pase «a la posteridad».

Desde que Martín dejara el corazón del sanchismo en Moncloa como secretario general de la Presidencia (2021-2023), en el que sustituyó a su amigo Félix Bolaños, el panorama en la capital es un campo de batalla. Su enfrentamiento contumaz con Isabel Díaz Ayuso y con Martínez Almeida ha arrasado las buenas maneras, el decoro político y hasta la educación básica. No se salvó del sectarismo ni el dispositivo de seguridad de la cumbre de la OTAN, ni la acogida de menores inmigrantes, ni el apagón, ni los continuos roces institucionales. Sin obviar que desde los Gobiernos del PP probablemente también se han cometido errores, es insostenible que el delegado del Gobierno no se hable con los otros dos cargos institucionales madrileños, que haya roto cualquier puente, y que haga campaña para derribarlos, con la anuencia del candidato López, con el que cada primavera monta mascaradas alternativas para opacar la conmemoración del levantamiento del 2 de mayo y dañar las celebraciones del pueblo de Madrid, paradójicamente su pueblo.

Entre sus cartas credenciales se halla haber afirmado que Bildu ha hecho más por los españoles que «todos los patrioteros de pulsera». Ya lo dijo Koldo a Santos Cerdán en las conversaciones que se hicieron públicas hace unos meses: «Ah, por cierto –le advirtió en 2022 el lugarteniente de Ábalos al exsecretario de Organización socialista– ten cuidado con Fran en Moncloa. Me han comentado que es un hijo de p… con patas». Y Santos le contestó: «Ya lo sé». Lo que ya saben los madrileños es que para Francisco Martín Ceuta no vale una marcha.