Miguel Ángel Pérez Triano
El Perfil
Triano, el delegado ceutí al que sus mentiras acercan al abismo
Nombrado por Pedro Sánchez el pasado febrero como trampolín para ser candidato en las municipales del próximo mayo, está protagonizando estos días un auténtico sainete
El informe PISA ha dejado a los alumnos españoles por los suelos en comprensión lectora. Lo que no sabíamos es que un pedagogo por la UNED, como Miguel Ángel Pérez Triano (Ceuta, 1983), a la sazón delegado del Gobierno en Ceuta, careciera de los mínimos rudimentos en la materia. Nombrado por Pedro Sánchez el pasado febrero como trampolín para ser candidato en las municipales del próximo mayo, está protagonizando estos días un auténtico sainete. La dimisión de su número dos, Gonzalo Sanz, que sostiene que el delegado conocía la alerta del CNI sobre el cruce masivo, ha colocado a su jefe al borde del abismo, abonado a la mentira como buen sanchista. Tras una conversación el 29 de julio de once minutos entre su jefe de gabinete dimitido y miembros de la Inteligencia sobre los movimientos anómalos en la frontera, Pérez sostuvo en una delirante rueda de prensa que no se enteró de esa alerta.
Insistió el delegado que fueron conversaciones «informales», las rebajó a un «intercambio informal de información», como si la amenaza de violación de la frontera sur de Europa en África fuera materia de chascarrillos. Sin embargo, se trataba de un informe más concreto, de contenido «táctico», que ya analizaba los llamamientos entre 180.000 marroquíes aprovechando la festividad del Trono. Sin olvidar que la Guardia Civil había solicitado refuerzos semanas antes de la avalancha. El colmo del desahogo lo firmó el representante del Estado en la ciudad autónoma cuando aseguró que los avisos de inteligencia necesitaban ir en «sobre lacrado».
El todavía delegado -ahora acusado de mentir por su subordinado, al que ha depurado sin asumir él ninguna responsabilidad- es la autoridad encargada de aplicar las directrices del Ejecutivo en materia de inmigración, seguridad y coordinación policial. Desconocedor de su altísima misión, mantiene que esos datos con los que contaba el CNI deberían haberse trasladado a Marlaska y no a él. Como si su cargo no conllevara la obligación de activar los mecanismos de prevención y alertar, en su caso, a su jefe de Interior. Quizá por eso, desde hace un mes los ciudadanos caballas reciben siempre al grito de «dimisión» o «traidor» a este maestro de profesión, que ejerció en centros educativos de Madrid y llegó a ser profesor de español en el CETI de Ceuta entre 2010 y 2013. Huérfano de padre desde muy joven, está casado con una familiar de un exalcalde ceutí, Fructuoso Miaja Sánchez, y se ha convertido en el último dique de Moncloa ante la terrible crisis ceutí.
Triano es una pieza más de la estrategia sanchista para colocar peones en instituciones -Ministerios, Delegaciones del Gobierno…-, que luego usa como plataformas para encabezar candidaturas electorales. Con seis meses en el cargo, como paso previo a las elecciones autonómicas de dentro de ocho meses, la madre de todas las tormentas ha caído sobre él y manifiestamente se lo va a llevar por delante. Tan fuerte se ha sentido que osó desmentir con una nota de prensa a la mismísima ministra Margarita Robles, cuando esta aseguró que nuestros espías habían advertido previamente de la violación de nuestra frontera en el norte de África. Por mucho que se niegue a abandonar, ya sabe que está muerto políticamente: según las últimas encuestas, el PSOE está a punto de desaparecer en esa ciudad autónoma, ya que entrega casi el 30 por ciento de sus votos a Juan Jesús Vivas, al que Moncloa ha querido tumbar con la guerra sucia habitual. De hecho, a Triano la debacle ceutí lo fulmina. Casi seis de cada diez de los tradicionales electores del PSOE prefieren a Vivas de alcalde-presidente que a su propio candidato, que es el que tiene peor valoración entre todos los líderes políticos.
Además, el hombre de Sánchez en Ceuta ha fracturado internamente al partido local. Colocado como líder socialista ceutí por el presidente y Cerdán, nunca ha controlado el grupo parlamentario de la Asamblea, que mantiene un portavoz que no le es afín, a pesar de que sus compañeros denuncian que ha colocado a familiares y leales en distintos órganos para colonizar el partido. El diputado socialista Melchor León le ha acusado de «mirar para otro lado mientras esta ciudad se desangra. Un cargo que no da la cara ante su gente en el peor momento de las últimas décadas no puede seguir representando a los ceutíes. Por eso pido, alto y claro, su dimisión». No parece haberle hecho caso. Pero sabe bien que si él no toma la iniciativa los ceutíes en unos meses le mandarán al cadalso. Está a tiempo de adelantarse.