Fundado en 1910
De lunes a lunesFrancisco Rosell

55 días en Ceuta: Sánchez no parará hasta persuadir de que es bueno entregarla

O Ceuta (y los españoles con ella) acaban con Sánchez o éste acaba con Ceuta (y con la España constitucional), al haber elegido éste ya al señor al que servir

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, durante una sesión de control en el Congreso

El calagurritano Quintiliano, uno de los mejores oradores de la Roma imperial, solía advertir que «al que acostumbra a mentir le conviene tener buena memoria». Pero ello ya no rige en la era de la posverdad en la que a un embuste suple otro mayor. Como acredita «Noverdad» Sánchez al que jamás se ha oído de su boca verdad alguna. De hecho, en el estado de mentira en el que vive, todo lo hace de suyo mentiroso. Aun así, pese a acumular indultos y amnistías a sus socios golpistas, así como la apertura de celdas a presos etarras con condenas centenarias, no había alcanzado el nivel de sumisión que adopta con Marruecos después de rendirle la frontera de Ceuta el 30 y 31 de julio a los 80.000 hijos de Mohamed VI en una invasión que ha merecido la repulsa del Parlamento europeo, pero no del Gobierno y del Congreso de la nación invadida.

Tal muestra de deserción sólo es equiparable a la España de Godoy ante las tropas napoleónicas en la Corte de Carlos IV. Cuando los ejércitos franceses comenzaron a cruzar los Pirineos en dirección a Portugal para completar el bloqueo continental a Gran Bretaña, muchos españoles miraron con desconfianza su presencia en suelo peninsular y el diputado catalán Antonio de Capmany avisaba a quienes argüían que no había razón para la desconfianza: «Vivan ustedes en paz con sus creencias mientras yo vivo con mis temores». Observando las huestes galas acantonadas a las afueras de Madrid, insistió contra quienes le rogaban inútilmente calma: «Si este ejército viene de paz a una nación amiga, ¿a qué son tantos aparatos?». No tardaron los hechos en refrendar su lucidez.

Como sobresaliente en mentiras de Sánchez, descuella el réprobo ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska. Después de exonerar a Marruecos con su palinodia de «las cosas suceden a veces y no implican responsabilidad de nadie» como si lo de Ceuta hubiera sido una catástrofe natural y de tildar de «sentimiento de inseguridad subjetiva» las agresiones y violaciones que hacen inhabitable la ciudad, acaba de provocar el traslado a Madrid del encuentro previsto de la selección española de fútbol sub-20 contra México que debía jugarse en Ceuta.

Haber saboteado el partido de la selección española en Ceuta es avalar de facto el relato de las autoridades marroquíes como ciudad a retrotraer a aquel del que nunca fue

Asegura ahora el balandrón de la subjetividad que no puede garantizar objetivamente un dispositivo policial adecuado. ¿Cómo puede esgrimir tamaña impotencia del Estado dando hoy por bueno un documento policial aludiendo a la «situación excepcional» que refutaba si no fuera para boicotear este choque fijado allí para homenajear a los ceutíes ante las apetencias expansionistas de Marruecos? Como dice el clásico, «la vergüenza, una vez perdida, imposible sería hallarla».

Ello reincide en la idea de que lo que le horroriza a Sánchez, al estar pillado por sálvese la parte, es no molestar a Marruecos desdeñando la integridad, seguridad y salubridad de los ceutíes. A este fin, favorece la degradación de Ceuta construyendo acampadas permanentes de ilegales a fin de que los caballas vayan asumiendo lo que él mismo determinó como «realidad estructural» hasta la estación término de su dación a un sátrapa al que no le importa usar a sus súbditos como carne de cañón, aunque muchos perezcan ahogados a cientos como en la última incursión. Después de prometer que devolvería a Marruecos a quienes perpetraron la «violación de la integridad territorial», según verbalizó en su viaje exprés a Ceuta para luego irse a descansar a La Mareta, Sánchez amplía por días las plazas de alojamiento de ilegales en instalaciones que envidian los policías y guardias civiles desplazados hasta allí.

Haber saboteado el partido de la selección española en Ceuta es avalar de facto el relato de las autoridades marroquíes como ciudad a retrotraer a aquel del que nunca fue y proyectar esa imagen al exterior por un Gobierno servil del invasor. Ignorarlo es de ciegos. Así, mientras el seleccionador español Luis de la Fuente proclama con orgullo «¡Esto es Ceuta, esto es España!» y con él toda la afición, el Gobierno priva a Ceuta de esa distinción de la selección en pro de la renuncia que Sánchez se arroga por su cuenta, al igual que obró con el traspaso del Sáhara.

En efecto, al cabo de estos 55 días en Ceuta, rememorando la película de Nicholas Ray con Charlton Heston y Ava Gardner como grandes protagonistas sobre cómo las embajadas en Pekín afrontaron la sangrienta revuelta nacionalista desencadenada por los bóxer dedicados a asesinar cristianos, ya no alberga dudas de cuál es la estrategia de aquietamiento de Sánchez para su pago en especie a Mohamed VI tras el hackeo de su móvil. Y, sabiendo lo que busca, hay en marcha una gran operación para que a su desistimiento se sume una parte sustancial de la opinión pública tras persuadirla de que lo mejor es rendirse –como en la Inglaterra de Chamberlain– de modo que el inquilino de la Moncloa pueda presentarse como un César visionario en vez de un traidor de cuota a las órdenes de Mohamed VI.

Para este amoldamiento, mientras el Gobierno deja correr el desorden no para evitar el conflicto con Marruecos, sino para ponerlo en ventaja, de modo que los ceutíes emprendan por ellos mismos su «operación salida», la factoría de la Moncloa opera para que lo impensable sea lo inevitable luego de cubrir determinadas metas volantes hasta que Sánchez se corone rey de la «nueva normalidad», aunque el pelota número 1, Puente, se anticipara hace semanas en enfundarle ese maillot.

En este sentido, un presidente títere como Sánchez cuenta con aliados a cierta prensa mercenaria que acoge sus propagandas dictaminando que la mejor manera de cerrar la crisis entre España y Marruecos es dándole la razón a quien la ha creado, esto es, entregándole lo que nunca le perteneció, como escribía el sábado Tahar Ben Jelloun en El País dando carta de legitimidad al irredentismo magrebí. Al volver a usar fraudulentamente el factor geográfico, como si la geografía decidiera la geografía, el insaciable expansionismo marroquí pondría igualmente sus ojos a las Islas Canarias como siguiente jalón.

El éxito cosechado por el PP y Vox en Europa sacando adelante una resolución nítida sobre la españolidad de Ceuta verifica una Oposición de Gobierno frente a un Gobierno de Oposición

Pero también hay extraños compañeros de viaje como esas estrellas del Real Madrid arrugando su camiseta de apoyo a Ceuta después de que su presidente Florentino Pérez, quien ha tratado de borrar el borrón echándole una lechada encima desplazándose a la ciudad junto al gran figura caballa Pirri, pusiera el club al servicio de un futbolista tarambana al que él mismo ha mal criado como Vinicius hasta largar a un entrenador como Xavi Alonso. Claro que el boicot, dada su inteligencia dentro y fuera del campo, cabe achacárselo a Mbappé con su desobediencia al club que le contrata, la afición que le paga y al país que le acoge y al que su sosias Vinicius insultó –tomando la parte por el todo– llamándole racista, lo que le inhabilitaría para ser sede del Mundial 2030, si bien ello no le ha impedido luego embolsarse sus buenos millones sacándole la lengua a la afición tras su renovación cuasi «ad aeternum». Di Stefano debe estar removiéndose en la sepultura.

En esas circunstancias, frente a una poderosa diplomacia marroquí ante la incomparecencia de la española del menguado Albares, es sumamente valioso el éxito cosechado por el PP y Vox en Europa sacando adelante una resolución nítida sobre la españolidad de Ceuta tras la invasión marroquí en su guerra híbrida contra España. Ello verifica una Oposición de Gobierno frente a un Gobierno de Oposición y concreta la verdadera «prioridad nacional» más allá de ditirambos partidistas.

Sin esa reacción inteligente y la movilización de los ceutíes en favor de su supervivencia como ciudadanos españoles en la tierra que los vio nacer, como la protesta de ayer y de tantas jornadas, no se dirimirá convenientemente el auténtico dilema de esta hora crítica: o Ceuta (y los españoles con ella) acaban con Sánchez o éste acaba con Ceuta (y con la España constitucional), al haber elegido éste ya al señor al que servir. Al fin y al cabo, no deja de ser una formulación actualizada de aquella otra pregunta que el poeta Catulo dirigió contra el tirano Nonio al observarlo empingorotado sobre una cuadriga triunfal en plena degradación de Roma: «¿A qué muladar lleváis ese carro de basura?»