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Alberto Núñez Feijóo y Santiago Abascal comparecen tras el adelanto electoral

Alberto Núñez Feijóo y Santiago Abascal comparecen tras el adelanto electoralEFE

PP y Vox llegan a la precampaña con cuatro gobiernos y sin reproches mutuos ante la disyuntiva de «Sánchez o España»

  • Feijóo y Abascal mantienen la prudencia ante la cita con las urnas el 29 de noviembre pese a la victoria en las encuestas

En Génova y en Bambú son plenamente conscientes de que las del 29 de noviembre no son unas elecciones más en el calendario. Poco después de que Pedro Sánchez anunciara el adelanto electoral tras 72 horas de rumores, tanto Alberto Núñez Feijóo como Santiago Abascal celebraron la noticia, al ser este un reclamo que llevan exigiendo al presidente socialista desde el principio de la legislatura ante el atropello que suponía la amnistía pactada para acceder al poder y durante estos años antes los sucesivos escándalos. Ambos plantean estos comicios como un plebiscito: Sánchez o España.

«Es algo más que escoger entre dos partidos. Se trata de elegir entre un proyecto de ambición personalista o un proyecto de país. (...) Esto va de que España le gane a Sánchez y a lo que representa, de que la nación y la democracia venzan a quien más daño le han causado», afirmó el presidente del PP. «Ahora tocará aplicar las recetas que nos devuelvan la libertad, la paz y la prosperidad que un Gobierno mafioso quiere arrebatarnos definitivamente. No lo van a conseguir. Esta es la última oportunidad para una inmensa mayoría de españoles y no la vamos a desaprovechar», recalcó el líder de Vox.

Desde hace muchos meses las encuestas otorgan a ambos una victoria rotunda frente a la izquierda. La media de sondeos pronostica para la suma de los dos partidos más de 200 escaños en estos momentos. No obstante, uno y otro mantienen la prudencia, dado el antecedente de 2023, que rompió los esquemas previos a la noche electoral. Pero al margen de ello, refleja una tendencia y, por otro lado, constata a nivel nacional lo que de facto sí se ha producido con contundencia en las cuatro regiones donde los españoles se han pronunciado en las urnas durante todo este 2026.

En 2023 el escenario era muy distinto. En las autonómicas y municipales hubo un pronunciamiento claro de los electores, que pedían con más o menos fuerza un entendimiento entre PP y Vox, como ya se había probado por primera vez en Castilla y León un año antes. En ese momento, las reticencias al acuerdo eran muchas, en algunos casos tan sonadas que incluso se planteaba un adelanto electoral, como en Extremadura, máxime con las generales en el horizonte.

En el PP pesaba el miedo a que les unieran a Vox de tal forma que la izquierda pudiera azuzar la alarma por «la ultraderecha», en Vox pesaba el miedo a ser considerados «la muleta» del PP y no una alternativa a las políticas que recriminaba a unos y otros. A algún pacto se llegó antes, a otros in extremis. Pero de ese periodo electoral salieron cinco pactos: cuatro para compartir gobierno y otro para apoyar a los populares sin entrar en él.

El reparto de los menores no acompañados entre las regiones, y en un contexto en el que Vox bajaba en las encuestas, llevó al partido de Abascal a salir de todos ellos y a pasar de nuevo a la oposición, desde donde volvieron a elevar el tono contra la formación de Feijóo. Los reproches eran mutuos. Y fueron a más hasta tal punto que la imposibilidad de acuerdo para los presupuestos llevó a un adelanto electoral en cadena: primero Extremadura, después Aragón. Le siguieron Castilla y León y Andalucía.

La contundencia de los resultados en las urnas urgió de nuevo a ambos a sentarse y sellar un acuerdo en cada una de estas regiones para compartir de nuevo gobierno en base a un programa donde unos y otros cedieron. El PP, algunos de cuyos barones habían rechazado pactos con Vox, los había naturalizado, y Vox, que calificaba a los populares de «estafa», había accedido a un acuerdo de máximos y volver a la gestión, pese a los riesgos. Desde entonces, unos y otros han defendido estos acuerdos y han rebajado el tono, asumiendo que los votantes de ambos urgen en estos momentos a desalojar a Sánchez y al PSOE del poder y a un cambio. O podría ser tarde.

La portavoz del PP en el Congreso, Ester Muñoz, describía en julio el escenario actual, en un desayuno informativo, como un momento de «urgencia nacional», donde debía primar lo que une a ambos que lo que les separa para pasar página de la era Sánchez. Y desde Vox, el jefe de la delegación europea, Jorge Buxadé, afirmaba en una entrevista con El Debate el pasado agosto que la cuestión era entender que España está en una situación de «emergencia democrática».

Así, ambos se encaminan a una precampaña a contrarreloj. Este mismo lunes, cuando ya se conocía el adelanto electoral Abascal reiteró que su relación con Feijóo es cordial y que los dos saben que España necesita un «cambio radical» en este momento, al tiempo que han demostrado ser capaces de ponerse de acuerdo. Comparten buena parte del diagnóstico, pero, según señaló, probablemente no están tan de acuerdo en las soluciones para la reconstrucción de España, algo que, no obstante, considera «pecata minuta al lado de lo que tenemos enfrente y de las elecciones que afrontamos».

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