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Montserrat Mínguez García, ya exportavoz socialistaÁngel Ruiz

El perfil  Montse Mínguez, la segunda caída desde el piso 30 de la portavoz de Sánchez

Montserrat Mínguez García (Lérida, 50 años) consiguió que hasta el viernes sus compañeros Patxi López y Félix Bolaños restaran importancia a las noticias sobre los negocios de su pareja. También el jueves Pedro Sánchez, desde Bruselas, pasó de puntillas por el asunto. Pero todos sabían ya que estaba tocada de muerte. El lunes, a pocas horas de que saltara la información, la portavoz del PSOE acudía a la Fiesta Nacional. La acompañaba su pareja, Sergi Vélez Viola, ataviado con traje oscuro, gafas de sol y ocultando ambos que las inversiones inmobiliarias del marido, con 30 pisos y apartamentos en alquiler, eran un torpedo contra la estrategia socialista sobre la vivienda para las elecciones del 29-N y, sobre todo, desenmascaraba la doble moral de Mínguez, desgañitada como portavoz de la federal socialista en las últimas semanas insultando a los que, como Sergi, hacen negocio de la compraventa de viviendas.

La renuncia anteayer de la que pasaba por ser el enlace entre el PSC y el PSOE da al traste con la estrategia que había establecido el partido de Salvador Illa para que Mínguez encabezara su candidatura al Congreso por Lérida. De nuevo, otro fracaso —y parece que ya es el definitivo— de la socialista catalana, que acumula ya otro importante. Hace ocho años que salió del Ayuntamiento de su localidad natal, del que había sido primera teniente de alcalde y edil de Hacienda; desde donde vivió los complicados años del procés, ofendida porque su partido no la había elegido sucesora del histórico regidor del que ella era mano derecha, Ángel Ros, que se marchaba camino de la embajada de España en Andorra. Mínguez se sometió a primarias y perdió frente a Félix Larrosa, que se convertiría en alcalde leridano. Eso ocurrió el año en que Sánchez ganó la moción de censura y ella ya era la pareja de Sergi, hijo de un constructor de la zona que murió en un accidente de coche y legó a su hijo una formidable fortuna, amasada en la compañía «Urbanización Viales Edificios Sociedad Anónima» (UVESA), que luego abocó a la empresa Nest Capital, un grupo con actividad en el sector de la vivienda. Hoy sabemos que mientras la ya exportavoz nacional de Ferraz atacaba a los propietarios, a los que llamaba carroña, convivía con un señor que tiene 30 pisos, negocia con ellos, incluso ha promovido procedimientos de desahucios por impago —tres al mismo tiempo— y algunos de sus caudales pueden haberse puesto, según algunas informaciones, a buen recaudo en paraísos fiscales.

Montse Mínguez, exportavoz del PSOEEP

Pero la enfadadísima Montse abandonó el Ayuntamiento leridano habiendo dejado bien situado a su novio con una controvertida decisión urbanística que la persiguió a Madrid: había aprobado como concejal un cambio legal en Lérida que supuso ganancias millonarias a su novio en la urbanización Botànic, con la venta de dúplex, áticos y viviendas de lujo. Hecho el trabajo y desairada por sus compañeros, se apresuró a pedir el traslado a la capital de España para hacer carrera a la sombra del sanchismo y olvidar así el desprecio de sus paisanos, que siempre criticaron en ella sus modos altivos desde que ingresara en la política municipal con 27 años, tras licenciarse en Administración y Dirección de Empresa y haber trabajado de profesora asociada en la Universidad de Lérida. Aquí viene un misterio académico que también la acorrala: la hasta hace 48 horas portavoz socialista dice que se licenció en 1995 aunque ese año Mínguez solo tenía 19, lo que hace materialmente imposible haber culminado una carrera universitaria. La titulitis parece que también infectó a esta socialista que, como su jefe, parece haber usado su currículum como forma por aparentar lo que no se es.

Madre de dos niños y divorciada, apenas han trascendido detalles sobre su primera relación, pero sí presume en redes de su cercanía con su hermano, con el que comparte su afición por el tenis. Desde 2019 es diputada en las Cortes Generales y hasta hace unos días era, además de portavoz en el partido, una de las colaboradoras más estrechamente ligadas a Pedro Sánchez y secretaria general del Grupo. Por tanto, estaba muy vinculada a la estrategia de Moncloa, donde conocían perfectamente a qué se dedicaba Sergi, a pesar de que el presidente del Ejecutivo señaló en la capital europea que no sabía de su actividad; eso sí, se apresuró a refrendar su apoyo a la socialista catalana, a la que intentó colocar de número 1 en la lista por Lérida el 29-N, de la que se ha caído definitivamente. El PSOE no ha podido mantenerla porque se vería obligado, con ella en la lista electoral, a tener que pasar por el bochorno de escucharle defender en los mítines y entrevistas los dos decretos contra la propiedad privada mientras su pareja se embolsa millones de euros precisamente gracias a la defensa de sus activos inmobiliarios. Sin olvidar que ella misma, según su declaración de bienes presentada en el Congreso tras las pasadas elecciones generales, tiene derechos sobre tres propiedades: dos en Lérida y otra en Vila-seca, esta última fruto de una herencia. Se da la circunstancia de que, con sus emolumentos de 129.905,02 euros anuales, cobraba quince mil euros más que su mentor, Sánchez.

Sánchez se desentiende de la dimisión de Montse Mínguez: «Estaba rota y le pedí que no lo hiciera»EFE

Mínguez era una de las dirigentes socialistas con modos más hostiles con el PP. Para ello la colocó Sánchez en Ferraz. Su nombre en principio sonó como sustituta de Santos Cerdán, pero finalmente situó de número tres del partido a la valenciana Rebeca Torró, que a su vez hoy como portavoz a la dimitida. Eso sí, Mínguez formó parte del triunvirato que dirigió interinamente la formación tras la imputación del exsecretario de Organización socialista por delitos de corrupción que le llevaron a la cárcel. Una de sus últimas y lamentables actuaciones fue hace unos meses con el letal verano de incendios en España. Tras ponerse melodramática en una rueda de prensa y creyendo que las cámaras no la grababan, protagonizó gestos excesivos, amagando con marcharse de forma teatral y rompiendo después a reír. Nunca pidió perdón. Tampoco lo había hecho con el escándalo de su pareja, hasta su dimisión la tarde del viernes a través de la red social X. Es más, en Antena 3 tildó que se le preguntara por el asunto como «un ataque personal». Dice que se va «con la conciencia tranquila, la cabeza alta y la fidelidad intacta a mis principios» y su jefe dice que «está rota». Para «rota», su coherencia política.