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Sánchez y el PSOE fingen una remontada milagrosa que las señales internas desmienten

Los socialistas necesitan que parezca que hay partido para arrastrar a los suyos hasta las urnas, pero la carambola de 2023 fue posible gracias a varios factores que hoy ni están ni se los espera

Pedro Sánchez en un mitin de precampaña en PonferradaEva Ercolanese/ PSOE

El año pasado, Pedro Sánchez no se quedó a probar los canapés de la tradicional recepción en el Palacio Real de la Fiesta Nacional porque no quería tener que hablar con la prensa. Arreciaban las informaciones sobre una presunta caja B en el PSOE (actualmente investigada por el juez Ismael Moreno en una pieza separada en la Audiencia Nacional) y su Santos Cerdán llevaba meses en prisión provisional.

Pero este 12 de Octubre el presidente sí se quedó. Le interesaba vender su mercancía a los periodistas. Sánchez se acercó a ellos tras el besamanos y se puso a hablar de lo bien que le había sentado al PSOE el adelanto electoral, de la milagrosa movilización del electorado progresista, solo comparable a la de 2019, de que la precampaña está transcurriendo por los derroteros que quiere la izquierda… En un momento dado, incluso se jactó de ir primero en las encuestas. Cuando los presentes le preguntaron qué encuestas eran esas, porque todas las publicadas hasta entonces por empresas privadas situaban a Alberto Núñez Feijóo en cabeza —y lo siguen haciendo—, él esbozó una sonrisa y respondió: «Esas las ponen para animar un poco a Feijóo». Después se vino más arriba: «Vamos a ganar y a gobernar», pronosticó.

Que Sánchez sea el candidato más votado es posible, dados los esfuerzos que está haciendo la extrema izquierda por echar a sus votantes en brazos del PSOE, yendo dividida en dos candidaturas a este 29-N. Y dado lo alto que está Vox en las encuestas. Que pueda gobernar es harina de otro costal.

La carambola de 2023 fue posible gracias a varios factores que hoy ni están ni se los espera: Sumar obtuvo 31 escaños y solo quedó media décima por detrás de Vox, que fue tercero (hoy esa distancia es de más de ocho puntos). José Luis Rodríguez Zapatero supuso un revulsivo para la campaña (hoy está imputado y a la espera de la segunda tasación de las joyas halladas en su caja fuerte). El PSC obtuvo un resultado espectacular, con 13 escaños de ventaja sobre el PP. Los socialistas azuzaron el miedo a Vox tras el pacto exprés en la Comunidad Valenciana y en diversos ayuntamientos y les funcionó. Además, se calcula que Sánchez sacó entre ocho y diez puntos de ventaja a Feijóo en el voto femenino. Y a los mandos de aquella campaña estuvieron dos veteranos como Cerdán y Paco Salazar.

De Sánchez para abajo, todos en el PSOE tienen muy interiorizado que necesitan proyectar la imagen de que la remontada es posible. Yes we can, rezan algunos de los carteles de precampaña que se han visto estos días en los mítines del presidente, haciendo un juego de palabras con el doble significado de can: podemos en inglés, perro en español, por lo de «perro sanxe».

Una simpatizante del PSOE sostiene un cartel en el mitin de Sánchez en PonferradaEva Ercolanese/ PSOE

Cualquier experto en campañas sabe que es vital que parezca que hay partido, para el ánimo del equipo y también de su electorado. Si un candidato va de perdedor, lo normal es que quede aún peor. En el inicio de la campaña de las elecciones generales de 2011, a Alfredo Pérez Rubalcaba se le ocurrió decir: «Es más fácil que el Madrid gane al Barça que remontar a Rajoy». Resultado: 186 escaños del PP y cataclismo en el PSOE. Más recientemente, en las elecciones extremeñas de diciembre, el socialista Miguel Ángel Gallardo estaba tan desahuciado que la pregunta que sobrevoló toda la campaña fue cuán abultada sería su derrota y si le haría dimitir la misma noche.

No es oro todo lo que reluce

Sin embargo, hay señales bajo la capa de barniz que delatan que esa confianza es más impostada que real. Una de ellas son los codazos que ha habido estos días entre cargos del Ejecutivo por hacerse con un hueco en las listas al Congreso y al Senado, convertidas en botes salvavidas para ministros, secretarios de Estado, delegados del Gobierno, subdelegados...

Otra es el pacto que el PSOE alcanzó el viernes con Frente Amplio para presentar listas conjuntas en el Senado. No solo para evitar otra mayoría absoluta del PP en la Cámara Alta como la de esta legislatura, sino para intentar lograrla ellos. Ya están pensando en convertir el Senado en la cámara de resistencia de la izquierda frente a la amplia mayoría de derechas que, previsiblemente, habrá en el Congreso.

Otra más es la rapidez con la que el PSOE ha recurrido al comodín de las pensiones, aprovechando uno de esos errores no forzados que suele cometer la derecha cuando se confía. En circunstancias más normales, los socialistas habrían esperado a los últimos días para agitar el espantajo de que el PP y Vox quieren recortar las pensiones y quitar a los ancianos lo que es suyo, para así limitar el margen de reacción de Feijóo.

Alberto Núñez Feijóo, en un acto de precampaña en MadridEFE

Sin embargo, esta vez han disparado tan pronto la bengala que el humo se ha disipado en cuestión de días. Les ha podido la ansiedad. «Las pensiones son innegociables y ya, se acabó. Se actualizarán las pensiones conforme al IPC, sin duda. Garantizaremos el sistema público de pensiones, su viabilidad, sin duda», zanjó el jueves el candidato popular, en un mensaje dirigido a los pensionistas, a sus rivales y también a su propio partido, para que deje de enredarse.

La cuarta señal es lo ocurrido con el debate de la vivienda. Ya lo dice la ley de Murphy: todo lo que pueda salir mal, saldrá mal. O peor, qué mal. El caso de la pareja de la dimitida (desde el viernes) portavoz del PSOE, que es gran tenedor, rentista, especulador y buitre atendiendo a la clasificación socialista, ha retratado la hipocresía del discurso socialista. Y lo ha hecho con tanta nitidez como en su día las joyas que guardaba Zapatero. O el piso que José Luis Ábalos le tenía puesto a Jéssica en la Plaza de España mientras su partido abogaba por abolir la prostitución por ley.

La quinta señal es Ceuta, la china en el zapatero del presidente. Hace una semana, a estas alturas, en el PSOE estaban pletóricos porque decían haber conseguido sacar del foco la crisis de Estado y situarla en los servicios públicos. Por entonces también sostenían que el viaje de los Reyes beneficiaría al Gobierno, como muestra de esa normalidad en camino que están vendiendo. Llegó el lunes y El País desveló que buques de guerra marroquíes entraron en las aguas españolas en los días de la invasión terrestre, sin que el Ejecutivo hubiera informado de ello en dos meses y medio. Su gozo en un pozo.

Sí, además de todo lo anterior, el spin doctor que vaticinó en 2021 que Yolanda Díaz podía ser presidenta —Iván Redondo— anda ahora pregonando por todos los platós y emisoras que Sánchez está «a 10 escaños y un penalti»; es que la situación del PSOE está muy achuchada. No es oro todo lo que reluce.