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El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y su mujer, Begoña Gómez, se besan en un mitin en Fuenlabrada

Cuando Alfredo Pérez Rubalcaba renunció a la Secretaría General del PSOE en 2014 y recibió un aluvión de elogios tras haber sabido marcharse luego de unos malos resultados electorales que empeoraría Pedro Sánchez sin dimitir por ello, quien fuera un todopoderoso con el felipismo y el zapaterismo ironizó al respecto con que «en España, se entierra muy bien». De hecho, le volvió a suceder incluso al fallecer cinco años después por un ictus. En sus exequias fúnebres, «Noverdad» Sánchez autografió en el libro de condolencias: «Encarnas lo que el PSOE ha representado y representa» cuando hacía tiempo que le había retirado la palabra. No le había perdonado que se hubiera manifestado contrario a su primer intento de ser investido en 2016 «con el apoyo de Podemos, que está en el derecho de autodeterminación, y de los soberanistas, que ya ni le cuento», según le confesó a Susanna Griso en Espejo Público, amén de mostrar su desacuerdo con el traslado de los golpistas del 1-O a penitenciarias catalanas para posibilitar lo que él mismo bautizó como «investidura Frankenstein».

Sin embargo, lo que nunca se había vivido era la metamorfosis del funeral político de una dirigente socialista en una extemporánea celebración de boda. Así, tras dimitir la portavoz de la Ejecutiva del PSOE, Montse Mínguez, al estallarle en su propio dormitorio y en época electoral el demagógico discurso socialista contra los «fondos buitre» cuando dormía al otro lado de su almohada un tenedor de viviendas al por mayor, cuyo holding estaba domiciliado en un paraíso fiscal, Sánchez buscó este sábado tapar el monumental escándalo montando una aparatosa conmemoración nupcial renovando públicamente sus votos de amor con su cónyuge e imputada Begoña Gómez. Para el festín, transformó el Centro de Arte Tomás y Valiente de Fuenlabrada en salón de bodas tras pasar antes por el Comité Federal, donde sus miembros refrendaron como testigos mudos las candidaturas para el próximo 29-N.

Cuando su campaña electoral hacía agua, el hombre profundamente enamorado que dio el queo en abril de 2024 de su fingida dimisión reestrenaba el trampantojo que dramatizó entonces a raíz del encausamiento de su doña por el juez Peinado y que devino en la reactivación de una cloaca socialista para desatar su guerra sucia contra la Justicia, la Guardia Civil y la Prensa que llegó a contactar con sicarios para darle matarile a la magistrada Biedma, instructora del sumario por el que ha sido condenado su hermanísimo. Luego de volvérsele como un bumerán su impúdica instrumentalización del desalojo de la anciana de renta antigua, Maricarmen Abascal, convertida por unos días en mamacita del sanchismo, pese a haberlo hecho causante de su desahucio antes de su óbito, el farsante trataba de blanquear el sepulcro de su nefanda política de vivienda con una nueva declaración de «hamor» hacia su mujer que debía escribirse con hache de hurto electoral.

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y su mujer, Begoña GómezRedes sociales

Más cuando su francachela sabatina coincidía con su última tentativa para levantar la suspensión del Tribunal Supremo del voto de los oriundos nacionalizados por el boquete practicado a la Ley de Memoria Democrática. Para tal menester, un inédito Defensor del Pueblo, el mudito Ángel Gabilondo, recompensado tras su fracaso contra Ayuso en las elecciones madrileñas de 2021, interponía el viernes un más que discutible recurso de amparo ante el Tribunal Constitucional para que, en un tuya mía con Pumpido, Sánchez pueda recibir esa transfusión de sufragios en vena.

Tirando del manual de resistencia del kirchnerismo, como hiciera en la campaña de los comicios europeos de 2023 en la localidad malagueña de Benalmádena al día siguiente de ser citada a deponer judicialmente Begoña Gómez repartiéndose pulseras con la leyenda «Begoña free» y luego en el Congreso Federal de Sevilla de diciembre de 2024, Su Saunidad ha vuelto a teatralizar otra declaración de «hamor» por «la chica de Sabiniano», el de los prostíbulos. De esta guisa, el Partido Sanchista deambula de «la fuerza del cambio» que no ha sido a la «fuerza del amor» —lema electoral peronista en 2011— para que la gente se distraiga con este culebrón del galán que proclama: «Que lo escuchen alto y claro, te quiero». Todo ello bajo las sintonías de su playlist(o) y los aspavientos de la exvicepresidenta, María Jesús Montero, hoy sentada en el duro banco de la oposición andaluza, como quien arroja arroz a los pichones al salir de la ceremonia. Ante este ticket electoral conformado por quien está a la espera de ser enjuiciada por tráfico de influencias y malversación y quien pelea frenéticamente por no serlo aferrado al sillón presidencial, sólo cabe exclamar: ¡Guau!

Pero, «¿por qué llaman amor cuando quieren decir sexo», como en la película de ese título de Manuel Gómez Pereira. En la vida, y más en la política, todo es sexo, como bien avizoró Oscar Wilde, menos el sexo, que es poder. En este sentido, los Sánchez Gómez calcan casi al milímetro a la maquiavélica pareja «lobby» de «House of Cards», el matrimonio presidencial Frank y Claire Underwood, quienes juzgaban que todo les estaba permitido. Pese a no tener vida matrimonial y consentirse mutuamente sus infidelidades, traman aparecer amartelados en televisión para conmover a la opinión pública en un momento en el que peligra el Despacho Oval que obtuvieron luego de su conspiración contra el presidente elegido en las urnas. En un tándem en el que uno juega y la otra hace jugar, Claire Underwood será, a la postre, el talón de Aquiles del aparentemente invencible Frank, quien antes le había dicho a su «alter ego»: «Nada es eterno, excepto nosotros».

Creyendo que los españoles tienen en La Moncloa a quienes se merecen, los Sánchez Gómez apelan a «la fuerza del amor», parapetados tras el muro del que han hecho símbolo de su política polarizadora y guerracivilista. Al echar la moneda al aire este 29-N, cavilan que, si sale cara, miel sobre hojuelas: se garantizan la impunidad y a ver qué jurado popular osa condenar a la «consuerte»; si sale cruz, aspiran a juntar votos para no ser removidos y liderar la oposición para lograr igualmente lo uno y lo otro incendiando las calles.

No obstante, el futuro puede ser tan escurridizo como lo es para el expresidente Zapatero, ese desaparecido referente ético del que dijo hace nada Sánchez que contaría con él en campaña; para Ábalos, al que echaba de menos un montón y hoy mora 24 años de cárcel; para el sucesor de este en la Secretaría de Organización, Supercerdán, carretilleando al aguardo de un destino parejo, o para el aizcolari Koldo García, quien ha transitado de ser la sombra del poder a estar en la sombra cumpliendo 19 años de prisión.

O como Nicolás Maduro, cuyo bailoteo emuló Sánchez el sábado, y que, en horas 96, pasó de montar una fiesta para reírse de los ultimátum estadounidenses como cabecilla del cártel de los Soles, a ser capturado en territorio venezolano por fuerzas especiales en la operación «Resolución Absoluta». De interpretar la versión chavista del «Don't Worry, Be Happy», de Bobby McFerrin, a saludar con un «Happy New Year» a los vigilantes de la prisión federal de máxima seguridad de Nueva York. De querer burlar la realidad a sufrir su venganza también con su propia playlist como Sánchez.