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Macamen Tejera GimenoAbogada del Estado

Urgente: excelencia, buena gobernanza y liderazgo servicial

Liderazgo, gobernanza, excelencia. ¡Cuanto antes! Ello implica trabajar con los mejores (con pleno respeto a los procesos selectivos bajo los principios rectores de mérito y capacidad) y trabajar en equipo. Con honradez, transparencia, credibilidad, capacidad de gestión, visión estratégica, empatía, escucha activa, prudencia y ética

Madrid

Gobernanza

El Debate (asistido por IA)

Conmovidos todos por las recientes catástrofes ferroviarias, es necesario y oportuno reflexionar acerca de la «gestión» en lo público, de la buena gobernanza. ¿Cómo se debe gestionar? Gobernar es, esencialmente, decidir. Supone ejercer la política, la cual, a su vez, es una extensión de la ética. Así se refería a la política Sócrates: «El arte de gobernar y vivir en comunidad basándose en el conocimiento, la virtud y el cuidado del alma». Ahora bien, ¿cómo?

Aunque la política sea más peligrosa que la guerra –palabras de Churchill– «porque en la guerra sólo se muere una vez», sabemos que en España el gobierno dirige la Administración –ex artículo 97 de la Constitución española de 1978–, pero no la sustituye o reemplaza. No debe hacerlo. No es infrecuente escuchar expresiones –en el ecosistema público, organismos, entidades, organismos, sociedades, ministerios…– tales como: «Esto queda bajo su responsabilidad». «O sale esto rápido, o tendrás que explicarlo arriba». «La superioridad tiene mucho interés en que este expediente salga favorable»… «ya, ya, ya»… o simplemente: «Esto viene de arriba, de muy arriba». Ello al margen de los silencios, de las presiones, de los modales en el trato diario a profesionales o de las exoneraciones de responsabilidad de los «directivos de lo público». ¿Acaso esto es efectivo, es razonable, es conveniente? El «arte de gobernar» amerita modelos de gobernanza eficientes y eficaces, para servir al interés general, al bien común y a la prosperidad de todos los ciudadanos. Y, siempre, con ética.

Las competencias deben ser para los competentes. Ello nos lleva a destacar la importancia de marcar unas pautas al respecto que ahora son especialmente deseables, por cuanto dirigir no es ni debe ser imponer, presionar, callar ante la responsabilidad; sino que debe ser, respetando siempre al profesional funcionario/empleado, escuchar (al experto), rodearse de equipos (técnicos) y aplicar los mayores y mejores estándares de gobernanza. Veamos algunas sugerencias. Para decidir y acertar en las decisiones es imprescindible rechazar totalmente el nepotismo, el sectarismo, el amiguismo. Mientras que es imprescindible actuar con profesionalidad, rigor, conocimiento, experiencia, con equipos excelentes. De lo contrario, estará el gobernante al pairo –en términos de navegación– y sus decisiones tarde o temprano serán erróneas, débiles y aleatorias.

Para poder hacer las cosas –decidir, gobernar en este caso, que no significa mantenerse en el poder, sino actuar para el interés público, independientemente de las ideas políticas– con la excelencia del trabajo bien hecho es forzoso trabajar en la Administración con los mejores equipos y en equipo para evitar el deterioro de los servicios públicos y la llamada colonización de las instituciones por algunos tertulianos y/o políticos. Tales equipos técnicos se deben caracterizar por varios elementos: su formación, la cual debe ser la mejor y más exigente para alcanzar las mejores cotas de cualificación profesional; procesos de selección impecables, intachables, objetivos, transparentes; y ejercer su función pública, el servicio público, de manera excelente e independiente. ¿Por qué? Las razones son múltiples, pero esencialmente se pueden resumir en el merecido (para los ciudadanos) propósito de decidir y acertar por el bien de la comunidad. La importancia de trabajar en equipo es indudable en el sector privado, con modelos de gobernanza y liderazgo enriquecidos por el trabajo colectivo: aporta talentos, conocimientos y perspectivas diversas, que siempre enriquecen; genera mayor productividad y eficiencia; o promueve la empatía y el sentido de pertenencia, amén de mejoras en el clima laboral. Pero, sobre todo, trabajar en equipo –no sólo con equipo– debe significar –al gobernante– escuchar, esto es, respetar la independencia de criterio técnico –del funcionario o empleado público–. Este factor es el que da objetividad y fortaleza a las estrategias y decisiones. Cada servidor público (funcionario/empleado) debe asesorar o dar su opinión sin merma de su posición laboral. Debiendo desarrollar su cometido con objetividad, imparcialidad y profesionalidad, de conformidad con sus obligaciones legales en todo caso y de acuerdo a su leal saber. Y el político, debe respetar el juicio técnico del análisis de las iniciativas o gestión en general. No está obligado a seguirlo, pero sí a respetarlo, que supone no arrasar, ningunear, cesar o despreciar y apartar a dicho técnico. El político en su cargo público es temporal, ocasional, transitorio. El funcionario es un profesional, especializado, al servicio de la Administración. Cuanta más responsabilidad tenga el político, más debería hacer crecer al equipo, a los demás.

Especialmente relevante es esta reflexión aplicada al sector público institucional en las administraciones públicas. Organismos, entidades, fundaciones, sociedades de capital, todos los que la conforman deben abordar una pronta y rigurosa revisión de su modelo de gobernanza. En los consejos de administración, órganos a los que se les encomiendan legalmente tres funciones esenciales –que son el asesoramiento (aconsejan), el control de la gestión (controlan, supervisan), además de la responsabilidad (responden)–, deben implantarse ya de manera urgente y casi con emergencia mecanismos de control adecuados, serios, rigurosos y profesionales con selección de consejeros independientes –de verdad–, comisiones de control (de auditoría, de nombramientos...), reglas de cumplimiento, en general toda la regulación y acción precisa para minimizar la arbitrariedad/discrecionalidad tentadora de los directivos ocasionales (presidentes, ministros..) y maximizar la profesionalidad y el rigor. Y de ahí en adelante en cada organización, para ejercer de verdad la buena gobernanza, el buen gobierno de las instituciones. Huelga razonar que las organizaciones en las que se maximiza el mejor gobierno corporativo son más eficientes, fuertes y aportan mejores resultados. Es urgente (alguna reciente excepción tenemos en los últimos años con óptimos resultados en alguna Administración) que se aborde y cuanto antes en todas las administraciones.

Las cosas hay que hacerlas bien y con más motivo y premura en la Administración, en la medida en que la Junta General o propietario del erario público somos todos y cada uno de los ciudadanos que conformamos nuestra gran nación, España. El funcionario, con profesionalidad y rigor; el político o gobernante, con respeto a la Administración. El político, propietario de sus ideas, está obligado a gobernar para todos, a decidir en la búsqueda del interés general, el bien común y el bienestar de la sociedad, sin perjuicio del escrutinio electoral y de la responsabilidad inherente al ejercicio de sus funciones. Es hora de altura de miras, sentido de Estado, excelencia en la gestión. Liderazgo, gobernanza, excelencia. ¡Cuanto antes! Ello implica, como decíamos, trabajar con los mejores (con pleno respeto a los procesos selectivos, rigurosos, bajo los principios rectores de mérito y capacidad) y trabajar en equipo. Buena gobernanza, excelencia y liderazgo servicial. Con honradez, transparencia, credibilidad, capacidad de gestión, visión estratégica, empatía, escucha activa, prudencia y ética.

Es el momento de aplicar los mejores estándares de gobernanza (buena gobernanza), liderazgo servicial y excelencia en la gestión.

Nos va mucho en ello. Sin miedo. Es urgente.

Seguimos.

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