Ana Alonso, durante el relevo mixto en el que España logró el bronce
Granada
La historia de superación de Ana Alonso, la esquiadora granadina que ha emulado a Blanca Fernández Ochoa
El 24 de septiembre fue atropellada por un coche todoterreno mientras descendía en bicicleta desde Sierra Nevada
La esquiadora española Ana Alonso, doble medallista olímpica en esquí de montaña en los Juegos Olímpicos Milán-Cortina d'Ampezzo, ha llegado ya a su ciudad natal, a Granada, con la consciencia de que va a tener que «asimilar» sus éxitos porque aún no es «consciente de lo conseguido».
Se trata de la primera andaluza que se hace con una medalla en unos Juegos Olímpicos de invierno. Alonso ha acabado tercera en la primera final olímpica de la historia de este deporte, también conocido como skimo, que hace su estreno en estos Juegos, solo por detrás de la suiza Marianne Fatton, que se proclamó primera campeona olímpica de la historia, y de la francesa Emily Harrop.
Su vida ha estados íntimamente ligada a la montaña, gracias a su padre, Gerardo Alonso, un destacado montañero, guardia del refugio Félix Méndez de Sierra Nevada, quien le inculcó su pasión al entorno natural que rodea su ciudad. La olímpica empezó a esquiar con solo tres años, compitió en esquí de fondo durante una década al comienzo de su carrera deportiva, y descubrió el esquí de montaña a través de unos amigos de su padre.
Aunque al principio no pensó competir en esquí de montaña, empezó a conseguir buenos resultados, llegando a competir en una Copa del Mundo en su primera temporada (2016). Entonces, el fuego prendió y ella misma señaló que «eso me motivó muchísimo» y decidió continuar por ese camino.
Un ejemplo de superación
Sin embargo, esta granadina se ha convertido también en un ejemplo de superación extraordinaria, al demostrar su gran fortaleza mental y física. Anita nació hace 31 años en Granada y fue atropellada el pasado 24 de septiembre por un coche todoterreno, mientras entrenaba en bicicleta. El accidente le provocó la rotura del ligamento cruzado y el lateral de la rodilla, además de la rotura de la clavícula y una luxación de hombro.
La granadina lloró su desgracia durante horas, pero, tras hablar con su entorno y consultar con los médicos, tomó la decisión arriesgada de no pasar por el quirófano y fiar su recuperación a dolorosas y maratonianas sesiones de rehabilitación y fortalecimiento muscular para llegar 148 días después a los Juegos Olímpicos de invierno.
«Creo que en noviembre cada día pensé que era imposible llegar, que qué estaba haciendo, pero por la noche siempre decía que por mí no iba a quedar. Que si llegaba febrero y no estaba a punto, que nunca pudiese reprocharme que no lo había intentado. Gracias a la Federación (Española de Deportes de Montaña y Escalada), al Comité Olímpico Español, al CSD y a todo mi equipo y mis compañeros. Sin ellos habría sido imposible», explicó a la prensa vía 'Zoom' tras colgarse el bronce.