Fray Leopoldo

La beatificación de Fray Leopoldo de Alpandeire congregó a más de 60.000 personas,Hermanos Capuchinos

Granada

El humilde fraile cuya cripta en Granada solo es superada en visitas diarias por la Alhambra

El pasado 9 de febrero se cumplieron 70 años de la muerte del beato nacido en Alpandeire, un pueblo blanco de la Serranía de Ronda

Si hiciéramos una encuesta sencilla entre los granadinos de a pie, preguntándoles quién creen que es la persona más relevante y admirada de la historia de la ciudad, seguramente las respuestas nos sorprenderían. Agotados los nombres más archirrepetidos, como García Lorca, Mariana Pineda, Enrique Morente o Ángel Ganivet; emergería con toda seguridad la figura de un personaje sencillo y humilde que probablemente podría desbancar a todos ellos.

Son incontables las personas, granadinas y foráneas, que llevan en sus carteras o en su coche la imagen del humilde fraile o acuden a su tumba para honrar su memoria y pedir su intercesión. Desde hace décadas, más de 2.000 personas visitan diariamente su lugar de enterramiento, bajo la iglesia de los Capuchinos de Granada, junto a los Jardines del Triunfo. La cripta de Fray Leopoldo de Alpandeire está considerada el segundo lugar más visitado de Granada, después de la Alhambra. El día de mayor afluencia es el 9 de cada mes, porque coincide con el día en que murió el beato. Este año, el pasado 9 de febrero, pese a la copiosa lluvia, la afluencia de fieles fue excepcional, pues ese día se cumplían los 70 años de su muerte.

Como es habitual, las colas de devotos fueron interminables desde antes de la apertura de cripta. Hasta ella acuden habitualmente fieles de todos los puntos de España que se acercan hasta la tumba del fraile limosnero a pedirle su intercesión ante algún problema personal o familiar.

Junto a la cripta, los capuchinos han construido un pequeño museo en memoria a Fray Leopoldo, donde se puede ver una reproducción de la celda del beato, en el antiguo convento de los Capuchinos, y algunos de sus objetos personales, como sus hábitos y sandalias, libros, cuadernos, un rosario o algunas estampas.

Desempeñó tareas humildes

Francisco Tomás de San Juan Bautista Márquez Sánchez nació el 24 de junio de 1864 en Alpandeire, un pequeño pueblo blanco enclavado en la Serranía de Ronda. Cuando tenía treinta años de edad, participó en la celebración de la beatificación del capuchino Diego José de Cádiz. Aquella ceremonia le conmovió hasta tal punto que, impresionado por la humildad y la entrega radical a Dios de aquellos sencillos frailes, decidió hacerse él también capuchino. El 16 de noviembre de 1900 profesó los primeros votos, tomando el nombre de fray Leopoldo de Alpandeire.

Durante su larga y fructífera vida, desempeñó tareas humildes en los conventos andaluces en los que vivió: hortelano, cocinero, portero o sacristán. Pese a ser tareas sencillas, siempre las desempeñó con una admirable delicadez espiritual. Como él mismo decía, «donde hay amor y servicio, está Dios».

El 21 de febrero de 1914, Fray Leopoldo fue destinado a Granada, donde permaneció hasta su muerte, en 1956. En la ciudad que se convirtió en su casa y donde fue adoptado como un vecino más, el humilde fraile de barba blanca y mirada compasiva recorría cada día sus calles como limosnero, con su alforja y su bastón, repartiendo paz, buenos consejos y la oración del Avemaría.

El 12 de septiembre de 2010, la beatificación de Fray Leopoldo de Alpandeire congregó a más de 60.000 personas, de toda España, en la Base Aérea de Armilla. La ceremonia, que duró unas tres horas, fue muy emotiva y entrañable. Con ella culminó un largo proceso, que comenzó cuarenta y nueve años antes, y que, tras la validación de un milagro, convirtió al humilde fraile en beato de la Iglesia Católica. En la actualidad, continúa abierto su proceso de canonización.

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