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Una de las pequeñas plazas de Cástaras, en la Alpujarra granadinaEl Debate

La despoblación avanza en el interior de Granada y Almería mientras el campo se apaga: «Ya no quedan ni bares»

La falta de servicios, la marcha de jóvenes y la crisis agraria agravan una realidad que ya afecta a decenas de municipios del interior andaluz

En el interior de Granada y Almería hay pueblos donde el silencio se impone cada vez con más fuerza. Calles vacías, servicios mínimos y una población envejecida reflejan una realidad que ya no es una amenaza futura, sino un problema presente: la despoblación avanza mientras el campo, principal sustento de estas zonas, pierde peso.

La situación es especialmente visible en comarcas como la Alpujarra, tanto granadina como almeriense, o el norte de Granada, en áreas como Baza o Huéscar. Municipios como Cástaras o Sorvilán, en Granada, o Bayárcal y Alboloduy, en Almería, apenas superan el centenar de habitantes y ven cómo cada año se reduce aún más su población.

Un pueblo con apenas 15 vecinos en invierno

En Cástaras, (178 habitantes), en plena Alpujarra granadina, el problema se percibe con claridad. Según explica a El Debate Ángel Navarrete, vecino del municipio, durante los meses más duros del año apenas residen entre 15 y 20 personas. «En invierno pueden vivir unas 15 personas. En verano viene más gente, sobre todo familias que tienen raíces aquí, pero es algo puntual», señala.

La estacionalidad aporta algo de vida en los meses cálidos, pero no revierte la tendencia: la población envejece y disminuye con el paso de los años.

Navarrete matiza, además, que las cifras del censo (178) no reflejan del todo la realidad del municipio, ya que la población no se concentra en un único núcleo urbano. «Cástaras tiene varios núcleos y mucha gente vive dispersa entre el propio pueblo, Nieles y distintas cortijadas dentro del término municipal», explica. Una distribución que, aunque amplía ligeramente la cifra real de residentes, no altera el problema de fondo: la baja densidad de población y la dificultad para mantener actividad en el núcleo principal.

A esta realidad se suma la pérdida progresiva de servicios básicos. «Ya no quedan ni bares. No hay ocio, no hay tiendas, tienen que venir camiones de fuera. La situación es complicada», explica. El municipio mantiene algunos servicios esenciales, como farmacia o consultorio médico, aunque con atención limitada.

Sin jóvenes ni oportunidades

La ausencia de población joven es otro de los factores que agravan la despoblación. En municipios de este tamaño, la falta de oportunidades y de infraestructuras hace prácticamente inviable desarrollar un proyecto de vida.

Una de las calles de Cástaras

Una de las calles de CástarasEl Debate

«Gente joven es prácticamente imposible ver, y cada vez menos. Para vivir necesitas una infraestructura que no existe», afirma Navarrete. Esta realidad se repite en numerosos puntos del interior andaluz, donde la falta de empleo, servicios y conectividad empuja a las nuevas generaciones a trasladarse a núcleos urbanos, acelerando el envejecimiento de estos territorios.

El campo, cada vez más debilitado

A esto se suma la situación del sector agrario, clave para la supervivencia de estos municipios. Desde Asaja Granada alertan a este periódico del impacto económico que están teniendo los daños en el campo, con miles de explotaciones afectadas en la provincia.

Según la organización, estos daños alcanzan a más de 21.000 agricultores y ganaderos, con un impacto que supera los 100 millones de euros, especialmente en comarcas con menor renta donde la agricultura es el principal motor económico.

En territorios donde el campo constituye prácticamente la única fuente de ingresos, este tipo de dificultades agrava aún más la pérdida de población y complica el relevo generacional.

A este escenario se suman factores estructurales como la incertidumbre sobre acuerdos comerciales internacionales o la lentitud en la llegada de ayudas, que aumentan la sensación de abandono en estos territorios.

En Almería, donde la agricultura intensiva sostiene buena parte del territorio, la situación tampoco es ajena a esta tendencia. La presidenta de Asaja Almería, Dori Blanque, explica a El Debate que tras los últimos temporales muchos agricultores siguen intentando recuperar sus explotaciones, con daños tanto en estructuras como en cultivos que han obligado incluso a arrancar plantaciones enteras. Además, advierte de que las ayudas anunciadas «son claramente insuficientes» y que hay productores con serias dificultades para volver a levantar su actividad.

Futuro y problema estructural

Pese a todo, quienes conocen de cerca estos pueblos no descartan que exista margen para revertir la situación, aunque advierten de la dificultad del reto. «Futuro puede haber, pero recuperar la actividad en el núcleo urbano es complicado. Necesitas atraer gente y eso exige inversión», explica Navarrete.

En este sentido, señala el teletrabajo como una oportunidad que podría facilitar la llegada de nuevos habitantes si se acompaña de incentivos y mejoras en infraestructuras.

«El teletrabajo permitiría que la gente se fuera a estos pueblos, pero no se está facilitando. Sin servicios ni condiciones, es muy difícil atraer población».

La despoblación en el interior de Granada y Almería no responde a un único factor, sino a una combinación de problemas que se retroalimentan: falta de servicios, ausencia de oportunidades y debilidad del sector agrario.

Mientras tanto, municipios como Cástaras resisten con una población mínima y con la incertidumbre sobre su futuro. La continuidad de estos pueblos dependerá, en gran medida, de la capacidad para reactivar el campo y garantizar unas condiciones de vida que permitan fijar población.

Porque, en última instancia, cuando el campo se debilita, el territorio se vacía.

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