Una de las calles del municipio granadino de Cástaras con una población censada de 186 habitantes
La otra Granada: pueblos envejecidos, casas vacías y jóvenes que ya no vuelven
La provincia suma 113 municipios considerados prioritarios frente al desafío demográfico mientras el envejecimiento, la falta de empleo y la pérdida de servicios amenazan a buena parte del interior granadino
Granada se ha convertido en la provincia andaluza más golpeada por el riesgo de despoblación. Mientras el área metropolitana de la capital y algunos municipios turísticos continúan creciendo, buena parte del interior granadino pierde habitantes desde hace años de forma lenta pero constante.
La última actualización de la Estrategia frente al Desafío Demográfico 2023-2030 de la Junta sitúa a 113 municipios granadinos como prioritarios por riesgo demográfico, la cifra más alta de toda Andalucía. De ellos, 28 presentan prioridad alta, 57 prioridad media y otros 28 prioridad baja.
Detrás de esas cifras aparece una realidad cada vez más visible en numerosas comarcas rurales: envejecimiento, falta de oportunidades laborales, dificultades de movilidad y pérdida progresiva de servicios básicos.
El fenómeno no afecta únicamente a pequeños pueblos aislados de montaña. La despoblación empieza a percibirse también en municipios medianos donde cada vez resulta más complicado mantener abiertos determinados comercios, colegios o servicios públicos.
Una provincia dividida
El contraste territorial dentro de Granada es cada vez más acusado. Mientras los municipios del cinturón metropolitano siguen sumando vecinos alrededor de la capital, zonas del interior llevan años perdiendo población.
La comarca de Guadix simboliza especialmente esa situación. Allí, la gran mayoría de municipios arrastra una pérdida continuada de habitantes en un proceso silencioso que afecta al tejido económico y social de toda la zona.
La Junta utiliza distintos indicadores para determinar el nivel de riesgo demográfico: densidad de población, envejecimiento, tasa migratoria, crecimiento vegetativo o desempleo, entre otros factores.
Muchos municipios granadinos cumplen varios de esos criterios al mismo tiempo: menos nacimientos, salida de población joven, aumento de la edad media y dificultades crecientes para mantener actividad económica estable.
El resultado es una provincia cada vez más desequilibrada entre áreas urbanas en expansión y amplias zonas rurales que envejecen progresivamente.
El empleo y la vivienda, claves
Buena parte del problema tiene relación directa con las oportunidades laborales. En muchos municipios rurales, el empleo continúa dependiendo principalmente de sectores ligados a la agricultura o la ganadería, una realidad que choca con la formación de muchos jóvenes que salen a estudiar fuera y después no encuentran trabajo acorde a su preparación.
Eso provoca que numerosas marchas inicialmente temporales terminen convirtiéndose en definitivas.
La ciudad ofrece empleo, conexiones, ocio y servicios que muchos pequeños municipios no pueden garantizar actualmente, especialmente en materia de transporte público.
La movilidad aparece precisamente como uno de los grandes problemas del interior granadino. Muchos pueblos mantienen conexiones limitadas con Granada capital, dificultando los desplazamientos diarios para trabajar, estudiar o acceder a determinados servicios.
Al mismo tiempo, la vivienda podría convertirse en una oportunidad para algunos municipios rurales. Frente a los elevados precios del área metropolitana, numerosos pueblos ofrecen todavía casas más asequibles y una mayor calidad de vida, aunque expertos y administraciones coinciden en que eso solo será viable si existen buenas conexiones, actividad económica y servicios suficientes.
El riesgo de perder una forma de vida
La despoblación no solo vacía calles. También amenaza parte de la identidad cultural y social de numerosos pueblos granadinos.
El cierre de negocios tradicionales, el abandono de viviendas o la desaparición de determinadas costumbres forman parte de un proceso mucho más profundo que preocupa especialmente en el mundo rural.
La pérdida constante de población joven acelera además el envejecimiento y reduce todavía más las posibilidades de relevo generacional.
Aunque algunos municipios han logrado salir de la lista de riesgo en la última actualización del mapa demográfico andaluz, Granada continúa liderando el problema en la comunidad autónoma.
Y mientras la provincia sigue creciendo alrededor de la capital y la costa, amplias zonas del interior afrontan un desafío silencioso que condicionará buena parte de su futuro durante las próximas décadas.