Algunas de las vidas perdidas en el grave incendio de Almería
Las vidas truncadas por el incendio de Los Gallardos
Concluye la identificación de las trece víctimas mortales de la tragedia mientras comienzan a conocerse las historias personales de quienes habían elegido el Levante almeriense para vivir o disfrutar de su jubilación
La tragedia provocada por el incendio forestal de Los Gallardos deja de ser únicamente un balance de trece fallecidos para empezar a escribirse con nombres, profesiones e historias de vida. Tras concluir el proceso de identificación de todas las víctimas mediante pruebas de ADN, comienza también a conocerse quiénes eran algunas de las personas que perdieron la vida en el mayor incendio forestal registrado en Andalucía.
El Tribunal Superior de Justicia de Andalucía (TSJA) ha confirmado que entre los fallecidos figuran un ciudadano español y doce extranjeros: siete británicos, tres belgas, una ciudadana francesa y una estadounidense. La identificación de los últimos cuerpos ha sido posible gracias al trabajo del Centro Integrado de Datos (CID), la Guardia Civil y la colaboración de las autoridades consulares de Reino Unido, Bélgica, Francia y Estados Unidos.
Detrás de esas cifras aparecen historias muy distintas, pero unidas por un mismo destino: personas que habían hecho del Levante almeriense su hogar. Estas son algunas de ellas:
Pete Gillam y Fran Gillam
Pete y Fran Gillam habían cambiado el Reino Unido por el Levante almeriense buscando tranquilidad. Entre Bédar y Pozo del Esparto habían construido una nueva rutina marcada por el buen clima, el mar y la cercanía de sus familiares cuando viajaban a visitarlos.
Pete era, según recuerdan sus hijos, un hombre completamente dedicado a su familia. Padre, abuelo y bisabuelo, disfrutaba especialmente de los momentos en los que varias generaciones conseguían reunirse en España.
Fran encontró en la pintura una forma de expresar el cariño que había desarrollado por Almería. Sus cuadros estaban llenos de calles encaladas, paisajes mediterráneos y rincones de Bédar, un municipio que con el paso de los años había dejado de ser un destino para convertirse en su hogar.
La confirmación de su fallecimiento llegó días después del incendio, cuando la Guardia Civil comunicó oficialmente la identificación de ambos.
Stéphanie Navarro
Cada verano suponía un regreso a Bédar para Stéphanie Navarro. Profesora de Matemáticas en un centro educativo francés, mantenía un estrecho vínculo con el municipio almeriense gracias a la familia de su marido.
Su muerte provocó una profunda conmoción en el colegio donde impartía clase. Compañeros y antiguos alumnos la despidieron públicamente destacando su cercanía y su compromiso con la enseñanza.
Annette Kilgore
Annette Kilgore, de 69 años, había elegido Bédar para disfrutar de la jubilación junto a su marido, Malcolm Timbrell. Ambos llevaban años plenamente integrados en la vida del municipio.
Cuando comenzaron las llamas consiguieron abandonar la vivienda, pero Annette decidió regresar para intentar rescatar a sus gatos. Su marido logró sobrevivir refugiándose en el vehículo, mientras que ella quedó atrapada por el incendio.
Pedro Rodríguez y Ana Sims
La historia de Pedro Rodríguez y Ana Sims unía ciencia, cultura y amor por la naturaleza.
Él había desarrollado durante décadas una reconocida carrera como geólogo, participando en importantes proyectos mineros dentro y fuera de España. Ella, nacida en Estados Unidos, dedicó buena parte de su trayectoria profesional a la enseñanza de idiomas, la traducción y la gestión cultural, sin abandonar nunca su pasión por la fotografía.
Después de muchos años viviendo en Mojácar decidieron trasladarse a Bédar atraídos por la tranquilidad de la sierra almeriense. Intentaron escapar cuando el incendio alcanzó la zona, pero no lograron hacerlo. Su vehículo apareció junto a la vivienda calcinado.
Más allá de las cifras
Con la identificación de las trece víctimas concluye una de las fases más delicadas de la investigación. El trabajo del Departamento de Biología del Servicio de Criminalística de la Guardia Civil ha permitido poner nombre a todos los fallecidos mediante el análisis de ADN y el cotejo con las muestras aportadas por sus familiares.
Sin embargo, no todas las historias han trascendido públicamente. Varias familias han optado por mantener su intimidad y, por el momento, apenas se conocen detalles sobre parte de las personas que perdieron la vida.
Lo que sí queda ya para siempre es el recuerdo de trece vidas muy distintas que coincidieron en un mismo lugar y en un mismo instante. Personas que habían encontrado en Bédar y en el Levante almeriense un hogar, un refugio para la jubilación o simplemente el escenario donde querían seguir construyendo su futuro. Ese futuro quedó interrumpido por un incendio que ha dejado una herida difícil de cerrar en toda la provincia de Almería.