La 'nueva normalidad' se ha instalado en la Verja, ya sin controles fronterizos
Cádiz
La 'nueva normalidad' en la Verja: «'Gibraltar, español', pero por ahora me conformo con no aguantar colas»
Ya no hay colas para los miles de españoles que cada jornada cruzan la frontera para trabajar en el Peñón: «Parece mentira que ya no haya que enseñar el DNI»
El 15 de julio de 2026 quedará grabado en los libros de historia como el día en que cayó la Verja. Se levantó entre 1908 y 1909 por orden del Gobierno británico, con la excusa de controlar el contrabando. En la práctica fue un acto para reforzar su control sobre el istmo. Ahora, 117 años después, su derribo establece una 'nueva normalidad' en la frontera entre La Línea y Gibraltar, sobre todo para quienes la cruzan a diario.
Esta 'nueva normalidad' queda más patente aún el día después del acto de demolición, protagonizado por el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez. La demolición en sí consistió en la imagen de dos grúas de Tragsa –la empresa estatal de obras y servicios– descolgando y retirando las dos puertas de hierro de la Verja, aunque la libre circulación era ya una realidad desde la medianoche.
La maquinaria ya ha desaparecido este jueves. Tampoco están las cámaras que este miércoles inmortalizaron el momento del derribo de la Verja. Las únicas colas que permanecen en la frontera se deben a los cortes de tráfico en la pista del aeropuerto cada vez que un avión va a despegar o aterrizar. La espera se ameniza haciendo fotos de ese espectáculo, algo novedoso para los turistas que se acumulan a ambos lados de la pista.
Colas de turistas esperando a que abran al tráfico la pista del aeropuerto de Gibraltar
Ya no hay colas para los miles de españoles que cada jornada cruzan la Verja para trabajar en Gibraltar, algo que «agradecen» dos jóvenes linenses que trabajan en una tienda de cosmética. «La verdad es que es un avance. Parece mentira que ya no haya que enseñar el DNI. Ayer solo saqué el móvil para pasarle una foto a mi madre», comenta una de ellas, que veían la Verja como «un atraso».
Las antiguas cabinas se encuentran cerradas, convertidas en un vestigio de una frontera que ha dejado de funcionar como tal. Hay momentos en los que el pasillo de la aduana de Gibraltar se vacía incluso, una imagen insólita hasta ahora. No es de extrañar, pues, que haya quien inmortalice el momento. La mayoría de fotos hoy son tomadas por turistas. A una familia de ingleses les ha pillado de vacaciones en Málaga y han decidido viajar hasta el Peñón para comprobar esta 'nueva normalidad'.
Así está el pasillo de la aduana de Gibraltar, donde los españoles enseñaban su DNI: vacío
Reivindicación olvidada
Jesús, un linense de mediana edad que trabaja en el Peñón, también se alegra de «ahorrarse» las colas. «Uno ya puede apurar un poco más la cama», bromea. Ahora le preocupa cómo afectará el tratado de Gibraltar a su futura pensión, señalando que él paga impuestos tanto en La Línea como en el Peñón. Tampoco se olvida de la reivindicación histórica de España sobre Gibraltar. «Yo digo siempre 'Gibraltar, español' –aquí no, que se lía–, pero de momento me conformo con no aguantar más colas», afirma.
El derribo de la Verja simboliza también el cambio de prioridades que ha marcado las negociaciones entre España, el Reino Unido y la Unión Europea tras el Brexit. La urgencia por garantizar la movilidad diaria de miles de trabajadores ha terminado imponiéndose sobre un debate histórico que continúa sin resolverse y que, al menos por ahora, queda expresamente fuera del nuevo marco de relaciones.
En la práctica, el acuerdo deja aparcada la reivindicación española sobre la soberanía de Gibraltar para centrarse en la gestión de la frontera y en la integración del Peñón en el espacio Schengen mediante un sistema específico de controles. El objetivo inmediato ha sido evitar que el Brexit transformara este paso fronterizo en una frontera exterior de la Unión Europea, con las consecuencias que ello habría tenido para los más de 15.000 trabajadores transfronterizos.
El tabaco
La nueva etapa también alcanza a uno de los asuntos que históricamente más tensiones ha generado entre ambos lados de la frontera: el tabaco. El tratado contempla un periodo transitorio para agotar las existencias fabricadas antes de su entrada en vigor, pero fija el inicio de una adaptación progresiva de Gibraltar a las normas europeas tanto en materia de presentación de los productos como de fiscalidad.
Ese proceso supone el final de un modelo basado en una diferencia de precios cuando menos reseñable respecto a España. La introducción de impuestos especiales mínimos y la limitación de la diferencia de precio entre las cajetillas reducirá uno de los principales incentivos para adquirir tabaco en Gibraltar y uno de los focos tradicionales de fricción entre las autoridades españolas y gibraltareñas.
Por ejemplo, si una cajetilla de cigarros cuesta unos seis euros en España, en Gibraltar no podrá costar menos de 5,20 euros. «Ya se nos acaba el chollo», afirma un joven que reconoce cruzar la Verja únicamente para comprar tabaco más barato. Nada más cruzar la frontera hacia el Peñón, antes de cruzar la pista del aeropuerto, hay un estanco donde una de sus trabajadoras afirma que «ya están subiendo» los paquetes.
El tratado de Gibraltar
Todo ello (y mucho más) es resultado del tratado de Gibraltar. Lo más visible es el derribo de la Verja, que permite la libre circulación de personas y mercancías entre La Línea y el Peñón y que no haya colas en la frontera para el control de pasaportes. Ya no hay garita a la que presentar el DNI –en el caso de los llanitos, el pasaporte–. Sin embargo, el acuerdo trae consigo un cambio normativo tan profundo que sus efectos son impredecibles.
Por lo pronto, la Verja ha dejado de ser la frontera exterior del espacio Schengen con la aplicación provisional del tratado, firmado el martes entre los líderes negociadores de la Unión Europea y el Reino Unido. Los controles Schengen (UE) se trasladan al aeropuerto y el puerto de Gibraltar, donde operan tanto policías españoles como llanitos.
El nuevo sistema establece controles dobles para quienes lleguen a Gibraltar por vía aérea o marítima. En primer lugar, las autoridades gibraltareñas verifican el cumplimiento de la normativa propia de la colonia. Posteriormente, la Policía española realiza los controles exigidos por el Código de Fronteras Schengen, toda vez que España asume la responsabilidad de proteger la frontera exterior del espacio comunitario.
Solo quienes superen ambos controles podrán acceder a Gibraltar y desplazarse posteriormente hacia España y el resto del espacio Schengen. Se trata de un modelo sin precedentes, ya que no existe otro territorio situado fuera de la Unión Europea en el que se aplique una fórmula de gestión compartida de la frontera exterior de Schengen.
Los principales beneficiarios de este nuevo escenario son los más de 15.000 trabajadores transfronterizos, la mayoría residentes en La Línea, aunque también procedentes de San Roque, Algeciras, Los Barrios y otros municipios del Campo de Gibraltar. Para ellos, la desaparición de los controles supone poner fin a décadas marcadas por la incertidumbre de que cualquier desencuentro diplomático entre Madrid y Londres volviera a traducirse en largas esperas para cruzar la frontera.
Con la aplicación provisional del tratado, el peor escenario que abrió el Brexit queda, al menos por ahora, descartado. Ahora las preocupaciones son otras, tanto a un lado como a otra de la Verja, porque en el Peñón también hay quien reconoce estar «preocupado» por una subida de impuestos. «No quiero más taxes, a ver qué sucede. Confío en Picardo», afirma una llanita.
En general, el derribo de la Verja ha traído consigo una sensación de alivio; una alegría contenida, no exenta de conformismo respecto a la soberanía del Peñón y lamentos por los nuevos precios del tabaco, y también incertidumbre por un futuro que dictará sentencia sobre la aplicación práctica del tratado de Gibraltar. Por lo pronto, la Verja ha dejado de ser un cuello de botella para convertirse en un punto de paso libre de controles.