Isla de Tarifa (Cádiz), con las costas de África al fondo

Isla de Tarifa (Cádiz), con las costas de África al fondoGuía de Cádiz

Cádiz  La isla que vigila el Estrecho desde Tarifa y que Marlaska mantiene cerrada por falta de seguridad

El cierre se ordenó en mayo por riesgos derivados del deterioro de varias estructuras para los visitantes

El punto más meridional de la Europa continental se encuentra en una isla de Tarifa, que es el nombre que recibe, aunque también se conoce como Isla de las Palomas. Durante siglos fue fortaleza, cuartel y vigía del Estrecho. En la actualidad, este enclave aspira a despegar como reclamo turístico, siempre y cuando lo permita el Ministerio del Interior, que lo mantiene cerrado por motivos de seguridad desde hace varios meses.

El cierre se ordenó el pasado 14 de mayo, después de que la Demarcación de Costas de Andalucía-Atlántico, departamento dependiente del Ministerio para la Transición Ecológica, alertara sobre riesgos derivados del deterioro de varias estructuras para los visitantes. Interior, el organismo que debe autorizar la reapertura de la isla, ha comunicado recientemente al Ayuntamiento que estudia distintas actuaciones para resolver el problema, pero aún no ha fijado una fecha para recuperar las visitas guiadas.

La singularidad del enclave explica buena parte de su interés como reclamo turístico, empezando por que constituye la última prolongación rocosa del continente europeo antes del Estrecho, y su extremo sur, la Punta de Tarifa, el punto más meridional de la península ibérica y, por consiguiente, de la Europa continental. Además, entre sus piedras hay restos de una necrópolis fenicia con hipogeos fechados entre los siglos VI y IV a. C.

Su ubicación, precisamente, le dotó de carácter estratégico. En 1588, Felipe II ordenó levantar una torre almenara, origen del actual faro. Posteriormente, a finales del siglo XVIII, comenzaron a construirse baterías de costa. Sin embargo, no fue hasta 1808 cuando se construyó el camino que une la isla con el casco urbano, obra de Antonio González Salmón, quien también fue responsable del espigón que hace función de puerto de Tarifa.

Durante el siglo XIX, la fortaleza se completó con baterías, cuarteles, polvorines y una dársena defensiva. Buena parte de este patrimonio está protegido como Bien de Interés Cultural (BIC), una catalogación que condiciona cualquier proyecto de rehabilitación. El deterioro de algunas edificaciones, precisamente, es uno de los obstáculos actuales para abrir de nuevo el recinto.

El faro es otro de los grandes símbolos de la Isla de Tarifa. La antigua torre defensiva comenzó a funcionar como señal marítima de la localidad costera en 1822, durante el reinado de Fernando VII. Reformado posteriormente y electrificado en 1967, eleva hoy la luz a más de 43 metros sobre el nivel del mar, dominando el Estrecho.

Antiguo centro de inmigrantes

En la época reciente, la isla ha albergado instalaciones militares. Además, a comienzos de los años 90, parte de sus antiguos cuarteles se transformaron en un centro de internamiento de extranjeros. Este CIE dejó de operar en 2020. Ese mismo año, el Ministerio del Interior, dirigido por Fernando Grande-Marlaska, comunicó que no retomaría su actividad, abriendo la puerta a una posible recuperación del espacio para usos públicos.

Esa transformación comenzó a materializarse con la creación de un centro de interpretación en el entorno del faro. La Autoridad Portuaria de la Bahía de Algeciras (APBA) aportó 725.000 euros para la rehabilitación del faro y su edificio anexo, mientras que el Ayuntamiento de Tarifa recibió 166.799,27 euros para adecuar este último como punto de atención a visitantes. A finales de 2022 abrió al público con visitas gratuitas y grupos reducidos, siempre con reserva previa.

La isla conserva una protección ambiental que explica este sistema, concebido para evitar que la presión turística dañara un espacio especialmente frágil. Integrada desde 2003 en el Parque Natural del Estrecho, alberga fondos marinos de gran valor ecológico, con comunidades de coral, biodiversidad y pecios. En cualquier caso, el recorrido permitía acercarse a una isla hasta entonces prácticamente inaccesible y visitar sus fortificaciones, miradores y dependencias históricas.

En este sentido, el Ayuntamiento quiso ir más allá y presentó un proyecto a la convocatoria de fondos europeos Next Generation que incluía una regeneración ambiental completa, una recuperación de elementos patrimoniales, nuevos usos turísticos y de investigación e incluso un acuario subterráneo de unos 500 metros cuadrados. Sin embargo, el proyecto no fue seleccionado y quedó pendiente de nuevas vías de financiación.

Ahora, el cierre mantiene en suspenso el futuro turístico de un enclave que combina patrimonio histórico, valor ambiental y una singular ubicación geográfica. La reapertura depende de las actuaciones que determine el departamento de Marlaska para garantizar la seguridad de los visitantes y preservar un espacio cuya recuperación sigue siendo una aspiración pendiente para Tarifa.

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