Imágenes de una amenaza del okupa a una vecina de Las Lagunas de Mijas
Málaga
Un okupa hace la vida imposible a unos vecinos de Mijas con destrozos y amenazas: «¡Os voy a quemar a todos!»
El hombre okupó un local familiar en octubre del año pasado y desde entonces tiene atemorizado a todo el vecindario
Las Lagunas, principal núcleo de población de Mijas, sufre desde el pasado mes de octubre, hace pronto un año, una situación que altera la vida cotidiana de algunos de sus vecinos. Un hombre de unos 50 años, recién salido de prisión, okupó un local familiar y comenzó a hacerle la vida imposible a todo el vecindario, obligado a convivir con destrozos, agresiones y amenazas constantes sin que las autoridades pongan remedio.
Según los vecinos, la Guardia Civil ha tenido que intervenir en numerosas ocasiones a raíz de los incidentes protagonizados por este individuo. Los daños más habituales son ventanas y puertas destrozadas a pedradas, porteros automáticos arrancados y daños en los jardines. Además, se ha subido alguna que otra vez a los vehículos estacionados en la zona para llamar la atención.
De hecho, el comportamiento del okupa se caracteriza por un alto grado de provocación. Cuando percibe que está siendo grabado, responde incluso desnudándose en público. Este tipo de acciones, lejos de ser un hecho aislado, se repiten con frecuencia y refuerzan la sensación de inseguridad en el barrio. Así, los residentes consideran que estas conductas buscan intimidar y dificultar cualquier intento de registrar pruebas en su contra.
Los episodios violentos se han intensificado con el paso de los meses. Entre los más graves figuran la persecución a una vecina con una barra de hierro, amenazas de muerte a varios residentes y al menos un intento de agresión con un cuchillo. En otra ocasión llegó a portar botes de gasolina para atemorizar al vecindario, al grito de «¡Os voy a quemar a todos!». La Guardia Civil lo detuvo, pero fue liberado a los pocos días y retomó su actividad delictiva.
De este modo, el temor se ha instalado en la vida de las familias del barrio. Muchas han optado por cambiar sus hábitos y acceder a sus urbanizaciones por entradas secundarias para evitar cruzarse con él. La falta de descanso nocturno se ha convertido también en un problema recurrente, ya que gran parte de los vecinos permanece en vela, pendiente de los destrozos o altercados que puedan producirse en cualquier momento.
Los residentes denuncian que los servicios sociales no han actuado y que el Ayuntamiento no les da una solución para deshacerse del okupa y recuperar así la tranquilidad. Esta situación de indefensión ha llevado a muchos incluso a desistir de reparar los daños ocasionados, conscientes de que probablemente serán repetidos en cuestión de horas o días.
Así las cosas, el barrio permanece a la espera del juicio que determinará la responsabilidad del okupa tras su última detención, un proceso que podría prolongarse varios meses. Hasta entonces, la comunidad vive en un ambiente de tensión constante, temiendo nuevas agresiones y más destrozos por parte de este individuo, convertido en la pesadilla de los vecinos.