La ley de startups pretende evitar la fuga de talento y facilitar la creación de empresas emergentes
Málaga
Málaga se afianza como el cuarto polo nacional de empresas emergentes y es la primera de Andalucía
La provincia registra ya 66 compañías emergentes reconocidas por Empresa Nacional de Innovación (ENISA), solo por detrás de Madrid, Barcelona y Valencia
Málaga suma y sigue en creación de empresas de base tecnológica. De hecho, la provincia de Málaga está haciendo bastante ruido en el mundo de los negocios innovadores.
Según las cifras oficiales, estamos hablando de hasta 66 empresas emergentes que ENISA ya ha certificado en este procedimiento que comenzó hace poco más de dos años con el objetivo de acreditar la naturaleza innovadora y escalable de las startups como requisito esencial para poder disfrutar de lo que las regulaciones les ofrecen gracias a la Ley de Startups. Con esa cifra, Málaga es la cuarta provincia española con el mayor número de empresas certificadas, solo superada por Madrid (465), Barcelona (422) y Valencia (118).
Las cifras también destacan que al comparar diferentes territorios, en Andalucía, Málaga sale muy por delante con el 42% de todas las acreditaciones.
¿Qué hay detrás de este crecimiento?
Es una receta para crear lo que podría convertirse en un centro tecnológico emergente en el que la innovación, la financiación de capital de riesgo, las incubadoras y las marcas conocidas localmente suman más que otro imán turístico de tamaño medio. Además, el hecho de que las empresas de Málaga ahora puedan portar la etiqueta de «empresa emergente», además de beneficios fiscales, acceso a crédito o visibilidad, está comenzando a tener un impacto real.
Importante certificación
La etiqueta ENISA no es una mera formalidad: permite a una startup innovadora acceder a ciertas ventajas fiscales, acceder a financiación pública o privada y lograr una visibilidad que apoya su desarrollo. Los requisitos para obtenerla son exigentes (recientemente creadas, jóvenes o en un cierto periodo, ingresos de menos de 10 millones de euros, la mayoría de empleados con sede en España) y permiten la selección de proyectos que son realmente capaces de escalar. Con el tiempo, esto permite que el ecosistema local crezca en calidad en lugar de cantidad.
En Málaga, el problema no es solo de números: hay un listado de empresas que han dado el salto en los últimos años, muchas en el Parque Tecnológico de Andalucía (PTA) o en el Centro de Contenidos Digitales. Esta masa crítica también crea sinergias, visibilidad y atracción de talento.
Un ejemplo de éxito
Un nuevo caso de éxito en la creación y consolidación de empresas emergentes en Málaga es S.Lab. Desde que trasladó su sede en 2023 a Coín, desde Ucrania, ha desarrollado un embalaje biodegradable sostenible y ha entrado en el programa de aceleración de Morgan Stanley, con una inversión de 250.000 libras (aproximadamente 288.000 euros). Y si algo es la representación clara de lo que significa ser una startup certificada en Málaga, eso es tecnología, sostenibilidad, internacionalización y crecimiento.
Aunque no es el tema principal de este artículo, S.Lab sirve como un pintoresco ejemplo de lo que la certificación puede habilitar: exposición internacional, inversores internacionales, escalabilidad. Y es una señal de que, cuando las cosas son correctas, Málaga puede generar orígenes competitivos para empresas con potencial europeo.
Los desafíos que permanecen
Pero no todo es un camino abierto. «Málaga está en una tendencia ascendente, pero aún tiene áreas de mejora en temas como el aumento de startups con una escala real, diversidad de fuentes para financiar estas empresas y que haya más empresas con un impacto real de estas certificaciones», dice. Además, la lucha por el talento, el capital y el apoyo es realmente muy real.