Vecinos de El Palo en Málaga protestan para legalizar sus casas
Málaga
Miles de vecinos que viven a pie de playa en Málaga no saben si sus viviendas son legales 40 años después
Vecinos mantienen viva la movilización tras años de promesas incumplidas, mientras el PP intenta llevar el conflicto al Congreso para forzar una solución definitiva
El conflicto de las casas de la playa en El Palo es ya una herida crónica para Málaga. Comenzó como una reivindicación muy localizada, pero no hay quien no se percate de la decenas de carteles que rezan con el lema «Deslinde ya!!!». Llevan meses colgados en sus fachadas, pero los residentes no se dan por vencidos. Todavía hoy siguen organizando concentraciones y colgando pancartas que claman justicia. Su lucha, lejos de apagarse, se ha institucionalizado como una incómoda verdad para sucesivos gobiernos.
Las estimaciones del Ayuntamiento y de las propias plataformas de afectados es que son unas 570 las viviendas que se encuentran en esta situación de limbo legal, y que compromete a unos 4.000 propietarios. Y todo porque sus casas están dentro del límite del dominio público marítimo-terrestre, a pesar de que muchas tienen escrituras y pagan impuestos, lo que les impide obtener licencias para reformas. Aunque a la vista está, muchas las han hecho. Algunas familias han vivido ahí por varias generaciones.
Los inmuebles están afectados por el deslinde de Costas, que las sitúa en dominio público marítimo-terrestre, impidiéndoles regularizar sus casas a pesar de llevar décadas, reclamando una solución similar a la de barrios como Pedregalejo.
Al menos la situación dio un giro político significativo cuando el Partido Popular en el Congreso decidió elevar el caso a la esfera nacional. Registró una iniciativa pidiendo una solución urgente para forzar al Gobierno central a ejecutar el deslinde pendiente desde 2013. Sin embargo, el Ejecutivo ha ninguneado la situación de las miles de familias afectadas. Por ahora, todo son promesas y ninguna solución.
Hartos pero combativos
En el barrio, la rutina de la protesta continúa. Manuel Benavides, presidente de la Asociación Rebalaje, sigue siendo la voz más crítica. «Cada vez que hay elecciones los políticos prometen arreglarlo, pero luego nada cambia. Estamos cansados de promesas vacías», repite con desgaste. Sus palabras resumen la frustración de quienes ven pasar los años sin poder reformar sus hogares o hipotecarlos con normalidad.
Decenas de pancartas copan las fachadas de las casas en El Palo
La comparación con Pedregalejo, regularizado hace años, sigue doliendo. Esta desigualdad territorial alimenta la sensación de abandono. Los vecinos argumentan que, si una zona contigua pudo resolverlo, no hay excusa técnica para su paralización. Solo falta, aseguran, voluntad política para priorizar un expediente eternamente aparcado en algún cajón de la Demarcación de Costas.
La esencia del barrio pesa en esta batalla. Los afectados no solo defienden propiedades, sino un modo de vida. «Somos la última cultura autóctona que le queda a Málaga, una joya cultural», insiste Benavides. Temen que, si sus casas caen, se lleve consigo la identidad histórica de El Palo. Este argumento emocional ha conseguido un apoyo social que trasciende a los propietarios directos.
Casas de pescadores de siempre
Estas viviendas son mucho más que cuatro paredes. Se trata de construcciones con décadas de antigüedad, herederas de la tradición pesquera, que se alzan literalmente a escasos metros de la orilla. Su valor no es solo sentimental; son el último bastión tangible de la arquitectura y la forma de vida marenga, un patrimonio urbano único que la Ley de Costas ha puesto en peligro de extinción.
Casas a pie de playa de pescadores que han ido heredando otras generaciones
Las últimas noticias no son alentadoras. A pesar del ruido político y las manifestaciones, el deslinde técnico que separa el dominio público marítimo-terrestre de la propiedad privada sigue sin materializarse. El gobierno socialista no da respuesta pese a los requerimientos. Los vecinos, mientras, planean mantener la presión con nuevas concentraciones ante la Subdelegación del Gobierno.
El futuro se vislumbra como una prolongación del presente. Sin un gesto firme del Gobierno de Sánchez, la movilización parece condenada a perpetuarse. Los carteles de «El Palo unido» o «Deslinde Ya!!!» seguirán ondeando. Es una carrera de fondo que, sin embargo, se topa con la inacción del Gobierno que, una y otra vez, mira para otro lado.