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Los inmigrantes de países en vías de desarrollo son los que menos se integran

Málaga

Los inmigrantes de países en desarrollo no se relacionan con los foráneos europeos en Málaga, según un estudio

Un estudio de la Universidad de Málaga destapa la realidad de una provincia donde la procedencia determina el código postal, desde las urbanizaciones exclusivas de la costa hasta los barrios con mayor concentración de inmigración laboral

En la provincia de Málaga no solo conviven diferentes culturas; lo hacen, sobre todo, diferentes realidades económicas que, a menudo, ni siquiera se rozan. Una investigación capitaneada por Juan José Natera Rivas, profesor de Geografía Humana de la Universidad de Málaga, ha puesto sobre la mesa una radiografía que duele: la del mapa residencial de los extranjeros, un reflejo casi exacto de la brecha social.

El estudio, presentado en el marco del Informe del Observatorio de Desigualdad de Andalucía, especifica dónde eligen vivir los foráneos. Y la conclusión es tan clara como implacable: los residentes procedentes de países ricos —británicos, alemanes o suecos— ocupan las zonas más cotizadas, mientras que quienes llegan huyendo de la precariedad se concentran en los barrios más humildes. No es una simple apreciación; los datos certifican que la ubicación es casi excluyente: donde viven unos, los otros ni pueden ni, quizás, quieren residir.

La migración interna

Pero no solo de llegadas del exterior vive este fenómeno. Antes de analizar la distribución foránea, Natera se detiene en un movimiento silencioso pero revelador: el de los propios malagueños. El investigador observa cómo el Valle del Guadalhorce y los alrededores de Rincón de la Victoria se han convertido en el refugio residencial de la capital.

Lo curioso del caso es que no se trata de una huida por necesidad extrema. Al contrario, quienes abandonan la ciudad de Málaga son, en su mayoría, jóvenes con empleo estable y una economía saneada. Buscan chalés adosados o bloques de baja densidad, viviendas de calidad que exigen un nivel de renta medio-alto. Es, por tanto, una demanda selectiva que busca espacios con mayor calidad de vida fuera del bullicio urbano.

Lujo y aislamiento en la Costa del Sol

Si se viaja hacia la Costa del Sol Occidental, el panorama cambia de matiz, pero no de fondo. Allí, el denominado «turismo residencial» de altos ingresos copa urbanizaciones privadas, a menudo valladas y aisladas. El estudio de Natera revela una máxima que se cumple a rajatabla: a mayor exclusividad de la vivienda, mayor es el peso de la población foránea de renta alta.

Municipios como Benahavís son el paradigma de esta realidad. En el complejo Alquería/El Paraíso, por ejemplo, siete de cada diez residentes han nacido fuera de España, siendo la comunidad británica la más numerosa. El mercado inmobiliario de lujo no solo no se resiente, sino que vive un auge constante, atrayendo a compradores de toda Europa e incluso de Estados Unidos, ávidos de sol y las comodidades de los campos de golf.

El contraste en el mismo municipio

Frente a este escenario de piscinas y jardines, la investigación coloca el foco sobre distritos como Palma-Palmilla, en la capital. Natera lo describe sin ambages como un «tejido urbano estigmatizado», levantado en su origen para realojar a población chabolista y que hoy sigue siendo una de las zonas con la renta más baja de la ciudad.

No es casualidad que ahí se concentre la inmigración laboral, principalmente magrebí y subsahariana. El precio de la vivienda, tanto en compra como en alquiler, es el más asequible, lo que convierte a estas barriadas en la única puerta de entrada posible para muchos. Este fenómeno se replica en otros puntos de la provincia, como El Boquetillo en Fuengirola o Divina Pastora en Marbella, donde la precariedad se aglutina en guetos urbanos.

Mismo pueblo, dos mundos

Marbella y la propia Málaga son el espejo perfecto de esta dualidad. En la ciudad costasoleña, los europeos adinerados esquivan la zona oriental del municipio, de tradición más obrera, para instalarse en las viviendas más exclusivas. En la capital, la segregación es igual de quirúrgica: los residentes de la UE copan zonas como Churriana, pero están completamente ausentes de calles como la Unión o barrios como Ciudad Jardín y Palma-Palmilla.

Incluso entre los propios inmigrantes laborales se producen sutiles diferencias. Mientras los magrebíes se asientan en el distrito norte de Málaga, los latinoamericanos prefieren el eje que va de la calle Unión a la avenida de Europa. La investigación de Natera dibuja así un mapa lleno de fronteras invisibles, donde el código postal y la fachada del edificio delatan, antes que el acento, el origen y la capacidad económica de sus habitantes.

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