A los pies del Torcal de Antequera, la joya natural kárstica malagueña, está proyectada la instalación de la planta.
Málaga
Ganaderos de Málaga, contra una megafactoría de hidrógeno verde en un paraje protegido: «No es ecologismo»
La planta La Joya H2, de 510 hectáreas, amenaza un paisaje Patrimonio de la Humanidad mientras más de 2.000 alegaciones reclaman su replanteo y el alcalde de Antequera anuncia «oposición frontal»
Energía ecológica destruyendo un entorno natural tan apreciado y relevante como todo un paisaje Patrimonio de la Humanidad. Está ocurriendo concretamente en Antequera. La contradicción del ecologismo con las renovables y la fauna autóctona y ganadera.
Isabel Romero lo tiene claro: el paisaje que hoy admiran los visitantes de El Torcal no es fruto de la casualidad. «Esto nos ha costado mucho crearlo», sostiene esta ingeniera técnica agrícola que, junto a su hermana, dirige la explotación caprina El Cepillar, a escasos 500 metros del lugar donde se proyecta la planta de hidrógeno verde La Joya H2. Más de 2.000 cabras malagueñas pastan en estas tierras, una raza que exportan hasta Grecia, Italia o Emiratos Árabes.
La pedanía de La Joya, de apenas 900 habitantes, acoge junto a sus vecinas la cabaña de cabra malagueña más importante de España, concentrando el 20 % de los ejemplares de una raza que produce de media 550 litros de leche al año. «Hace un par de semanas vinieron desde Grecia y les encantó nuestra raza, las suyas se mueren por una enfermedad», cuenta Romero, que preside además la asociación de criadores Cabrama. El negocio funciona, asegura, y no entiende por qué ponerlo en riesgo.
510 hectáreas en un monumento natural
El proyecto, promovido por Siroco Hydrogen 2 (participado íntegramente por Avalon Renovables), ocuparía una superficie equivalente a unos 713 campos de fútbol, unas 510 hectáreas. Incluiría una instalación fotovoltaica de gran potencia, un parque eólico, baterías de almacenamiento, dos subestaciones eléctricas, líneas de alta tensión y un hidrogenoducto de varios kilómetros. Para abastecerla de agua, se proyecta una tubería subterránea de 48 kilómetros desde la depuradora del Guadalhorce.
La empresa defiende que producirá decenas de miles de toneladas anuales de combustible sostenible para abastecer el aeropuerto de Málaga, además de biometano para miles de hogares. Sin embargo, los vecinos no compran el discurso. «No estamos en contra del hidrógeno verde, pero aquí no se debe instalar», sostiene Resurrección Guerrero, portavoz de la plataforma vecinal Valle Natural Río Grande.
Infografía del lugar donde se proyecta su instalación
Renovables vs respeto del territorio
Más de 2.000 alegaciones han recibido las administraciones durante el periodo de información pública. El Ayuntamiento de Antequera se ha sumado al rechazo. Su alcalde, Manuel Barón, ha sido tajante: «No estamos en contra del hidrógeno verde; de hecho, el Puerto Seco tendrá su propia producción, pero no vamos a permitir que se instale a los pies de un Patrimonio de la Humanidad. Haremos una oposición frontal con todos los medios legales a nuestro alcance».
El director general de Energía de la Junta de Andalucía, Manuel Larrasa, ha respaldado la postura municipal. Según explicó, «no todos los proyectos de renovables valen». Cualquier industria de este tipo, argumentó, debe ser coherente con el territorio y contar con el respaldo de la población local, requisitos que a su juicio esta planta incumple al poner en peligro el patrimonio natural, arqueológico e histórico de la zona.
Un precedente que inquieta
Adrián Peña Botello, abogado del movimiento vecinal, explica que los residentes están «escandalizados» ante lo que consideran «una fábrica de combustible de avión disfrazada de energía verde, no es ecologismo». Además, asegura que algunos propietarios temen la expropiación de sus parcelas, sobre las que habrían cerrado acuerdos «pensando que solo se instalarían paneles solares».
Los temores no son infundados. La Junta de Andalucía ya emitió informes ambientales desfavorables en julio del año pasado a tres macroproyectos eólicos que pretendían instalar decenas de aerogeneradores de hasta 200 metros de altura en el entorno de El Torcal. Los estudios técnicos alertaban de un «riesgo significativo para la avifauna, especialmente para especies amenazadas como el alimoche».
«Que busquen otro sitio»
La oposición no es un capricho, insiste Guerrero. En La Joya y sus alrededores conviven explotaciones agrícolas y ganaderas, alojamientos rurales, un hotel de cuatro estrellas y empresas de distintos sectores. «Es una población rica, prácticamente sin paro, que no necesita nada más», sostiene en referencia a los escasos empleos estables que generaría la planta.
El entorno, además, posee un patrimonio natural e histórico de primer orden. El Torcal, declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco como parte del Sitio de los Dólmenes de Antequera, es uno de los paisajes kársticos más impresionantes de Europa. Sus formaciones rocosas, esculpidas durante millones de años, albergan especies protegidas como el buitre leonado, la cabra montés y decenas de variedades de orquídeas.
«Tenemos historia desde la prehistoria, también restos íberos y romanos, y muchas veces no nos da tiempo ni a proteger», lamenta Guerrero. «Nos ha costado mucho crear todo esto, que se busquen otro sitio. Esto va bien. Nosotros vivimos del campo, de la ganadería, del turismo y de sus empresas. Qué locura sería destruir todo esto y su entorno», concluye.