Brown está tumbado sobre Miguel tras simular un rescate
Por segundo año consecutivo
Brown, Nancy y Milka, los socorristas caninos que salvarán vidas este verano en una playa de Málaga
Málaga tiene el único municipio de España con una unidad homologada de rescate acuático, y este verano vuelve a contar con labradores entrenados para arrastrar a bañistas en apuros
Torrox ha conseguido algo de lo que ningún otro pueblo de España puede presumir. Sus playas son las únicas del país donde los perros socorristas trabajan de manera oficial, homologados dentro del pliego de condiciones del servicio municipal. El Grupo Provita, especialista en salvamento, ha sido la empresa adjudicataria. Su apuesta por mezclar innovación y seguridad ha dado como fruto una unidad canina única en el litoral andaluz.
Miguel y su familia de cuatro patas
El hombre que tira de esta singular patrulla se llama Miguel Sánchez Merenciano. Acumula casi 30 años amaestrando perros y una década enseñando a gente a flotar. Este verano repite como instructor en las arenas de Torrox. A sus órdenes tiene a tres retriever de pelaje marrón: Brown, un macho con fuerza de tractor; Nancy, una hembra que ya ha visto de todo; y Milka, una cachorra de solo año y medio que ha heredado el oficio de sus padres.
Los fines de semana son su momento estrella. Como es previsible, la afluencia de bañistas se dispara los viernes, sábados y domingos. Pero ojo, los tres perros nunca coinciden sobre la misma arena. Se turnan. Cada día baja uno solo acompañando a Miguel. Así evitan confusiones y reparten esfuerzos. Un sistema que demuestra que aquí no se improvisa nada.
Perros como motor de arrastre
La labor de estos animales suele malinterpretarse. Muchos creen que el perro se lanza en solitario a morder al bañista para arrastrarlo. Nada más lejos de la realidad. La misión canina consiste en convertirse en un motor de arrastre para el socorrista humano. El momento crítico se activa con un silbato: cuando el vigilante ha nadado la mitad del trayecto hacia la víctima, emite un pitido. El labrador sale entonces disparado desde la orilla.
Al llegar al punto de rescate, el perro muerde un juguete que el instructor lleva en la mano. Y ahí empieza la tracción conjunta hacia la arena. Miguel Sánchez suelta una frase que lo resume todo: «Un socorrista gasta el 40 % de su energía en ir hacia la víctima y debe reservar un 60 % para volver». Y añade, con la seguridad de quien lo ha probado: «Con los perros puedes ir al 100 % hacia quien se ahoga, porque a la hora de volver el animal te ayuda como un remolque viviente».
Miguel y Brown son el centro de atención de los bañistas
Nacidos para nadar
¿Por qué un labrador retriever y no cualquier otro perro? La respuesta está en su fisonomía. Estos animales poseen dos capas de pelo que los aíslan del frío del agua, algo vital cuando se trabaja horas en el mar. Pero lo más curioso son sus patas: tienen membranas interdigitales, igual que los patos. Eso los convierte en nadadores natos, con una horizontalidad perfecta y un consumo de energía mínimo.
Y la cola, ay, la cola. Miguel explica que está llena de músculo y la usan a modo de timón para cambiar de dirección en fracciones de segundo. Una auténtica maravilla de la evolución. Tanto es así que Brown, el macho alfa, es capaz de remolcar motos de agua o pequeñas lanchas de hasta 2.000 kilos. Sí, ha leído bien: dos mil kilos. Casi nada.
El refuerzo positivo como bandera
Los primeros chapuzones los dan de cachorros en aguas tranquilas, como el pantano de La Viñuela. Allí se habitúan al sonido del oleaje sin el estrés de las corrientes. Luego, poco a poco, avanzan hasta el mar abierto. El resultado son unos animales que van a por el juguete con la misma pasión con la que otros van a por un filete.
Más selfi que rescate
Paseando estos días por el paseo marítimo de Torrox, es fácil toparse con una pequeña multitud rodeando a Miguel y a uno de sus perros. Los móviles se disparan. Los niños quieren acariciarlos. Y la gente graba vídeos sin saber del todo qué están viendo. Detrás de esa estampa amable hay un operativo de seguridad de altísimo nivel, homologado y supervisado, que funciona como un reloj suizo.
El Ayuntamiento, por su parte, ha recordado que el objetivo es mantener a Torrox como «referencia nacional» en salvamento. Y para ello no solo cuentan con los perros. También hay drones, motos de agua y un equipo humano coordinado. Pero lo cierto es que la mirada del público se la llevan estos tres labradores chocolate que, mientras juegan, salvan vidas sin saberlo. O quizá sabiéndolo muy bien, pero eso ya es otra historia.