Una pareja toma el sol en la playa

Una pareja toma el sol en la playaGetty/ JOSH_HODGE

Medidas efectivas

La 'guerra de las sombrillas': el pueblo de Málaga que multa con 300 euros por reservar espacio en la arena

Pionero desde 2014, este municipio de la Axarquía aplica sanciones y retira los enseres abandonados para garantizar el uso público de sus playas con bandera azul

Con la llegada del verano, las costas de Málaga se convierten en el destino favorito de miles de bañistas que buscan sol y arena. Sin embargo, la llamada 'guerra de las sombrillas' ha convertido la búsqueda de un hueco en la orilla en una auténtica odisea para muchos. La práctica de madrugar para plantar la sombrilla y desaparecer durante horas ha llevado a varios ayuntamientos a tomar cartas en el asunto.

Uno de los municipios que lidera esta batalla desde hace más de una década es Torrox, situado en la comarca de la Axarquía. El Ayuntamiento torroxeño fue pionero en 2014 al aprobar una ordenanza municipal que prohíbe expresamente la reserva de espacio en la arena sin la presencia física del propietario. Una medida que desde entonces ha servido de ejemplo para otros municipios de la provincia.

Abuelos 'okupas' de arena

«El problema que teníamos era que enviaban a los abuelos a las 7 u 8 de la mañana a dejar sombrillas, y luego ni siquiera venían a disfrutar de la playa», explica José Manuel Ruiz Ortega, subinspector jefe de la Policía Local de Torrox. La ordenanza municipal establece que los objetos que permanezcan en la playa sin vigilancia durante periodos prolongados serán retirados por los servicios municipales.

La normativa, respaldada por la Ley de Costas, define las playas como bienes de dominio público. En el artículo 14 de la ordenanza local se detalla la prohibición de cualquier tipo de reserva del espacio físico, ya sea con sombrillas, sillas, toldillos o incluso estructuras más voluminosas como carpas o jaimas. Esta última práctica ha sido objeto de una modificación reciente en la normativa, ante las quejas de bañistas y empresarios del sector.

El procedimiento de los agentes es claro: si detectan enseres abandonados durante varias horas sin dueño, fotografían el material y, si la ocupación persiste, proceden a su confiscación. Los objetos retirados se trasladan a las dependencias municipales, donde permanecen almacenados durante un máximo de catorce días. Para recuperarlos, los propietarios deben abonar una tasa que parte de los 30 euros.

De 30 a 300 euros

En caso de reincidencia o de una actitud combativa con la norma, las sanciones económicas pueden ascender hasta los 300 euros. La verdad es que el coste de recuperación ha llevado a muchos a no reclamar sus pertenencias, ya que, como apuntan desde el consistorio, en ocasiones les resulta más barato comprar un nuevo equipo que pagar la multa. El material no reclamado acaba siendo considerado como residuo y eliminado.

«Tampoco es lo mismo una persona que ocupa tres metros que otra que ocupa quince», matiza el subinspector Ruiz Ortega, indicando que se aplica cierta flexibilidad con quienes se ausentan de forma puntual, por ejemplo, para comer en un chiringuito. Sin embargo, no ocurre lo mismo con quienes se van a casa durante horas o reservan sin intención de volver. Además, desde el pasado año, también está prohibido instalar carpas, jaimas y grandes toldos en la arena que monopolizan el espacio.

Desde el Ayuntamiento insisten en que el objetivo no es recaudatorio, sino eliminar una conducta incívica para que el litoral siga siendo un espacio compartido y de disfrute para todos. Una actuación amparada en la ordenanza municipal y en la Ley de Costas, que define las playas como bienes de dominio público marítimo-terrestre. La iniciativa cuenta con el respaldo de los vecinos del municipio, quienes llegan a sentirse expulsados de sus playas durante la temporada alta.

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