Imagen del cardiólogo mallorquín Xavier Rosselló

Imagen del cardiólogo mallorquín Xavier RossellóCONSELLERIA DE SALUD

Un cardiólogo mallorquín descubre que este fármaco podría ser innecesario tras sufrir un infarto

  • Un estudio con participación del cardiólogo Xavier Rosselló cuestiona este tratamiento si la función cardíaca es normal, pero transmite un mensaje de calma: «los pacientes no han sido mal tratados»

Tras un infarto, si el corazón recupera su función normal, los betabloqueantes podrían dejar de ser necesarios. Así lo sostiene el cardiólogo mallorquín Xavier Rosselló, del hospital Son Espases de Palma, quien advierte que estos fármacos «no aportan beneficios clínicos» en pacientes con función cardíaca preservada. La conclusión, respaldada por una investigación internacional, abre la puerta a mejorar la calidad de vida de millones de personas al evitar efectos secundarios como la fatiga, el cansancio o la disfunción sexual asociados a su uso prolongado.

Rosselló ha participado en una investigación internacional que cuestiona el uso rutinario de betabloqueantes tras un infarto en pacientes con función cardíaca normal. El trabajo, liderado por el Centro Nacional de Investigaciones Cardiovasculares (CNIC), se ha presentado en el Congreso de la American Heart Association (AHA) en Nueva Orleans y publicado en The New England Journal of Medicine, tal y como informa la Conselleria de Salud en un comunicado.

A partir del análisis de 17.801 pacientes con infarto de miocardio procedentes de instituciones de Noruega, Suecia, Dinamarca, Japón, Italia y España, la investigación revela que los betabloqueantes «no aportan beneficios clínicos» para este grupo concreto de enfermos. Se trata, además, de la mayoría de las personas que hoy logran recuperarse de un infarto.

«El estudio demuestra que no hay ningún subgrupo de pacientes postinfarto con función cardiaca normal que se beneficie del tratamiento con betabloqueantes», afirma el investigador en el Hospital Universitario Son Espases y el Instituto de Investigación Sanitaria de Baleares (IdISBa).

Tal y como detalla Rosselló, esta afirmación es el resultado de cuatros años de seguimiento, en los que se observó que los eventos cardiovasculares graves -como muerte, nuevo infarto o insuficiencia cardíaca- se produjeron en un 8% de los pacientes, independientemente de si recibieron betabloqueantes o no.

El estudio también analizó variables como la edad, el sexo, el tipo de betabloqueante utilizado y la presencia de arritmias «sin encontrar beneficios, ni perjuicios en ningún grupo», apunta.

Esta no ha sido la primera investigación que pone de manifiesto el peligro de los betabloqueantes, especialmente «perjudicial para las mujeres». Un hecho que ya hecho fue publicado por el estudio Reboot, el último que se había realizado sobre la misma temática. A partir de este trabajo y otros cuatro ensayos clínicos, el análisis más reciente confirma que los betabloqueantes tienen un «efecto neutro» tanto en hombres, como en mujeres.

Los investigadores destacan que este hallazgo es importante para ellas y supone un gran avance clínico. También dejan claro que los pacientes tratados mediante estos fármacos «no han sido mal tratados», y ahora los médicos poseen más información respecto a las consecuencias de su uso en diferentes escenarios. El descubrimiento «refleja un cambio en el contexto clínico», como es que «la mejora en el manejo del infarto en las últimas décadas ha reducido la necesidad de estos fármacos en pacientes con función cardíaca preservada», explica el también profesor en la UIB y científico en el CNIC.

El metaanálisis que recoge los datos de cinco ensayos clínicos contemporáneos ofrece «una respuesta definitva» a esta cuestión que afecta a millones de personas de todo el mundo. «Los resultados tendrán un impacto directo en las guías clínicas internacionales y podrían mejorar la calidad de vida de muchos pacientes, al evitar efectos secundarios innecesarios como fatiga, cansancio o disfunción sexual asociados al uso prolongado de betabloqueantes», han alegado.

Sin embargo, no se trata de demonizar estos fármacos, que son esenciales para otros perfiles clínicos, como pacientes con fracción de eyección reducida (<50 %), insuficiencia cardiaca crónica o arritmias. De esta manera, «nadie debe suspender el tratamiento sin consultar previamente con su médico», advierten, ya que los betabloqueantes pueden estar indicados por otras razones.

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