El 65% de los niños de entre 10 y 15 años tiene en móvil en Baleares

El 65% de los niños de entre 10 y 15 años tiene en móvil en BalearesGetty Images/ljubaphoto

La edad del primer móvil se está retrasando hasta el instituto en Baleares, pero sigue siendo un «problemón»

Aunque el uso de móviles baja al 65,6 % entre los menores de entre 10 y 15 años, la decisión sigue guiada por «la ansiedad de los padres», no por criterios educativos

La Encuesta sobre Equipamiento y Uso de Tecnologías de la Información y Comunicación (TIC) en los Hogares, del Instituto Nacional de Estadística (INE) ha revelado recientemente que hoy el 65,6 % de los jóvenes de entre 10 y 15 años de Baleares tiene teléfono móvil, lo que supone una caída de 3,2 puntos respecto a 2024. Sin embargo, para la psiquiatra del Hospital Son Espases (Palma) y miembro del Instituto Balear de Salud Mental Infantil y Adolescente (IBSMIA), Marta Bermar, la cifra no invita a bajar la guardia. La experta señala los grandes peligros del uso prematuro de móviles, sobre todo si no ha existido una educación previa por parte de los padres, a los que señala como principales responsables.

El descenso es, para la psiquiatra, «una buena noticia», pero insuficiente. La experta, observa en consulta que ha aumentado la implicación de muchas familias. «Rechazan las edades prematuras para tener los primeros móviles y muestran más rechazo a las pantallas», explica. Sin embargo, advierte de que todavía queda «mucho trabajo por hacer», porque persisten «muchas familias con escaso control del tiempo y del contenido» que consumen sus hijos, algo que «tiene una gran repercusión para su salud».

La pandemia: origen del cambio

Bermar cree que todo cambió a raíz de la pandemia. Aquella etapa, explica, «generalizó el mal uso de las pantallas, adelantó la edad del primer móvil y provocó un boom muy negativo para la salud mental». A raíz de aquello se empezó a hablar «de forma muy clara» de la necesidad de reducir pantallas y esa idea, asegura, por fin está calando.

Cada vez hay más grupos de familias en Baleares y en otras comunidades, como Madrid, que rechazan móviles y dispositivos en usos escolares. «La gente que se informa verdaderamente está concienciada y se está empezando a ver esa reacción social», señala. Pero insiste en que falta mucho camino, ya que pese al ligero retraso en la edad del primer dispositivo, lo que hoy existe «sigue siendo un problema de salud pública».

De la comunión al instituto

Ese retraso, «de los 9 o 10 años que suelen coincidir con la comunión ha pasado a los 12, la edad que tienen cuando empiezan el instituto». No obstante, el cambio sigue reflejando la edad excesivamente temprana, según la psiquiatra, a la que los niños acceden a móviles: «Antes de los 14 yo recomiendo no tener móvil, o tenerlo solo para momentos puntuales y con una intención determinada».

Antes de los 14 no recomiendo tener móvil, o tenerlo solo para momentos puntuales y con una intención determinada

No sirve, recalca, que el niño disponga del dispositivo con «barra libre» de uso y redes sociales. De hecho, considera que la libertad plena debería llegar «como mínimo a los 16 años, o incluso más tarde», y siempre después de «una educación extensa en redes sociales».

El problema «es de los padres»

Pero, ¿por qué siguen dándose móviles tan pronto? Para Bermar, la respuesta es clara: el problema principal no son los niños, sino la ansiedad de los padres. «El tema de que un padre esté más tranquilo si su hijo lleva móvil es un problema de los padres, no del niño», afirma. Recuerda que, en su propia infancia, cuando no existían los móviles, «los niños solventaban los problemas solos» y tenían más autonomía.

Además, añade una advertencia que desmonta el argumento habitual de seguridad: «Es más probable que le pase algo a un niño que lleva un iPhone 14 que a un niño que no lleva móvil». Un dispositivo caro puede convertir al menor en objetivo de robos, además de generar distracciones peligrosas: «Se puede despistar mirando el móvil y le pueden atropellar». A esto se suma la falsa sensación de control que ofrecen herramientas como la geolocalización, que para la experta es «un espejismo, una sensación de control irreal» que alimenta aún más la ansiedad adulta.

Es más probable que le pase algo a un niño que lleva un iPhone 14 que a un niño que n o lleva móvil

La psiquiatra insiste en que más importante que la edad es el tiempo y el tipo de contenido que consumen. Aquí es donde se juega de verdad la salud mental de los menores. Las redes sociales, diseñadas para maximizar el tiempo de uso, apunta la especialista, «afectan a todas las personas, pero más cuanto más pequeña es la edad, porque el cerebro está en desarrollo y carece de la capacidad crítica necesaria».

La falta de educación digital en muchos padres agrava el problema: «no dedican el tiempo necesario a enseñar el uso responsable y los riesgos de las aplicaciones». El resultado es que los menores acceden a información nociva y pueden escribir o publicar contenidos sin entender su trascendencia. Avisa que así abre la puerta a peligros como el ciberacoso o la exposición a contenidos sexuales: «Es un campo con mucho riesgo», resume.

no dedican el tiempo necesario a enseñar el uso responsable y los riesgos de las apliaciones

El gran peligro redes y pantallas

Según Bermar, el tiempo excesivo en redes disminuye la autoestima de los jóvenes y puede llevarles a espacios peligrosos, también en videojuegos, donde la información personal se comparte con demasiada facilidad. Además, afecta directamente a sus relaciones sociales y familiares. «Entre los 0 y 5 años, las pantallas pueden alterar la evolución necesaria de relación con los demás e impidiendo el desarrollo normal de la psicomotrocidad», detalla.

Por otra parte, en edades posteriores, fomentan un aislamiento que desconecta al menor de su entorno: "un niño enganchado por un videojuego no atiende a lo que ocurre a su alrededor». Incluso, afirma que las pantallas atentan gravemente contra la salud ocular, que se ve «muy perjudicada de forma potente».

Internet en los colegios

Un problema que se ha extendido a los colegios: «El uso de ordenadores como el Chromebook, que ya está implantado en muchos colegios, abre vías de entrada a conflictos entre los alumnos». Las aplicaciones educativas, creadas con buena intención para facilitar las tareas con la ayuda de internet, permiten también el intercambio de información peligrosa, según la experta. «Incluso las fichas escolares pueden contener publicidad no adecuada para menores», recalca.

Esos chats, inicialmente pensados para actividades académicas, «pueden ser mal usados por los niños». Por eso considera que el colegio tiene «una gran oportunidad y un gran reto» para enseñar un uso responsable de la tecnología y trabajar aspectos prácticos, éticos y filosóficos ante «el cambio de paradigma brutal» que representa la era digital y la inteligencia artificial.

Para la experta, la meta debe ser clara. Los padres tienen un papel «fundamental» y deben asumir que la educación digital empieza mucho antes de entregar un móvil. «Primero no hay que dar un móvil antes de la edad determinada, pero antes aún es primordial educar», insiste. Y añade que los menores no deberían usar redes antes de los 15 años, porque les imposibilita aprender a tener relaciones sanas y «les quita tiempo para estudiar, practicar deporte, estar con amigos, disfrutar de la naturaleza o convivir en familia».

les quita tiempo para estudiar, practicar deporte, estar con amigos, disfrutar de la naturaleza o convivir en familia

Tras analizar el descenso de uso en Baleares y los hábitos actuales, Bermar lanza un mensaje que resume toda su preocupación: «Es como si se hubiera reducido el consumo de tabaco de dos paquetes a uno en adolescentes, ha bajado, pero sigue siendo un problemón». Y mientras la edad del primer móvil se retrasa tímidamente, la psiquiatra reitera que lo esencial está en manos de los adultos: «dejar de actuar desde el miedo y empezar a educar desde la responsabilidad, lo importante es conseguir que los niños tengan autonomía no dependencia».

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