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Charles Fletcher Lummis

Charles Fletcher Lummis

El historiador estadounidense que defendió a España: «No hemos hecho justicia a los exploradores españoles»

Su propósito con la obra Los exploradores españoles del siglo XVI no era idealizar a España, sino recordar —como él mismo insistía— que la historia debía juzgarse con justicia

«Porque creo que todo joven anglosajón ama la justicia y admira el heroísmo como yo, me he dedicado a escribir este libro. La razón de que no hayamos hecho justicia a los exploradores españoles es, sencillamente, porque hemos sido mal informados», escribía el historiador y periodista estadounidense Charles Fletcher Lummis en el prefacio de Los exploradores españoles del siglo XVI.

Lummis fue uno de los grandes defensores del legado español en el suroeste de Estados Unidos y un firme crítico de los prejuicios anglosajones sobre la historia de América. Su trabajo se caracterizó por la experiencia directa: recorrió durante años Nuevo México y otras regiones del suroeste, donde convivió con los indios pueblo, estudió sus costumbres y aprendió su lengua.

Algunas de las imágenes de los indios pueblo que sacó Charles F. Lummis durante su estancia en Nuevo México

Algunas de las imágenes de los indios pueblo que sacó Charles F. Lummis durante su estancia en Nuevo MéxicoColección de la Biblioteca de Investigación Braun

Aquella convivencia le permitió descubrir una realidad muy distinta a la imagen difundida por la historiografía anglosajona de su tiempo. Los indios pueblo que conoció le parecieron hospitalarios, educados y organizados en comunidades estables, con casas de adobe, iglesias y tradiciones que —comprendió— eran fruto de siglos de presencia española y de la labor de los misioneros franciscanos en el suroeste, entre ellos figuras como fray Junípero Serra, a quien tanto admiraba.

De aquella etapa surgieron varias obras dedicadas al suroeste norteamericano, como New Mexico David (1891), Some Strange Corners of Our Country (1892), The Land of Poco Tiempo (1893) y, sobre todo, The Spanish Pioneers (1893), traducido al español como Los exploradores españoles del siglo XVI.

Con este último libro quiso reivindicar el papel de España en la exploración y civilización del continente americano, una historia que –a su juicio– la historiografía anglosajona había contado de forma incompleta. Así lo resumía en uno de los pasajes más citados de su obra:

«El honor de dar América al mundo pertenece a España; el mérito no solo del descubrimiento, sino de siglos de una actividad pionera como ninguna otra nación jamás ha tenido parangón en tierra alguna. Es una historia fascinante, pero a la que nuestras historias hasta ahora han hecho escasa justicia».

Para Lummis, la expansión española no fue solo una empresa militar, sino también el origen de las primeras instituciones culturales y educativas del continente. «Los españoles no solo fueron los primeros conquistadores del Nuevo Mundo, sino también sus primeros civilizadores».

Vista de la Plaza Mayor de la Ciudad de México y el palacio del virrey, de Cristóbal de Villalpando , 1695

Vista de la Plaza Mayor de la Ciudad de México y el palacio del virrey, de Cristóbal de Villalpando , 1695

A partir de ahí enumera lo que considera las principales huellas de aquella presencia. «Construyeron las primeras ciudades, abrieron las primeras iglesias, escuelas y universidades; trajeron las primeras imprentas, escribieron los primeros libros; escribieron los primeros diccionarios, historias y geografías, y trajeron a los primeros misioneros». Y, con cierto asombro, subraya un hecho que considera revelador: los españoles hicieron todo esto «antes de que Nueva Inglaterra tuviera un periódico de verdad».

El autor va aún más lejos y presenta aquel proceso histórico como un punto de inflexión en la historia de la humanidad, que abrió nuevas posibilidades sociales y políticas en el mundo atlántico. En sus palabras, la expansión española en el Nuevo Mundo fue «la primera semilla de naciones libres»: «Cuando España descubrió repentinamente la nueva tierra allende los mares, provocó un despertar de la humanidad como nunca antes se había visto ni se ha visto desde entonces», comienza advirtiendo.

Para el hispanista, la labor española en América «fue, sin duda, el mayor inicio de la libertad humana, la primera apertura de la puerta a la igualdad, la primera semilla de naciones libres como la nuestra. El Viejo Mundo era el territorio de los ricos y favorecidos; pero América ya era lo que hoy se enorgullece de ser: la oportunidad de los pobres». Y vuelve a destacar otro hecho que, a su parecer, resulta revelador: «casi todos los que hicieron grandes nombres en América no fueron de aquellos que llegaron a la grandeza, sino de los hombres desconocidos que se ganaron aquí la admiración de un mundo que nunca antes había oído hablar de ellos».

El historiador estadounidense también destaca lo que considera uno de los rasgos más llamativos de esa expansión: la legislación y las instituciones destinadas a los pueblos indígenas. Frente a la imagen de crueldad que, según él, difundieron muchas historias anglosajonas, Lummis defendía que la realidad fue distinta.

«Una de las cosas maravillosas de esta actividad pionera española –casi tan notable como la propia actividad pionera– fue el espíritu humano y progresista que la caracterizó de principio a fin. Historias tan extendidas hablaban de esa nación heroica como cruel con los indígenas; pero, en realidad, el historial de España en ese respeto nos avergüenza».

A continuación compara la legislación española con la del mundo anglosajón y sostiene que fue más extensa y sistemática: «La legislación de España en favor de los indígenas de todo el mundo era incomparablemente más extensa, más exhaustiva, más sistemática y más humana que la de Gran Bretaña, las colonias y los actuales Estados Unidos juntos».

El periodista e historiador estadounidense subraya además el esfuerzo educativo y cultural que, a su juicio, acompañó a la expansión española: «Aquellos pioneros maestros impartieron la lengua española y la fe cristiana a mil aborígenes, mientras nosotros dimos nueva lengua y religión a uno solo. Ha habido escuelas de español para indígenas en América desde 1524».

Y recuerda también el desarrollo cultural temprano de la América española: «Para 1575 – casi un siglo antes de que existiera la imprenta en la América inglesa– se habían impreso en la ciudad de México muchos libros en doce lenguas indígenas diferentes, mientras que en nuestra historia la Biblia indígena de John Eliot es la única; y tres universidades españolas en América estaban a punto de cumplir su siglo cuando se fundó Harvard».

Primer diccionario de la lengua náhuatl y de la lengua española que se imprimió en toda América

Primer diccionario de la lengua náhuatl y de la lengua española que se imprimió en toda América

El hispanista concluye esta reflexión destacando el perfil intelectual de muchos de aquellos pioneros: «Una proporción sorprendente grande de los pioneros de América eran universitarios; y la inteligencia fue de la mano del heroísmo en los primeros asentamientos del Nuevo Mundo».

Más de un siglo después, las palabras de Lummis siguen resultando llamativas por proceder de un historiador estadounidense que escribió en pleno auge de la historiografía anglosajona. Su propósito no era idealizar a España, sino recordar —como él mismo insistía— que la historia debía juzgarse con justicia.

Por eso concluía el prefacio a su obra con una reflexión que resume el espíritu de todo el libro: «Amamos el valor humano y el heroísmo dondequiera que se encuentren; y el pionerismo español en América fue la hazaña más grande, prolongada y maravillosa de la humanidad en toda la historia».

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